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Corey Harris

Clamores. 20 de marzo de 2001

El blues se puede leer de muchas maneras. Y escribirlo, de muchas más aún. Por eso nunca conviene ir a un concierto de este estilo pensando que siempre vas a ver al negrito de turno haciendo piezas de Muddy Waters o John Lee Hooker. Corey Harris se ha caracterizado durante toda su carrera por salirse del tiesto continuamente y, cuando la mayoría de sus compañeros veían que el futuro del género estaba en la fusión, él, junto con Keb' Mo' y otros tres o cuatro más, dirigió su mirada directamente al pasado para colocar sus piezas dentro de la más amplia tradición rural. Eso le consiguió abundante repercusión y un cierto nombre a la hora de hablar de "renovadores" aun cuando esa renovación comenzara, precisamente, por una mirada hacia atrás.

El caso es que, cuando se presentó en Madrid junto a su banda 5X5, no fue eso lo que nos encontramos. O mejor dicho, no fue lo que "mayoritariamente" nos encontramos. Corey sí dejó en el escenario de Clamores su gusto por lo clásico, su uso sencillo y efectivo de la guitarra y su pasión por el sonido puro, pero, con las mismas, presentó material de su más reciente "Vu-Du Menz" que cambia totalmente el tercio de su discurso.

Es lo que el llama "reggae blues", fusión que, aunque no es nueva, pocas veces se había presentado en un formato tan acústico. Para escuchar ritmos jamaicanos y esencias de blues fundidas en piezas encantadoras ahí están los discos de Joe Louis Walker, pero, para quien aprecie más lo sentimental y lo sutil, parece que la propuesta de Harris puede ser la más certera.

A mí, particularmente, no me entusiasmó. Le noté falto de punch, no me pareció que conectara con facilidad y, en ocasiones, hasta me pareció que aquello derivaba en cuestiones muy poco estéticas. Eran los momentos flojos del concierto que desaparecían en cuanto la banda se acercaba más al blues de escuela típica. Lo que ahora hace disfrutar a Corey no es tanto lo aprendido en los campos de algodón como lo sacado de los campos de marihuana, y ello, unido al aspecto de rasta que siempre ha lucido, hace de su puesta en directo algo poco parecido a lo que uno, en principio, se podía esperar.

Mucha música fronteriza, tanto de tierra como de mar, y mucha tradición que no tenía por qué ser necesariamente negra es lo que llena los nuevos temas de Harris.

Habrá que considerarlo como una transición en la que, espero, no se quede.

E.P.

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