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La música india y la africana se funden en el nuevo álbum de Trilok Gurtu La fantasía africana Nació en Bombay de un maestro del sitar y de una cantante clásica. ¿Qué podía salir? Cualquier cosa, obviamente, pero salió un personaje que lleva más de veinte años asombrando a occidente por su manera de entender la música. Trilok Gurtu no es lo que se puede decir un músico al uso. No ya porque su instrumento (la percusión) no sea el más habitual o porque en su cabeza haya ya tal mezcla de culturas que cada uno de sus discos es etiquetable con un origen diferente. No es por eso. Cuando te encuentras con Trilok habitualmente te encuentras con alguien apasionado, vivo, con ganas de explicarse y con ganas de poner en marcha alguno de sus más pintorescos proyectos. Aparece ante ti un hombre obsesionado (literalmente) por dejar a los más jóvenes un legado cultural que muestre parte de la vida de su generación y, como tal, nota que siempre le falta tiempo o que siempre hay algo por hacer. Cuando llegó a Europa entró en el mundo del jazz de la mano de Don Cherry y, desde entonces, siempre ha marcado un estilo propio, definido; una forma de tocar que, además de tener siempre consigo una evidente raíz étnica, ha mostrado una técnica de lo más sugerente y atractiva. Con el tiempo, su carrera ha ido engrandeciéndose, agregando a su historial nombres emblemáticos dentro de cualquier género de música: Charlie Mariano, Jan Garbarek, John McLaughlin, Joe Zawinul, Jack Bruce, Boyz II Men, Bill Laswell, Gilberto Gil Por su parte, comenzó a grabar a su nombre en 1987 y ya puede presumir de tener ocho discos en su nómina, cada uno totalmente diferente del otro, pero todos con el evidente sello "Made in Trilok". "Kathak", su álbum del 98, supuso su incorporación al sello ESC y con ello una mayor posibilidad de promoción. Sus anteriores discos ("Usfret", "Living magic", "Crazy saints", "Believe", "Bad habits die hard" y "The Glimpse") siempre pudieron encontrarse en España, pero era necesaria una ávida búsqueda en las estanterías de las tiendas especializadas para dar con ellos. Trilok era entonces uno de esos músicos respetados por su historial y admirado por los baterías, aunque poco disfrutado por el público. "Kathak" supuso un paso adelante con un disco en el que el percusionista hacía un repaso sobre su manera de ver una determinada forma india de la danza. Ahora, apenas dos años después, ha cambiado de continente. Su grabación más reciente lleva por título "African fantasy" y expone una preciosista visión que se reparte entre instrumentos étnicos, ritmos bailables y voces africanas como las de Angelique Kidjo o Oumou Sangare, verdaderos iconos femeninos del continente en la última década junto con la caboverdiana Cesaria Evora. "Para mí, éste disco ha sido como volver al principio, como cuando hice 'Usfret' en el 87 o 'Living magic' en el 90. En aquel momento la gente no entendía lo que yo hacía; no estaba preparada para escuchar a una cantante india como mi madre al lado de un bajo eléctrico o una percusión tradicional. Ahora he retomado la esencia de aquello que solamente era comprendido por los músicos. Tengo que llegar a más gente: veo a muchos jóvenes en mis conciertos y es necesario que mis discos también les lleguen. Eso implica un modo distinto de componer". La visión de Trilok exige un determinado comportamiento a la hora de crear y arreglar su música. Hasta ahora, el artista de Bombay había aparecido en sus discos como dentro de una burbuja. Como él dice, "sólo me entendían los músicos", pero con "African fantasy" el proyecto cambia incluso estando en las mismas manos. "He aprendido de mis errores y ahora valoro a la gente por lo que es; sé que tengo que darles las cosas más despacio, más fácilmente. Eso supondrá que los medios y las tiendas empiecen a etiquetar mi música aunque yo siga haciendo música tradicional india. Trabajo para las nuevas generaciones, para no perder el legado que tenemos y para que ellos puedan entenderlo". Cuando se le pregunta por los diferentes géneros por los que ha pasado, por sus inicios dentro de la música occidental, Trilok afirma que "siempre he tocado música india, aunque me he adaptado a los músicos con los que he colaborado. Claro que me gusta el jazz o el pop, pero yo no puedo decir que sea un músico de jazz. Tocaba con ellos, pero no tengo nada de purista. Ha sido una manera de aprender lo que el jazz podía dar a la música india y lo que ellos también podían recibir". El nuevo reto de Trilok es haberse convertido, sin buscarlo, en el puente de unión entre la tradición india más ancestral y los nuevos músicos británicos de origen oriental. Nitin Sawhney o Asian Dub Foundation, por ejemplo, ya le han solicitado permiso para remezclar algunos de los temas de "African fantasy". "Bueno. Estamos viendo cómo podría hacerse. No fue idea mía, pero he de reconocer que me gusta y me llama la atención". El caso no es extraño y podía preverse. "African fantasy" tiene ciertos toques de pop y unas voces femeninas que hacen muchos de sus temas tremendamente accesibles y comerciales, por lo que músicos jóvenes que están empezando a obtener reconocimiento y que siempre han tenido a Trilok Gurtu como uno de sus máximos gurús no han perdido el tiempo para entrar en