Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Backyard Babies

Arena. 17 de octubre

Hacer fácil lo difícil es una virtud; hacer difícil lo fácil... una complicación. No sé si será un proverbio chino, pero es una virtud como un templo. Y, dentro de la música rock, también. En multitud de ocasiones, una canción se enriquece cuanto más la cuidas y más la arreglas, pero, si no sabes darla vida, no tienes nada. Otras veces, una canción es tan simple que, con tocarla bien, la bordas. Lo de Backyard Babies es así: no tiene caso andarse con aderezos y zarandajas; basta con poner, al interpretar las canciones, lo que hay que poner.

Son, realmente, una apisonadora andante, un misil entre ceja y ceja. Y su único misterio es saber subirse a un escenario para vaciarse dentro de él. No tienen más armas que un puñado de canciones de corte clásico metidas en un saco de sudor, pero, tal y como las atacan, es muy difícil resistirse a su embrujo.

En Madrid (echábamos cuentas) han tocado ya ocho veces y, en cada una de ellas, se les ha visto mejor. Cuando aparecieron por El Sol hace unos años eran unos "chicos malos" cubiertos de actitud y con una quinta velocidad que les convertía en encantadores. Hoy, sin embargo, son pura dinamita empaquetada estallando continuamente dentro de un barril. Verles en directo es entrar en una montaña rusa que siempre va cuesta abajo.

Puede que aún no tengan repertorio suficiente como para llenar un concierto de clásicos, pero, probablemente, una de las virtudes de esta banda es que no marca altibajos en sus conciertos con picos demasiado exagerados. Les basta enchufar los Marshall para entrar en una espiral que envuelve todo aquello que toca y que exhibe siempre un tono excelente. Si a ello le añades que lo muestran como si fueran búfalos en época de celo tienes sobre las tablas a una banda que difícilmente decepciona: puro rock'n'roll inyectado en vena.

El paseo por su repertorio no abundó, además, en temas menores. De su "Making enemies is good" apartaron lo sucedáneo y dejaron lo más válido tratándolo con la misma dureza con la que tratarían a su peor enemigo. De "Total 13" rememoraron lo mejor contando con la ayuda del público. En conjunto, todo tuvo un equilibrio que no exigía de funambulistas y que llegaba al público con la misma inmediatez que un flash luminoso. Era renunciar a una mínima tregua y aprovechar cada watio para dotarlo de una aridez demoledora.

Dos guitarras desenfrenadas, un bajo demoledor y una batería capaz de emular a Africa es todo lo que se necesita para elevar la temperatura de mil personas dos grados por encima de lo aconsejable. Los Backyard lo tienen. Y lo saben usar.

E.P.

Arriba

Indice