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El ex-guitarrista de Dire Straits vuelve a la escena con su segundo álbum en solitario
Noviembre del 2000

A los cuarenta y once

"Sailing to Philadelphia" es el nuevo trabajo de Mark Knopfler, el segundo firmado a su nombre si exceptuamos su prolija carrera como autor de bandas sonoras. El guitarrista, cantante y compositor presentó mundialmente su disco en España, una tierra que le seduce lo suficiente como para pasarse por aquí cada cierto tiempo.

Hay quien le considera un excelente guitarrista, aunque no lo es. El misterio de Mark Knopfler es la consecución de un sonido propio, un distanciamiento de los demás que, sin ser nuevo, cuajó con él. Cuando se escuchó "Sultans of swing", la primera canción publicada por Dire Straits en 1978, muchos coincidieron en la misma apreciación: "Suena como si Dylan sonara bien". Eso mismo se había dicho de una banda llamada Sniff'n the Tears cuando consiguió un exitazo con el tema "Driver's seat". La diferencia fue que Sniff'n the Tears no generó nada y Dire Straits, el grupo de los hermanos Knopfler, prolongó su carrera con una ristra de singles y álbumes que les catapultaron a lo más alto de las listas de todo el mundo.

Knopfler también cantaba en el grupo, pero su modo de cantar era tan simple como el de tocar la guitarra. Su misterio no era una voz enorme, de grandes registros o de un color puro. Era, simple y llanamente, que se apoyaba en composiciones fantásticas y que llegaba pulcra y lánguida hasta el laberinto más recóndito del oído.

Dire Straits comenzó como una banda, pero, a las primeras de cambio, todo el mundo se había enterado que era la banda de Mark Knopfler. El primero en dejarlo claro fue el propio Dylan, cuando llamó al guitarrista y al batería Pick Whiters para la grabación de "Slow train comin'", el disco que mostró al de Minessota de parte del cristianismo y el que supuso su reencuentro con la industria al traer consigo unos cuantos Grammy. Los demás no tardaron tampoco mucho en darse cuenta: para el tercer disco de Dire Straits ("Making movies", 81), Knopfler había cambiado la formación del grupo: su hermano se había ido y la banda disponía de un teclista. Por si fuera poco, los servicios de Mark ya habían sido utilizados por Phil Lynott y por Steely Dan, aunque eso no era sino la punta del iceberg. Cumpliendo el título del último álbum del grupo, David Puttman encargó a Knopfler la creación de la banda sonora de "The local hero" en el mismo momento en que éste estaba colaborando en el "Beautiful vision" de Van Morrison. El disco fue otro exitazo y compitió directamente con "Love over gold", el cuarto álbum de Dire Straits.

La sensación era obvia. Un guitarrista simple, forjado al amparo de los sonidos del folk y con una técnica que cambiaba la púa por las yemas de los dedos, había impuesto su sonido en un momento en el que el guitar-hero dominaba dentro del mundo del rock.

Knopfler ni siquiera era joven cuando apareció en la escena. El éxito le llegó con treinta años, cuando sus rivales entronaban al punk con protagonistas de diecisiete. Había nacido en Glasgow y, como casi todos los escoceses, eligió el sur para buscarse las lentejas. Se graduó en literatura inglesa, trabajó de profesor, luego de camarero y, por fin, consiguió malvivir cantando sus canciones de café en café con una guitarra acústica. En el 77 se miraba al espejo maldiciendo su alopecia mientras compartía piso con su hermano David y con John Illsley (bajista) en Deptford, una pequeña localidad al sur de Londres. Tocaban juntos y llamaron a su grupo Dire Straits por vivir siempre en "situación extrema". La fortuna quiso que un día tropezaran con Pick Withers y que grabaran una maqueta de ciento veinte libras. La maqueta sonó en la BBC y John Stainze, uno de los ARs de Phonogram, consiguió convencer a sus jefes de que allí había un diamante en bruto.

No se equivocó.

