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The Mission vuelve a la escena con un álbum recopilatorio de su obra
Enero del 2000

Mission: Imposible

¿Vuelve? Puede. Si hubiera algún motivo. El regreso de The Mission no ha sido, en principio, más que un apunte en la enorme lista de renacimientos que han dado los noventa. Pero ahora todo ha cambiado desde que el grupo se formara en 1986 de las cenizas de otro clásico, Sisters of Mercy. En los días actuales, los miembros de The Mission tienen sus actividades particulares de las que un día se aburrieron. Para volver a animarse no se les ocurrió otra cosa que regresar a "la misión".

Su nombre se encuadra, por derecho propio, entre los más grandes del rock gótico. Ellos, como es previsible, despachan el calificativo argumentando que "siempre hemos sido una banda de rock, quizás un poco más oscuro de lo normal, pero rock. El problema es que hay mucha gente que, en cuanto ve algo negro, enseguida dice que eres gótico". Sin embargo, las evidencias son imposibles de negar. Sentados en el hall de un céntrico hotel madrileño, Wayne Hussey y Craig Adams, los alumbradores de The Mission, reconocen su deuda con el público de la ropa negra y el maquillaje blanco, aquél que les convirtió a principios de los noventa en uno de sus máximos iconos junto a los omnipresentes Cure.

Y es que, además de evidente, el calificativo no es gratuito. The Mission, como anteriormente Sisters of Mercy, fueron uno de los adelantados a la hora de repartirse la herencia de gente como Siouxie and the Banshees. Eran tiempos pobres para el rock en los que cualquier tendencia estética valía para crear novedad, momentos en los que la ropa y el maquillaje empezaban a sustituir a los conceptos interesantes surgidos de los instrumentos. En Inglaterra, si no tenías pinta de modelo transgresivo no tenías nada que hacer. Los heavies abordaron las peluquerías buscando cardados estrambóticos y luciendo cueros propios de marroquinería, los nuevos románticos desempolvaron las ropas de piratas o casacas de aristócratas franceses de los baúles de sus abuelas y cortaban sus pelos con tendencias vanguardistas en las que la cabeza dejaba de ser redonda, la cool wave trajo el plástico y el plexiglás, el vinilo y las gafas ortopédicas, y el rock gótico aterrizó en poco tiempo con la estética siniestra de las mallas, los encajes y las ojeras exageradas. Puede que ni Sisters of Mercy ni después The Mission fueran quienes más dinero gastaran en ropa, pero sus acólitos sí. Sus conciertos se convertían en un desfile fantasmal en el que, por lo menos, se recuperaba el ambiente de fiesta que permitía a los adolescentes disfrazarse para la ocasión, cambiar su vida por unas horas, convertirse en personajes de novela romántica y cantar sus depresiones al ritmo de atmósferas mantenidas y de sonidos de guitarra bien afilados. Todo a medio camino entre el rock y el pop, con medios tiempos que colgaban el ambiente al compás de luces negras y moradas. "En Sisters of Mercy querían hacerlo ellos todo "--recuerda Wayne--". Había veces en las que me daban la base de una caja de ritmos y me decían que hiciera una letra, nada más. Me negué a seguir así. Lo que nosotros queríamos era dejarnos de esas cosas y tocar en directo. Llevar la vida del rock and roll".

La vida del rock and roll se entendía, a principios de los noventa, como una carrera llena de excesos. Ante el acomodo de las máximas estrellas y la desaparición del punk como actitud sólo quedaba el formato individual, ese "vive rápido, muere deprisa y tendrás un cadáver bien parecido" que tan bien quedara dentro del cine negro de Hollywood. Y así nació The Mission, con un disco en 1986 ("God's own medicine") y con un pistoletazo de salida hacia una vida desbocada. Wayne, Craig, Mick Brown y Simon Hinkler quisieron llamar a su grupo Sisterhood, pero su carrera se paró con un primer frenazo dado que dicho nombre ya tenía dueño. No les importó demasiado: cambiaron el nombre y, en cuanto salió su disco, empezaron a escalar las listas con resultados muy decentes.

Enseguida Inglaterra se les quedó pequeña y salieron al exterior. Todo eran excesos y destrozos, drogas y borracheras, el cartel que necesitaban para seguir creciendo. "Sí. Es cierto que Iggy Pop nos comentó un día que debíamos frenarnos un poco. Era amigo nuestro. Nos decía 'venid al gimnasio conmigo, os hará bien'", recuerdan entre risas Wayne y Craig. Hoy mantienen el cartel, aunque con poca credibilidad. "Al principio de la gira empezamos bien. Queríamos ser buenos chicos, pero, según avanzaba… Ahora lo que hacemos es tomar drogas diferentes. En Portugal, por ejemplo, experimentamos con la absenta. El caso es enseñar a los jóvenes grupos cómo deberían portarse", comenta Wayne mientras busca desesperadamente con la mirada al camarero. Cuando aparece el hombre del uniforme, tanto Craig como Wayne piden un té y añaden a la cuenta una botella de agua mineral con gas y otra sin gas. Cuesta mucho creer que sus palabras y sus poses no sean ya más que una manera de ganarse la vida. "Lo cierto "--señala Wayne--" es que yo había llegado a tener una vida excesivamente familiar y esto me ha valido como escapatoria. Ahora me encuentro realmente bien; todo está funcionando bien".

"Resurrection", un nuevo disco, es un poco el motivo de todo esto, de que los miembros de The Mission vuelvan a estar juntos, de que hayan vuelto a salir a la carretera y de que hayan aterrizado en España para volver a presentarse en directo delante de su parroquia. "La última vez que vinimos a Madrid vino a vernos mucha gente, pero no sabemos cómo será esta vez. Es probable que mucha gente piense que ya no existimos", comentaban.

