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Hooverphonic Arena. 8 de octubre
Y no es que esta gente no tenga virtudes. Sus canciones gozan de un enorme encanto y el cuidado de los arreglos es de los que hace que cada una de sus piezas sea casi una sinfonía. Sus interpretaciones trasladan intensidad, pero, en directo, esa intensidad lleva acompañada una temperatura polar que no consigue calentar el ambiente hasta muy entrado el concierto. Hooverphonic ha grabado, hasta el momento, tres discos y lo que ofrecen en directo es un compendio de los tres dando mayor relevancia a su último "The magnificient tree". De él llegan a interpretar hasta nueve temas intercalando, como quien no quiere la cosa, algunos recuerdos a su "Blue wonder power mil" ("Battersea", "One way ride" o "Eden") y a su primer "New stereophonic sound spectacular" (el exitoso "2 Wicky" o "Sarangi" o el "Inhaler" que conformó el último bis). Ello genera cierto contacto con el público habida cuenta que su más reciente trabajo ha tenido muy buena acogida en España y varias de sus canciones han encontrado una sorprendente popularidad gracias a su inclusión en anuncios de televisión, pero la verdad es que, si salvamos estas piezas, al personal le cuesta obtener algún tipo de emoción entre una voz que se sube a las nubes y un continuo uso de efectos programados. Todos los miembros de Hooverphonic parecen, encima de las tablas, músicos de orquesta sinfónica sin ningún recurso escénico que mostrar. Unicamente llegan, enchufan y tocan, dejando toda su capacidad de impacto a la pura literalidad de sus canciones, algo que, como queda dicho, es casi una utopía en una sala tan impersonal como Arena y en un show que no ofrece ningún tipo de recurso. Mucho mejor en disco, por tanto. Las canciones siguen estando ahí, suenan mejor y, por lo menos, no cansas tu retina viendo la misma imagen con tonos rojos o azules durante todo el tiempo. E.P.
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