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La Cabra Mecánica Aqualung. 23 de octubre de 2001 En la sala la prueba de sonido está retrasándose más de lo debido. La sección de vientos, venida para la ocasión desde Cataluña, da algún problemilla, ya que el saxo tenor va por su cuenta. El de "Cadena 100" no para de pegar posters por los rincones del recinto y la guapa (que sin sonrisa no lo parece tanto) del "Madrid Directo" ya tiene todo listo para hacer las preguntas de rigor al cantante de más éxito. Sí, señor y señora: La Cabra Mecánica parece que despega tras dos intentonas ("Cuando me suenan las tripas" y "Cabrón") que se disolvieron en Dios sabe qué gas del olvido. Este, el de la vencida, parece que no está fallando y, si todo va, "Vestidos de domingo" se lanza al colchón de las cincuenta mil copias. ¿Llegarán? A juzgar por la expectación, van por el buen camino. La sala estaba a reventar, todo agotado, y, en camerinos, los nervios campaban a sus anchas entre los vasos que se llenaban con el whisky que la compañía, o vete tú a saber quién, habían proporcionado al Lichis. La cosa empieza con el "Todo a cien"; las guitarras eléctricas que dispara Julianín Kanevsky son hirientes cuando apetece y detallistas cuando se exige. Adán Carreras no para de aporrear desde su acústica marcando la rumbita. Lichis campa a sus anchas por debajo del sombrero que le hace sudar. Se cree lo que canta y se cree lo de estar encima del escenario sin más histrionismos que los naturales. El Padre Perico sonríe desde detrás del bajo; va de negro pero sin el alzacuellos: ¿lo habrán excomulgado?. El concierto va haciendo bailar a la gente que se conoce el último disco al dedillo, esperando temas como "Felicidad", "Calcomanía" o "Sálala". Lichis, aun así, deja caer sus viejos favoritos recuperados de los años en los que no vendía... para que aprendan. En el lugar de Carlos Hidalgo, el batería de toda la vida en la Cabra, está "El Niño", José Bruno, veterano músico mercenario. En un momento dado es Ramiroquai, de Alcohol Jazz, quien, armado de un cajón flamenco, salta a la palestra y acompaña a la Cabra en su numerito. Fernando Polaino, becario en la Cabra, acompaña con sus coros y la guitarra. El público está sudando lo suyo cuando suenan los primeros acordes de "La lista de la compra". Nadie (yo sí, porque la he visto en camerinos y sé que ha cambiado los planes de Lichis para su salida en escena) sabe que ELLA está en la sala, aunque algún avispadillo ha visto a Pepe Sancho en la barra del fondo. María Jiménez enseña, al más puro estilo fatal, su brazo enfundado en satén rojo desde un extremo del escenario. Es su parte: sale, agarra a Lichis, no oye monitores, no está segura... y el público aplaude a la osada dama que, aun sin meter bien ninguna de las estrofas, derrocha cariño (se besa con un joven que la jalea desde primera fila), sonrisa y descaro. Es lo que se esperaba: Lichis, aunque sin percatarse bien del tornado que la ha rozado, da las gracias, la agarra en brazos y se la lleva a las bambalinas. Aplausos y fin de un concierto muy esperado por el nuevo publico de la Cabra, muy esperado por el grupo y que yo espero que se repita más a menudo para bailar y para pensar. Kike Buitre
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