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Burning Revólver. 10 de marzo de 2001 Todo el mundo tiene su corazoncito y, de vez en cuando, sufre reveses de importancia. Lo que diferencia a unas personas de otras, y que habla bastante de su validez, es que unos son capaces de superar esos reveses mientras que otros dedican el resto de su vida a llorarlos. En el caso de Burning, es evidente que la marcha indeseada de Pepe Risi fue uno de esos puñetazos destinados a destrozar al grupo y que solamente el tiempo y la capacidad de los miembros de la banda podían colaborar para que la triste experiencia no terminara con el nombre de una de las formaciones más emblemáticas que ha tenido Madrid. Volver a verlos en directo, después de una temporada irregular, ha supuesto una enorme alegría por cuanto, además, han dejado claro encima de un escenario que la situación está ya superada y que, aunque historias como ésta marcan para siempre, la mejor manera de hacer que no te afecte más de lo debido es volver a construir canciones y volver a defenderlas en directo. Quizás alguien pensaba que el concierto de Burning en Revólver iba a ser solamente una reunión de amigos alrededor de canciones nostálgicas. Se equivocó. El grupo está liado en la elaboración de un nuevo álbum cuyo lanzamiento está previsto para después del verano y no perdió oportunidad para presentar algunas de las canciones que llevará dentro. Al mismo tiempo, tiraron de su excelente repertorio mostrando unos arreglos renovados que hacen de las piezas antiguas una nueva experiencia. Ya parece asegurada la presencia fija en la formación de Jaime Asúa ejerciendo de guitarrista de apoyo y, en lo referente al resto, habría que señalar que sus papeles se han reestructurado: todos cogen su parte de protagonismo y las nuevas canciones parecen haber surgido de un trabajo conjunto en el que cada cosa está realmente currada. Puede que aún necesiten arreglar flequillos aquí y allá, pero, básicamente, lo escuchado hace pensar que el grupo mantendrá su línea de estilo aderezando sus nuevas piezas con un sonido renovado. Por otro lado, las actuales versiones de "Miéntelas" o de "Johnny el seco" hacen hincapié en un trabajo musical más elaborado y en una mayor profundidad allá donde pueda darse. La guitarra de Eduardo Pinilla se sirve, en estas ocasiones, tanto de su talento técnico como de su capacidad de adaptación y eso permite al grupo abordar las piezas clásicas desde otras ópticas para renovarlas y lucirlas de modo diferente. "Como un huracán", por ejemplo, suena ahora con una excelencia de cuidado y se ve envuelta dentro de esa misma dinámica ganando numerosos enteros. Aplicar temas nuevos al repertorio ha supuesto también que la banda tenga que volver a elegir, hacer una limpia y quedarse con lo mejor de lo mejor. Entre los criterios elegidos para conformar el actual set list parecen dominar el quedarse con piezas de la última formación, el no dejar a la gente con un sabor de boca agridulce y el mostrar, de raíz, que estamos ante una nueva etapa. Así, no se duda en recuperar alguna canción que estaba en el baúl de los recuerdos, se dan de baja varios medios tiempos y se hace hincapié en las piezas que mejor cuadran dentro de las nuevas pretensiones del grupo. El resultado es excelente y quedó palpable en la cara de satisfacción que el público, que abarrotó el local, exhibía tras el concierto. Hubo algunos que esperaron al tradicional "Johnny B. Good" que solía cerrar, hasta ahora, los conciertos de Burning, pero lo hicieron en vano. Aquellos tiempos ya pasaron y lo que viene ahora puede ser hasta mejor. Como nota anecdótica dentro del concierto puede citarse la aparición de Ramoncín, quien subió al escenario para compartir una pieza con sus compañeros de generación. E.P.
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