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Chucho + Enemigos

La Riviera. 5 de octubre

Había ganas (muchas) por ver cómo defendía en directo Chucho el material de su último álbum, "Los diarios del petróleo". Pero, por qué ocultarlo, parece que el día elegido, para quienes creen en la astrología, no indicaba la conjunción adecuada por parte de las estrellas y planetas. Chucho se presentaba en Madrid dentro de un festival en el que otros dos grupos tocaron prácticamente para sus amigos y en el que los cabezas de cartel resultaban ser Los Enemigos. Somos muchos quienes pensamos que Chucho debería haber presentado su material reciente en un ambiente más propicio que le permitiera tocar en solitario, sin tantos compañeros de escenario. Después de lo que salió la idea se acrecentó enormemente.

El sonido que exhibió La Riviera el pasado día 5 fue algo peor que deplorable. De hecho, fue el más adecuado para que quien no conociera la sala se hiciera una idea fatalista de la misma. No es que sonara mal; ni siquiera sonó peor que cualquier otro día. El resultado fue tan nefasto que no recuerdo, en mucho tiempo, una sonorización tan mala en ninguno de los conciertos a los que he asistido. Eso, como puede preverse, afectó tanto al público como a los músicos.

Supongo que el estar todo el rato más pendiente de escucharte que de tocar es algo que debe de influir en cómo un artista pone sus canciones en directo. Si, además, esas canciones están llenas de efectos, la sala está medio vacía y no consigues escuchar absolutamente nada de aquello que, en teoría, estás tocando, la labor se convierte en poco menos que un viaje a ninguna parte. Chucho pagó factura por ello y la primera parte de su actuación se convirtió en un amasijo sonoro en el que no se sabía si la sorpresa mayor venía por parte de su público o por parte de sus músicos.

Las últimas canciones de Chucho están llenas de vitalidad y, sobre todo, de arreglos que, en directo, son sampleadas o interpretadas por teclados con efectos programados. Sin embargo, tratar de obtener eso en su actuación del día 5 era una verdadera entelequia: todo lo que salía de los altavoces era una bola con todos los niveles saturados y cada efecto disparado se convertía en una tortura que tapaba por completo lo que, en teoría, era la melodía de la canción. Con ésas, lo único que quedaba era entrever (que no entreescuchar) las partes más pegadizas de su material tratando de asimilarlas con aquellas canciones que conocías y que, previamente, habías podido disfrutar en su álbum.

No puede negarse que la cosa mejoró según fue avanzando el concierto, pero, con todo, el resultado fue tan pésimo que resultaría injusto hacer una valoración de lo obtenido.

Con Los Enemigos la cosa tampoco cambió mucho. Daba la impresión de que lo que salía de las torres acompañaba más el sonido ratonero y esencialmente guitarrero de los madrileños, pero, aun así, sus temas parecían caricaturas de los originales. Atacar sus primeras canciones con Josele a la guitarra acústica permitió hacerse ideas esperanzadoras que, en cuanto se pusieron en línea las dos eléctricas, desaparecieron por completo. El público puso de su parte todo lo que se le podía pedir, tarareando aquello que entendía y haciendo lo imposible por disfrutar aprovechando el momento mágico por el que Los Enemigos están pasando en el último año. Con todo, comparar esta actuación con cualquiera de las muchas que han realizado en Madrid en estos últimos meses era como comparar a Dios con un gitano (es un refrán).

Buscando algo positivo que contar del concierto, lo único que se me ocurre es el comprobar que el buen ritmo de Josele y los suyos no baja, si bien, a decir verdad, tampoco me parece suficiente teniendo en cuenta que la capital ha albergado en poco tiempo muchos conciertos "enemigos" y que, para este viaje, no hacía falta tanta alforja (otro refrán). La experiencia resultó francamente negativa, así que... esperemos que no se repita por mucho, mucho tiempo. Ni los grupos que subieron al escenario suenan tan sumamente mal ni la sala (lo ha demostrado muchas veces) tiene tantos defectos acústicos como este día aparentó.

E.P.

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