Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Aerobitch

Gruta 77. 8 de junio de 2001

Son de esas noticias que a la mayoría de la gente la dejan indiferente pero que, a la larga, probablemente tengan su huequito dentro de la historia de la música. Cuanto menos, dentro de la historia de la música madrileña.

En esta ciudad, aunque a veces lo parezca, no todo es pop, rock, jazz o blues. Hay ocasiones en las que la actividad de unos músicos trasciende etiquetas más por sus logros personales que por lo que sus canciones hayan dejado para el tiempo. Aerobitch es una de esas bandas. O lo era. El pasado día 8 se despedían de los escenarios decididos por completo a dar fin a esta historia de media década. El caso es (ahí viene lo importante) que sería injusto decir que simplemente se nos va un grupo, ya que Aerobitch es de esas formaciones que ha sabido animar el panorama musical con una actividad denodada, mucho más importante que su aparición o desaparición.

Hasta el punk te puedes acercar como aficionado, como militante o como creyente religioso. Los miembros de Aerobitch pertenecen al último grupo y, como tales, nunca se han conformado con lo que hace la mayoría de las bandas que se decantan por uno u otro género a la hora de tocar. Ellos han creado un sello discográfico con ediciones habituales y no se han cortado a la hora de tirarse a la carretera para cambiar los diminutos garitos en los que tocan en España por diminutos garitos de los más pintorescos países de Europa. Su religión les obliga a "trabajar" para el punk, no a vivir de él; les demanda, en sus mandamientos, que entren en contacto y convivan con todo aquél que, como ellos, ha abrazado tal religión. Lo mal del asunto es que tanta actividad religiosa ha traído consigo que las cosas empezaran a ser importantes, que los logros obtenidos requieran ya de una atención constante y que, necesariamente, se tenga que optar por hacer una cosa y otra en un tiempo en que los días sólo disponen de veinticuatro horas. Laura, la vocalista de Aerobitch, ya no podía atender al grupo a plena dedicación, por lo que, cumpliendo con el mandamiento número dos de su religión (el uno es, por supuesto, "amarás al punk sobre todas las cosas"), ha decidido dejarlo y continuar con el resto de las actividades que el grupo inició paralelamente a su trabajo de directo. Sus cuatro compañeros seguirán, pero no lo harán, en principio, bajo el nombre de Aerobitch. Aerobitch no debería existir sin Laura.

En su concierto de despedida se mascó la tristeza, se diluyó discretamente la emoción que supone para este quinteto subirse a un escenario con luces y sonido. Daba la impresión de que, con cada canción, ellos eran más conscientes de nadie (las reapariciones nos han malacostumbrado) de que su vida, la de la banda, se acababa. Y eso supuso una lenta agonía de una hora en la que sobre las tablas se demandaba en silencio una colaboración de un público que, aunque existió, nunca pareció suficiente desde arriba.

Aerobitch son (eran) un uno fijo en la quiniela cuando ibas a verlos en directo. Siempre traspasaban las paredes con ese dúo de guitarras encendidas que no entendían demasiado bien eso de los frenazos. La voz de Laura peleaba con cada texto para hacerse entender mientras que, tras de sus gafas negras, la mirada estaba puesta en la personal idea de lo que es una "punk star". La base rítmica siempre parecía formar parte del local con esos esquemas básicos y espídicos que han caracterizado la música del grupo. El día 8, sin embargo, aunque todo eso existió, el ambiente iluminado por los focos también mostraba que los pensamientos no estaban sólo dentro del rock'n'roll. Se respiraba ese adiós que se alarga como cuando se va el tren y eso convirtió el bolo en uno totalmente diferente a lo que Aerobitch ha mostrado en sus seis años de existencia.

Una lagrimita y el deseo ferviente de que a cada uno le vaya bien en lo que elija. Sobre todo, que sigan tan activos como se han mostrado hasta hoy.

E.P.

Arriba

Indice