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Fear Factory La Riviera, 10 de abril de 2001 Puede parecer ilógico que una banda que se ha tirado tanto tiempo para componer su último trabajo desde su magna pieza "Obsolete" y que desea que el público lo acoja bien se presente en gira sin tener publicado su nuevo álbum, aunque no es la primera vez que esto ocurre. Por suerte, a la hora de tener que escribir estas líneas, pude ponerme en la piel de los numerosos fans que pasaron por La Riviera y así observar cómo eran acogidos sus temas nuevos. De cara a escena, los pasos previos a la puntualidad de Fear Factory lo dieron los grupos invitados Earthone 9 y One Minute Silence, de menor interés para los seguidores de la tecnológica y curtida banda del guitarrista Dino Cazares, el cantante Burton C. Bell, el batería Raimond Herrera y el bajista Christian Olde Wolbers. Cordial y divertida fue la presentación que hizo Burton en perfecto castellano antes de que estallara la máquina con un intuitivo golpe de choque que enseguida dio paso a un frenético y trepidante "Demanofactured". Dino puso la guasa ante el micrófono presentando "Self bigs" con las palabras "viva España, viva México, viva la revolución", pero a la hora de poner en el banco de pruebas temas nuevos de su esperado "Digi-Mortal", como lo fueron el propio título del álbum y "Linchpin", la reacción del público fue algo fría. Presentaron un claro corte vanguardista y futurista que supieron alternar entre una agresividad de sonido denso, por fortuna subsanado por sus técnicos tras los primeros cortes, y una imperante línea melódica que varía el chip de la banda con la habilidad que les ha dado sus diez años de carrera. En momentos puntales metieron los efectos digitales que tanto representan en sus trabajos. Yo, particularmente, me quedo con los Fear Factory que he tenido ocasión de ver en clubs más pequeños, donde parece que se entregan más al público, que en un recinto grande a medio llenar. El atronador sonido de batería de Raimond fue acompañado durante todo el show por unos combinados haces de luz blanca que le enfocaban como si fuera el protagonista de un solo baqueteo de ésos que hacen las bandas de heavy metal. Sin duda Raimond impresiona, como lo hizo al sonar "Shock", "Resurrection y "Replica", corte con el que pusieron fin a un espectáculo que ni tuvo bises ni duró más allá de la ajustada hora que traían preparada. Quizás le faltó algo de chispa a la noche, aunque esperamos su retorno con un set más actualizado donde la profundidad de sus nuevos temas no pasen inadvertidos. Raúl García
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