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David Byrne La Riviera. 10 de junio de 2001
En esta ocasión, el espectáculo que presentó fue mucho más sobrio, tanto que hasta empezó cantando en solitario con su guitarra y algunos temas después daría entrada a un sexteto de cuerda. Su banda básica, aparte los violines, no tenía más que bajo, batería y percusión amén de unos samplers grabados que fueron disparados en los momentos adecuados. Al salir anunció "temas nuevos, viejos y, quizás, sorpresas". No sé exactamente a qué se referiría con lo de las sorpresas, pero, cuanto menos, sí dio un repaso ligerito y ocurrente sobre los temas antiguos que han ido conformando su carrera. De lo nuevo se hizo nada menos que siete temas de su reciente "Look into the eyeball", disco casi recién aparecido y que, en esos momentos, resultaba casi totalmente desconocido para la mayoría del público. De lo antiguo se remontó hasta los días de Talking Heads para marcarse nada más empezar un "Nothing (but flowers)" que el respetable aceptó encantado, algo que ser repetiría más adelante con "And she was", "Once in a lifetime" o "Sax & violins", pieza que, como puede suponerse, ya atacó con el sexteto de cuerda. Entre medias (entre los Talking y "Look into the eyeball") no hubo grandes resultados por cuanto tampoco hay obras tremendamente destacables en la discografía de este hombre. De su "Rey Momo", por ejemplo, no recuperó más que un par de temas ("Marching through the wilderness" y "Dream police"), y eso que hablamos de su álbum más aplaudido y el que ayudó a conformar la imagen cosmopolita que hoy en día ya tiene asentada Byrne. Del resto se podría citar el "God's child" (con una larguísima presentación hablada) que grabó para el score de "Blue in the face", el "A soft seduction" del "Feelings" del 97 o ese "Dura Europus" que nos plantaba a principios de los noventa. Dado que mi cuerpo seguía presionando para desaparecer e ir a coger la cama inmediatamente (cuando la fiebre se pone pesada...) decidí hacerle caso quedándome con las ganas de confirmar si, como estaba anunciado, Byrne tocaría para cerrar el "Si fulano" que se marcó con Peret en el álbum de reaparición del catalán. Quizás aquello hubiera puesto un poco de marchilla al concierto, ya que lo que tuve oportunidad de ver me dio la impresión de ser una pública espera continuada a la caza de otro nuevo tema de Talking Heads. La gente recogió mejor esas canciones que las del reciente disco, si bien, a nivel de sonido y concepto, el concierto no tuvo pegas. Discreto a nivel escénico (casi mejor), con un trabajo sonoro muy cálido (que no caliente) y con un Byrne haciendo esfuerzos por agradar, hablando en castellano y explicando sus canciones haya donde él lo creyera necesario. E.P.
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