contacto con él: "Nitin me está ensañando a manejar el Imagic con el ordenador. Cuando lo controle ¡va a ser la bomba!", dice. Será una opción un tanto sorprendente, ya que, aunque Trilok ha participado en muchos festivales de tendencia techno, siempre lo ha hecho con su proyecto tradicional, más como orientador de las nuevas formas que como músico afincado en ellas. "Siempre hay elementos buenos dentro de la música electrónica, pero yo no puedo mostrarme en directo como Prodigy, por ejemplo. Necesito tocar, equivocarme... Soy humano y me gusta esa casualidad". El motivo por el que estamos hablando en la cafetería de un hotel es su último disco, un álbum que seguramente funcionará bien dado que tiene todo lo necesario para ser valorado en un momento en el que premia la globalidad y el mestizaje. "African fantasy" comenzó a componerse en Australia mientras Trilok participaba en una de las ediciones del Womad. En aquella misma gira tocaría más tarde en Nueva Caledonia, tierra en la que conoció el didgerido, ese curioso instrumento utilizado por los aborígenes de las antípodas. De ahí el salto fue mayor y nuestro protagonista terminó tocando en el centro mismo del continente negro. "Siempre me apasionó la música africana. Su manera de tocar las percusiones es muy similar a la utilizada en la India. Africa, como la India, también tiene una cultura muy antigua y por ello aporta la sencillez de la vida cotidiana y la lacra de haber sido explotada por occidente. Su gente no es agresiva y disfruta enriqueciendo su cultura", comenta. El percusionista ha contado en este disco con las voces de Angelique Kidjo, Oumou Sangare y Sabine Kabongo, conocida por haber trabajado con Zap Mama. "La elección era fácil porque son las mejores. Nos habíamos conocido en algunos festivales y a ellas les encanta lo que hago. Cuando se lo propuse comentaron que era algo que no se había hecho aún y que las encantaría participar". El acierto es pleno. Las voces femeninas, volátiles entre sitares y percusiones africanas, aportan una riqueza melódica verdaderamente exquisita a las canciones. "La gente "--continúa Gurtu--" suele quedarse con mi faceta de instrumentista y olvida que soy el compositor de todo lo que toco. En este disco he tocado menos y me he dedicado más a las otras facetas que lleva consigo un álbum". Ese concepto será, probablemente, el que también domine su próximo espectáculo en directo: mientras que el que acompañó a "Kathak" estaba centrado en la danza, el que representa "African fantasy" tendrá a las vocalistas como el nexo principal de todo. "Cada disco que hago es distinto y éste, desde luego, no se parece a 'Kathak'. Para mí es importante hacer cosas diferentes y que, aunque ponga de manifiesto mi tradición de modernidad, no pierda mi identidad como indio. Mi música representa más de mil años de historia y eso siempre tiene que notarse en lo que hago. Mis maestros se muestran encantados cuando vuelvo a la India. Me dicen 'estás consiguiendo presentar la música india de una manera tan sencilla que todo el mundo puede entenderla'. Eso es lo que intento, ya que la música es para todos", afirma Trilok. Con esta idea, y viendo las obras que va dejando a lo largo de estos últimos quince años, no es extraño esperar de él que tarde o temprano termine acercándose a una música de raíz como es el flamenco. Hablando con él hace un par de años trataba de convencerme de que el baile flamenco emanaba de danzas indias y en la cabeza de todos están todavía los experimentos que más de un guitarrista flamenco ha realizado alrededor del sitar. "He tocado con Enrique Morente y con Carles Benavent y el resultado me ha fascinado. Morente incluso me invitó a Granada para que hiciéramos algo juntos, pero ésa es de las cosas que, aun teniendo interés por ambas partes, nunca se ha concretado. Me encantaría hacer algo relacionado con el flamenco, por supuesto", señala. El caso es que ése es de los proyectos que, como todo lo que tiene que ver con este hombre, tendrá que esperar su turno. Actualmente Trilok tiene apalabrada la gira de "African fantasy", lo que le hará recorrer Europa (probablemente también España) y, más tarde, Norteamérica. Cuando termine con ella tendrá que ponerse a concretar los detalles de un nuevo trabajo junto a Bill Laswell, con el que participó hace tres años en "City of light". Probablemente también estará involucrada en este mismo trabajo Katia Labèque, la pianista clásica que se ha hecho famosa colaborando con su hermana Marielle, aunque tampoco sería extraño que dicho proyecto terminara desdoblándose en dos. Apartados quedan de momento los experimentos tecnológicos con Nitin Sawhney y sus acólitos y mucho más cercana parece estar una segunda parte de "African fantasy" de la que Trilok habla con entusiasmo. El fin de todo, curiosamente, es el mismo que animó a Trilok a salir de la India a finales de los setenta, el mismo que le hizo participar en Oregon o fundar The Glimpse : "Hay que dejar testimonio de la música que hemos heredado. Con el tiempo nuestros hijos nos preguntarán '¿Por qué tocabas eso?' La respuesta lógica será 'Para que tú lo pudieras conocer'. La gente joven es nuestro futuro, pero eso no implica que debamos perder lo que hemos ido labrando durante tanto tiempo". E.P.
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