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William Orbit adapta a clásicos en su reciente "Pieces in a modern style" Entre mezcla y remezcla, Beethoven El "Ray of light" de Madonna hizo que su nombre saltara a la popularidad, aunque su actividad se remonte a los primeros ochenta y su nivel como productor y remezclador esté fuera de toda duda. Cuando graba con su nombre, sin embargo, se mete en terrenos más experimentales. En este caso, en versionear a autores que desarrollaron su carrera dentro de la música sinfónica. Su cara es inconfundible. Da lo mismo que apenas haya dormido por la noche por culpa de un tejemaneje de muebles cercano a la habitación que ocupa en este hotel de lujo. Su rostro de enfermizo, con los rasgos marcados y los ojos saltones, es, irremediablemente, mucho más identificativo de este hombre que la foto que ocupa la portada de su reciente "Pieces in a modern style". Sus manos son esqueléticas y consigue hacerse un lío mientras le traducen simultáneamente. Es curioso ver cómo gente acostumbrada a trabajar con los mil botones que se requieren para grabar un disco sin tocar un instrumento apenas es capaz de entenderse a sí misma cuando hay otra persona hablando al mismo tiempo. Viéndole así, con sus gafas en la mano y con un jersey que bien pudiera haber salido de cualquier tienda de segunda mano, nadie podría decir que estamos ante uno de los personajes más relevantes de la escena musical actual. No es solamente por el hecho de haber ganado un Grammy hace unos días a medias con Madonna por la grabación de "Beautiful stranger"; ni por el hecho de haber escrito y producido el "Pure shoes" que ha hecho que All Saints boten del primer puesto de los charts británicos a Oasis; ni siquiera por ser el productor de la versión de "American pie" que la misma Madonna ha grabado para la banda sonora de "The next best thing" y que también se ha encaramado a los más altos puestos en todas las listas del mundo. No. Lo cierto es que no hay un motivo concreto para señalar a Orbit como un personaje sobresaliente. Su último logro, curioso por demás, ha sido alzar el "Adagio para cuerdas" de Samuel Barber a un puesto de honor en las noches de los clubs ingleses. Lo llamativo del hecho es que Barber es un músico neorromántico nacido en 1910 y que la obra en cuestión se publicó por primera vez en 1936. El "Adagio" es una de las once piezas que forman "Pieces on a modern style", uno de los dos discos que Orbit ha grabado a su nombre desde que empezara su carrera musical allá por 1983. El resto de su producción ha llegado escondido en otras formaciones y, sobre todo, con la popularidad de otros músicos. "Pieces" tuvo una primera versión en 1995. "Sí; es el mismo disco, pero con más temas. Cuando lo hice surgieron una serie de problemas legales por usar una pieza de Arvo Part y quedó apartado. Mientras tanto, he ido incorporando cosas nuevas aprovechando que el álbum estaba durmiendo. Lo que grabé en el 95 gustó mucho. Ya sabes que los amigos siempre dicen cosas agradables de tu obra, pero, en este caso, era algo más grande. Fue una respuesta muy amplia, sobre todo la que me llegaba por medio de Internet". Los comentarios surgen de un hombre que no se deja impresionar mucho por los piropos. No obstante, ha trabajado con Sting, Human League, Prince, Malcolm McLaren, Erasure, Oleta Adams, The Cure, Seal, Kraftwerk, Peter Gabriel, Sven Vath, Depeche Mode, Blur o la ya citada Madonna aun cuando estos artistas son solamente la punta del iceberg de la carrera de Orbit. "Es la faceta que me ha hecho más popular, sin duda. Trabajar con Madonna, por ejemplo, que es un icono superconocido, ha sido muy bueno para mí. Esos discos le llegan más a la gente aunque, artísticamente, yo esté tan satisfecho con ellos como con el resto de lo que hago. Si tuviera que hacer un disco de sesenta minutos que me dibujara metería la mitad de 'Ray of light' y la mitad de 'Pieces'. Entiendo que la gente me pregunte por Madonna; probablemente, vuestra siguiente pregunta será sobre ella". No lo es dado que los hechos hablan por sí mismos. Sólo hay que nombrar los hits "Justify my love", "Erotica" o "I'll remember", temas que, en sus correspondientes remezclas, colaboraron a que Madonna se convirtiera en el personaje que es. La diva volvió a contar con Orbit cuando quiso volver a la escena en 1998 con su "Ray of light". El éxito del álbum, que actualizaba considerablemente el personaje de la estrella, consolidó aún más si cabe el papel que este inglés de cuarenta y tres años es capaz de realizar cuando se sienta ante una mesa de control. El concepto de "Pieces..." no es tan extraño dentro de la personalidad de William Wainwright, más conocido como William Orbit en el mundo musical. Cuando a alguien le dicen que un músico surgido de la electrónica se ha dado el capricho de realizar un álbum con versiones de clásicos, en la mente de todo el mundo aparecen los Bach, Beethoven, Mozart o Rodrigo, cuyas obras han traspasado los anales del tiempo. Del mismo modo, lo primero que surge es pensar en nuevas adaptaciones techno dance en las que las melodías de esta gente adquieren una versión más populachera y facilona. Orbit no tiene una personalidad como para hacer eso. De los citados, solamente se ha quedado con Beethoven y no con una pieza habitual (como pudiera ser la "Sinfonía nº 5", la "Pastoral" o el "Para Elisa"), sino con el triple concierto que el alemán escribió para violín, piano y chelo y con su "Opus 132" (un sencillo cuarteto de cuerda). El resto de las adaptaciones que ha realizado se han centrado en piezas muy escogidas de John Cage, Erik Satie, Maurice Ravel, Pietro Mascagni, Vivaldi, Haendel y su adorado Górecki. "La clave del disco es la elección del repertorio, no las consideraciones de estilo. Quería evitar resonancias que han sido utilizadas hasta la saciedad y que se han vuelto demasiado familiares a base de ser usadas y re-usadas. Lo que a mí me atrae de cualquier tipo de música es la fuerza de las melodías que son capaces de superar la prueba del tiempo y que permiten ser interpretadas". En este caso concreto, Orbit no quería poner a la gente a bailar, sino "crear un estado de reflexión, que la gente no se quedara tanto en la forma como en el contenido. No es difícil asimilar estas piezas a la música electrónica dado que los temas son muy profundos". Por suerte o por desgracia, los músicos electrónicos se han ganado en demasiados casos el apelativo de cabezas huecas. Su desmedida producción en la que las repeticiones son habituales, sus cambios de rumbo atendiendo siempre a lo más "cool" o a lo que "más se lleva" o las posturitas que se marcan ante los periodistas creyendo ser los genios del próximo siglo han convertido a muchos en personajes patéticos con ínfulas de estrellas. Orbit, sin embargo, es un caso aparte y apenas aparece públicamente un segundo más de lo conveniente. Prueba de ello es el hecho de que, de sus catorce álbumes, solamente dos han sido publicados a su nombre: el "Orbit" de 1987 y este "Pieces" que se edita ahora en formato completo. El resto de su producción puede encontrarse oculto bajo las firmas de Torch Song, Bassomatic o Strange Cargo; además, el "Superpinkymandy" que grabó junto a Beth Orton en el 93 apareció finalmente sin su nombre en la portada. " De lo que se trata fundamentalmente es de cambiar para no estar siempre debajo del foco. Se me hace extraño sacar un disco con mi nombre, con mi foto en la portada. En este caso la gente me comentaba que lo que hice podía gustar al público y me lo planteé así", señala. Sobre este tema habría que añadir que la primera edición de "Pieces in a modern style", aquélla que desapareció del mercado por problemas legales, tampoco se prensó como un disco de Orbit, sino como una obra de The Electric Chamber. Pudiera ser timidez. Lo que parece obvio es que Orbit ha traspasado ya su status de músico de culto. "Pieces" le ha catapultado a lo más alto de las listas de música clásica y la remezcla del "Adagio for strings" de Barber realizada por Ferry Corsten suena en cualquier radio comercial que quiera estar más o menos al tanto de lo que pasa. Además, su nombre se ha hecho habitual en los discos de todas las figuras de la música actual, sus