"Sólo éramos una banda que tocaba canciones. No es muy diferente a lo que hago ahora, aunque hubo un momento en el que llegamos a tener un gran éxito. El éxito es fantástico, se lo recomiendo a cualquiera", comenta Mark recordando la época de "Brothers in arms" (85). "Esta mañana he ido a pasear por el parque y nadie me ha reconocido. Mi vida es muy agradable y no tengo los problemas propios de la fama. Nunca los he tenido, aunque en aquella época sí hubo veces en que me resultó duro llevarlo".

Ahora Knopfler tiene cincuenta y un años y enterró Dire Straits hace siete, después de que se publicara un álbum en directo con lo mejor de la carrera de la banda. Goza de todo lo que puede desear un artista: respeto por parte del mundo, una economía la mar de saneada y los medios para hacer exactamente lo que quiere.

Y quiere realmente poco para ser feliz. Hace cuatro años lanzó un álbum en solitario, titulado "Golden heart", porque tenía el gusanillo de salir de gira. Ahora le ocurre lo mismo y la excusa se llama "Sailing to Philadelphia". "Habitualmente no suelo escuchar las canciones que hago una vez grabadas y hacía tiempo que me apetecía componer un par de temas que me gustaran. Cuando grabé algunas, las escuché y me gustaron. Veo que mejoro con el tiempo", dice irónicamente.

Knopfler es sumamente consciente de su capacidad de atracción, pero, probablemente, no la entiende. "Yo toco cosas sencillas, como nanas para niños. Cuando intento hacer algo complicado me mareo. Una vez me propusieron trabajar con un guitarrista flamenco y no sé por qué, ya que es imposible. Es otra forma de tocar la guitarra y necesitaría dar clases", comenta.

"Sailing to Philadelphia" no es nada distinto de lo que se puede esperar de este hombre. Su momento de más actividad ya pasó y ahora construye a su alrededor un universo tranquilo y cálido en el que apenas entran sus más reconocidos amigos. "La canciones tratan sobre personas tenaces, con mucha fuerza interior", dice sobre las piezas que conforman este nuevo álbum. En él han participado, como de pasada, personajes como James Taylor o Van Morrison, artistas de su misma generación pero que ya eran estrellas consagradas cuando Knopfler se dio a conocer. "Cuando trabajé con Morrison en los 80 nunca me parecía que estuviera enfadado conmigo. Podía parecer siempre enfadado, pero no conmigo", señala Mark al recordar su participación en el "Beautiful vision" del irlandés gruñón. Ahora se han devuelto el favor: "Van siempre ha formado parte de mi vida, desde que era niño. Cuando escucho su voz cantando una canción que yo he compuesto siento una intensa emoción porque su música siempre ha significado algo muy importante para mí. Sólo espero que aún podamos tener la oportunidad de volver a colaborar juntos en otros muchos proyectos".

Sobre la aportación de Taylor comenta que "hay veces en que nada más escuchar una canción te das cuenta de que podría funcionar también en formato de dúo. Eso fue lo que me ocurrió con 'Sailing to Philadelphia' debido a los dos personajes protagonistas. James Taylor me preguntó si me gustaría producir alguno de sus nuevos trabajos y charlamos un par de veces. Entonces se me ocurrió que él era la persona ideal para dar vida musicalmente a uno de los personajes de la canción. Teniendo en cuenta la experiencia de James en el mundo del folk, enseguida tuve muy claro que era el artista ideal para convertirse en Mason en ese tema". "Sailing to Philadelphia" es una canción basada en el libro "Mason & Dixon", de Thomas Pynchon. En él se narran las aventuras de un par de ingleses que recorrieron el territorio norteamericano antes de ocurrírseles la creación de una línea de ferrocarril.