La historia es más o menos real. En directo, The Mission convocaron a la mitad del público que en su anterior visita, aunque, por lo menos, en el escenario dieron lo que se esperaba de ellos. "Resurrection" es otro cantar. En el álbum apenas hay material nuevo y casi todo se limita a una nueva grabación o remezcla de temas antiguos. "Llevaba un tiempo sin hacer nada y me propusieron lanzar esta recopilación "--explica Wayne--". No me importó; me lo tomé como una buena manera de cerrar la obra del grupo, pero luego Craig me llamó desde Estados Unidos y me habló de hacer una gira por allí. La idea me agradó: era la última oportunidad de ver a gente con la que había perdido el contacto y de subirnos al escenario para hacer las viejas canciones". El caso es que todo creció, que tras la gira norteamericana surgió la posibilidad de continuar en Europa. "Ahora no sabemos en qué acabará esto. Estamos a gusto y siempre hay una posibilidad de seguir haciendo cosas juntos", añade.

Los Mission actuales se completan con Mark Thwaite, el guitarrista que se incorporó a la banda en 1994, y Scott Garrett, un batería de pelo blanco reclutado para la actual experiencia: "Es fantástico y me encanta la manera como toca todas las canciones. Con él parecemos enteramente un grupo, pero tiene el típico problema: es americano", comenta Wayne haciendo el típico chiste. El cantante y vocalista, en el fondo de su alma, no puede negar su esencia británica y, como era previsible, antes de acabar la entrevista se interesa por la marcha de McManaman y Anelka en su paso por el fútbol español. Me da un poco de grima decirle que ninguno de los dos juega, que el Madrid está casi en posiciones de descenso y que cada vez que un británico viene a jugar a España suele resultar inservible. Prefiero contar sólo que McManaman está lesionado y dejo que me siga mirando mientras mantiene la idea de que los británicos inventaron el fútbol (o football, como dicen ellos).

"Los cambios de formación son normales en un grupo que dura trece años. Eso ocurre en cualquier banda. En absoluto fue debido a nuestro carácter", me comentan cuando les pregunto por el abundante trasiego de músicos que tuvo esta particular misión desde que decidió construirse. La cuestión se me ocurre cuando veo en la lista de agradecimientos de "Resurrection" la enorme ristra de músicos que han pasado por la formación. Hubo una ocasión, incluso, en la que el propio Craig Adams la abandonó. "Ya no éramos un grupo "--recuerda Wayne--". No nos parecíamos en nada a eso. Me quedé yo y otros músicos ocasionales, nada más. Lo cierto es que, ya antes de irse Craig, tampoco éramos lo que se puede decir una banda".

El segundo disco de The Mission se grabó en 1988 y resultó tan bien como el primero, aunque con el tiempo quedó demostrado que el principio del fin había llegado muy pronto. "Children", que así se llamaba el álbum, fue producido por John Paul Jones, el que fuera bajista de Led Zeppelin: "Le conocimos en Amsterdam, en un bar. Le comentamos que podía producirnos un disco y nos dijo que sí simplemente para que le dejáramos en paz. Cuando volvimos a Inglaterra le llamamos y todo se consolidó. Trabajar con él fue muy relajado: era como una especie de abuelito", recuerdan.

Tras "Children" llegaría "Carved in sand", el álbum de The Mission que llegó a vender más de un millón de ejemplares. Con él todo se disparó definitivamente, las giras fueron más brutales y las deserciones comenzaron a aparecer. "Grains of sand", el siguiente disco, no fue sino una recopilación de material de singles, caras B y desechos del álbum anterior, pero lo peor llegó con "Masque", el disco del 92. En él el grupo cambiaba la tendencia y se metía de lleno en la música dirigida a las pistas de baile, un concepto un poco difuso cuyos resultados fueron el abandono de Craig, la cancelación del contrato con Polydor y un bajón de popularidad que coincidió con el cambio de gusto de las hordas góticas. "Hubo muchas razones para que hiciéramos ese disco "--argumenta Wayne--". Estábamos cansados de hacerlo todo de acuerdo a la misma fórmula y buscábamos algo diferente. Actualmente es el disco que menos gusta del grupo excepto a mí, que me encanta. Viéndolo con el tiempo quizás hubiera sido preferible lanzarlo con otro nombre para que no se asimilara a la carrera de la banda".

El caso es que The Mission (o lo que quedara de ellos) sólo volvieron al estudio para grabar "Neverland" en 1995. Aquel álbum podía considerarse el testamento póstumo del grupo si no fuera por la aparición del reciente "Resurrection". Es difícil encuadrar el nuevo álbum en algo que no sea una simple vuelta de tuerca en la historia de la banda, algo así como una excusa para obtener algún dividendo extra de una obra que no ha podido resistir bien el paso del tiempo. Actualmente, cada uno de los miembros del grupo tiene un proyecto aparte y, viéndolos, se hace difícil pensar que esta aventura pueda prolongarse más allá de un hipotético próximo disco con el que, definitivamente, se acabe todo. Ellos ni siquiera hablan de esa hipótesis si no se lo preguntas y prefieren hablar de sus otras actividades. Craig mantiene su puesto en Coloursound, Mark está actualmente tocando con Tricky y Wayne se gana la vida realizando remezclas para gente tan popular como Cleopatra.

Volver a la carretera ha sido bonito. Y lanzar "Resurrection" también. Pero, evidentemente, la historia de The Mission es ya… eso, historia, y el rock gótico se encuentra con ello en la misma encrucijada que todas las tendencias aparecidas en los ochenta. Se acaban las figuras (aquí aún queda The Cure, con próximo nuevo disco y gira), no hay recambios, el público se hace mayor…

E.P.

Mission. "Resurrection. Greatest hits". Eagle 55

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