producciones son solicitadas y sus remezclas se pagan a precio de oro. En el 99, sin ir más lejos, grabó con Beth Orton en "Central reservation", metió su "Ogive number 1" (versión de la pieza de Satie incluida en "Pieces") en la banda sonora de "Human traffic", produjo tres piezas del score de "Ravenous", hizo lo propio con el single "Beautiful stranger" de Madonna, trabajó en el debut discográfico en solitario de Mel C, creó el actual éxito de All Saints y, por si fuera poco, recogió el Q Award que le concedieron como productor del "13" de Blur. "Mi trabajo con estos artistas es algo similar a lo que sentí haciendo 'Pieces', ya que, si no escribo la música, me puedo centrar más en la interpretación. En el caso de las remezclas de pop se trata de una música que tiene que captarte enseguida, ya que, si no se hace, pasa inmediatamente. La única diferencia ofrecida en 'Pieces in a modern style' es que esas obras llevan ahí muchos años. Por eso quiero que aparezcan más veladas, como invisibles. Prefiero que la fuerza aparezca poco a poco". Escuchándole, y viéndole, nadie diría que este hombre era uno de los abanderados del ambient house a principios de los noventa. Por entonces ya atesoraba trabajos con Sting (la producción del "If you love some body set them free" de 1985), Belinda Carlisle (también produjo su álbum "Belinda"), Orchestral Maneouvres in the Dark (la remezcla de "Dreaming") o Les Negresses Vertes ("Zobi la mouche" en el 89), pero fue su serie "Strange cargo" la que le catapultó seriamente. Allí, en tres volúmenes que aparecieron en el 87, 90 y 93, depositó su personalidad creadora, su particularísima forma de ver la música y una dinámica casi lujuriosa a la hora de utilizar la tecnología. La serie continuó posteriormente con "Hinterland" en el 95 y con un recopilatorio de los cuatro álbumes el año siguiente. Stange Cargo murió (por el momento) dejando inédita una versión multimedia para ordenadores que aún no ha visto la luz pero que, cualquier día, volverá a sorprender nuestras mentes, no tanto en el plano auditivo (el material es el mismo que el disco del 93) como por las imágenes que acompañarán a la música. Ya en el año 2000 William sigue viendo vigente y atractivo el mensaje del house y, cuando se le pregunta por la multitud de etiquetas y apelativos que reciben las diferentes ofertas de la música electrónica, encuentra en ellas algo positivo: "Tiene una cosa buena y es que ayuda a los músicos en su creatividad, ya que todos quieren romper las normas y hacer algo diferente. Lo malo es que siempre se trata de clasificar todo con el fin de ayudar a la gente y se llega a una situación en la que, aunque se la orienta, se termina prestando más atención a las etiquetas que a la música en sí. Lo realmente importante es que la música guste por sí misma". Una cosa llamativa de este personaje es que compone a partir de la guitarra ("es un gran instrumento", afirma) en lugar de experimentar primero con los sonidos y buscar después la cohesión de las piezas. "Hay que perderle el respeto a las máquinas", dice sin cambiar el tono de voz; y eso es exactamente lo que ha hecho en su nuevo álbum, donde las melodías de Händel o Cage brotan con una extrema naturalidad, prueba de lo influido que ha estado Orbit a la hora de darles su particular apreciación. "Es todo matemática", señala, pero poco después insiste en el hecho de que ha buscado en las adaptaciones algo que coja al oyente desde su ser más íntimo. Advierte que tiene un día cargado y que le gusta cumplir con el horario, pero lo hace desde una normalidad propia de quien tiene la mente ordenada. Se calza sus gafas y echa un vistazo a la lista de entrevistas que tiene para el día como para recomponer sus esquemas. La última pregunta es referida a la frase que Peter Gabriel dijo en su día señalando que la vanguardia de hoy será el pop del mañana. "No sé exactamente a qué se refería Gabriel. La vanguardia existe como idea y, si es popular, no es vanguardia". Lo dice por experiencia, ya que él ha caminado por los dos lados del sendero. E.P.
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