En el álbum, como es natural, hay historias y melodías que recuerdan terriblemente a Dylan, el cantautor por excelencia dentro de la escena folk en lengua inglesa. Dylan y Knopfler no sólo trabajaron juntos en "Slow train comin'", ya que el guitarrista fue también el productor de "Infidels", el disco del norteamericano de 1984. Entre ambos hay una conexión natural; no es sólo su pasión por la literatura, sino, como dice el propio Mark, porque "ambos éramos del norte y ambos queríamos ser rockeros cuando éramos críos. ¡El quería ser Little Richard! El caso es que, como no teníamos medios para comprarnos una guitarra eléctrica y un amplificador, empezamos a tocar en acústico. Así entramos en el folk y fuimos viajando hacia las raíces terminando en un sitio muy parecido. Es un buen viaje para hacer, ya que terminas en el blues, el folk y el rock. Siempre es interesante volver ahí". La gran diferencia entre ambos es que cuando Knopfler comenzó a escuchar música Dylan ya era un personaje mítico. "Ha sido una gran influencia para mí. Le empecé a escuchar a los once años y desde entonces soy un verdadero fan suyo. Me acuerdo de haberle visto en Newcastle, cuando era un crío. La gente le pedía sus temas rockeros y yo me enfadaba porque disfrutaba con sus canciones mas folkies. Le he seguido mucho y, cuando me propuso trabajar con él, fue un gran placer para mí".

La actividad del guitarrista va a cambiar en breve. Mientras que en los últimos cuatro años ha estado embebido trabajando únicamente en bandas sonoras, ahora nota en la planta de los pies la ilusión por salir a la carretera y ponerse encima de un escenario. La banda que le acompañará es la misma de la que se ha servido para grabar sus dos álbumes en solitario y que ahora responde al nombre de 49ers.

Trabajar en la creación de un álbum a su nombre es, para Mark, sumamente diferente a lo que realiza cuando pone música a unas imágenes. "Cuando trabajo en un álbum sólo estamos, mi guitarra, el sofá y yo. Si tengo que hacer un score trabajo con otra persona que me anima y me da seguridad. Yo nunca sé por dónde van a salir las cosas, pero siempre él me dice: 'va a ser una banda sonora genial'. El proceso se repite siempre alrededor de tres o cuatro piezas principales, lo que para mí supone tres o cuatro crisis hasta que termino el trabajo".

Eso lleva consigo sacar a este escocés de su ostracismo, desesperezarle de sus costumbres y volverle a enfrentar a un público que vuelve a presumirse mayoritario. "Soy muy perezoso. Y lento. Por eso he tardado tanto en hacer este disco. También soy perezoso para estar al día dentro de la música. Mucha gente me manda cintas para escucharlas, pero no encuentro tiempo para todo. Los críticos lo entenderán muy bien: tienen tantos discos para escuchar que les será difícil leer algún libro o ir al teatro".

Si bien se desmarca de opinar sobre lo que le rodea, Knopfler no está colgado de las nubes. Puede que no esté al día de los cambios dentro de la música, pero vive siempre cercano a una industria que está cambiando de una manera abrumadora y que, en los últimos cuatro años, se ha transformado de modo obligado. "No sé cómo afectará la situación actual a la música, no soy adivino. Es obvio que Internet lo cambia todo definitivamente y que cada vez más gente grabará su música en la habitación o en el garaje volcando los resultados en el disco duro de un ordenador. Eso traerá consigo más música electrónica porque las baterías seguirán necesitando un estudio", comenta sobre los cambios tencológicos que afectan también a un nuevo mercado musical. "Si eso supone que la gente escuche más música no puede ser negativo. Se darán oportunidades a gente que antes no las tenía porque no será necesario grabar con una compañía para que el público te escuche. Pienso que los más afectados serán los grandes estudios, ya que las nuevas producciones no parecen pensadas para ser realizadas en estudios que han de amortizar enormes inversiones. Habrá cosas buenas y malas, como en todas las cosas".

Lejos quedan, en todos los terrenos, los tiempos de penuria. "Sailing to Philadelphia" ha despertado una gran expectación demostrando que la gente sigue la carrera de este hombre aun cuando su mítica banda sea ya parte de la historia. Refiriéndose a los Dire Straits afirma que no habrá una nueva grabación con ellos, aunque de vez en cuando se reúnan para tocar en situaciones tan pintorescas como la boda de uno de sus miembros. Ahora, el otrora profesor de escuela es un maestro reconocido que para ser feliz no necesita otra cosa que su obra. "Nunca fui un buen profesor y no echo de menos aquellos tiempos. Llegué a tener veinte trabajos diferentes, pero siempre estaba liado en algún grupo de música. Lo que sí es cierto es que admiro esa profesión: ser profesor es como estar actuando todo el tiempo".

E.P.

Mark Knopfler. "Sailing to Philadelphia". Mercury

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