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El saxofonista Maceo Parker inicia gira española para promocionar su último álbum
Abril del 2000

¡Es funky! ¡Es excitante!

Para muchos seguirá siendo de por vida el saxo de James Brown, su eterno compañero. Quienes opinan así olvidan que, cuando el padrino del soul fue encarcelado, su banda grabó un álbum sin su mentor y alcanzó el #1 de ventas en las listas de jazz norteamericanas. De todos modos, aquello fue en 1989 y de eso hace ya mucho tiempo. Ahora Maceo Parker triunfa mientras que nadie sabe nada de James Brown. En estos días es el otro rey negro, Prince, el que elige su saxo para sus álbumes.

Lógicamente, Maceo no es tonto y, por su parte, exigió de Prince el mismo tratamiento. Así, el artista sin nombre ha estampado su símbolo en "The greatest romance ever sold", uno de los temas que se incluyen en "Dial: Maceo", el último álbum de Parker. El tema apenas tiene trascendencia, ya que la figura de Prince, o de como quiera llamarse, podía haber sido sustituida aquí sin ningún reparo. Lo que no podía sustituirse y sería irreparable es esa línea de saxo que adorna y engrandece la composición del

Príncipe, ese sonido cálido y humeante que cala y llega hasta lo más hondo del pecho. Cuando el tema se acaba Prince ya no está, pero el saxo permanece y eso hace de "Dial: Maceo" un álbum para guardar en casa cerquita de ti. Es de los que te pones para cambiar de cara, ya que ninguna situación puede con un funk tan duro como el que expone este hombre, desnudando el sonido hasta hacer sudar su saxo. Son cincuenta y siete años de saber cómo tocarlo, con una técnica que no se consideraría brillante en los círculos más académicos pero que podría acabar con cualquier academia gracias a su poder.

"Nuestra función principal es tocar en directo, ciudad a ciudad, país a país. Es lo que hemos elegido como forma de vida y lo que nos permite compartir nuestro amor con quienes nos escuchan", señala un hombre que, como muchos otros en su generación y en su raza, tuvo su primer contacto con la música por medio de Dios. Bueno; mejor sería decir que por medio de los discípulos de Dios. Su padre tocaba el piano y la batería en la iglesia donde su madre ocupaba parte del coro, por lo que tanto Maceo como sus dos hermanos, Melvin y Kellis, se vieron envueltos enseguida en el aprendizaje de diversos instrumentos musicales. Maceo empezó con el piano, pero no le convenció: cuando asistió a un desfile y lo miró desde una de las aceras decidió que la siguiente ocasión estaría en la banda que vestía aquellos graciosos uniformes y acompañaba a las majorettes. De ese modo comenzó a tocar el saxo y, de momento, no lo ha dejado.

En el 64, con veintiún años, se olvidó de Dios y se alió con el diablo. En aquella época el diablo se llamaba James Brown, quien organizaba un infierno en cada uno de sus conciertos y necesitaba un saxo tan caliente como el fuego. Fue su época de aprendizaje, aunque no tanto en lo referido a la música como al descubrimiento de la vida. Una gira con James Brown es una experiencia inenarrable y cuando Maceo contesta a las preguntas sobre aquella parte de su vida siempre se limita a decir que "aprendí mucho, realicé mis primeros viajes, vi muchas ciudades que no conocía y me acostumbré a lo que supone convivir con otros músicos".

Era la época en la que Brown, sudoroso y poseído, gritaba aquello de "Maceo! Blow your horn!" y en la que Maceo, con patillas que le llegaban hasta la comisura de los labios, explotaba como si aquella fuera la última vez que le fueran a dejar tocar.

"El funk es una música ideal cuando el público quiere algo para involucrarse. Te atrae y te ves metido dentro de ella, por lo que, si quieres pasarlo bien, siempre puedes escuchar funk. Sobre todo el nuestro", comentaba el saxofonista los últimos días de febrero en Madrid. El y su hijo Corey estaban envueltos en una gira de promoción que les ha llevado por todo Estados Unidos y Europa. Ahora Maceo conoce Europa casi como la palma de su mano habida cuenta que, aun en la época en la que apenas lanzaba discos, su figura aparecía de continuo con actuaciones en vivo.

La primera vez que Parker aterrizó en Europa no fue para tocar, sino formando parte del ejército estadounidense en 1966, desplazado como tantos a una de esas bases de Francia o Alemania que nadie sabe para qué sirven. Aquello le permitió conocer a otros músicos y ganarse unas perrillas tocando en las bandas de soldados que amenizaban las fiestas de los fines de semana.

La vuelta a casa volvió a ser la vuelta al grupo de Brown. En aquella época había muy pocas ofertas que resultaran tan buenas como aquélla. En una ocasión intentó hacérselo por su cuenta formando los Maceo & All the Kingsmen y grabando dos discos en dos años, pero la experiencia no fue tan positiva como el estar cerca del

Padrino. Al fin y al cabo, él era uno de los mejores saxos del soul y era justo que estuviera con los mejores.

Permaneció allí hasta el principio de los ochenta, pero no lo dejó por cualquier cosa. El sonido de Maceo era garantía de buen funk y las estrellas del momento se lo rifaban. Primero fue el transgresivo George Clinton quien incorporó a Parker dentro de sus Parliament y luego el saxo entraría en tratos con Bootsy Collins en una tesitura de "tú a tú". "Después de tanto tiempo tocando sé lo que puedo hacer, cuál es mi estilo y lo que puedo obtener, por lo que rara vez me influye algo en mi manera de tocar. Eso sí "--añade--"; de vez en cuando hay alguna cosa que me inspira y me sugiere una canción, pero no tiene por qué ser música. Puede ser algo que oigo o el ruido de una calle".

En los noventa debutó en solitario con la premisa de exponerse en directo tanto como pudiera. Se expuso tanto que durante largas temporadas era problemático grabar un disco. Con todo, demostró que no necesitaba a nadie en "Mo roots" en el 91, firmó un fantástico "Life on planet groove" en el 92 y publicó "Southern exposure" un año más tarde poco antes de entrar en gira abriendo para Ray Charles en Estados Unidos. Su solvencia era reconocida y eso es algo que los promotores de conciertos saben muy bien: el número de shows que Maceo ofrecía cada año superaba casi siempre los doscientos. ¡Y en directo toca más de tres horas!

"Sí, pero ahora, como tenemos que tocar el disco nuevo, puede que lleguemos a las cuatro", comentaba con humor refiriéndose a la gira española que iniciará en los primeros días de abril. Maceo ya estuvo en tierras españolas y la última vez fue no hace mucho. Con su anterior "Funkoverload", publicado en el 98, se presentó ante un público que iba a verle específicamente a él y salió tan triunfante que no ha dudado en volver a poner nuestro país en la agenda para su nueva caravana. "Cuando era crío mi familia era pobre, pero también era muy musical. Siempre estábamos escuchando música o haciéndola. Con ella se nos olvidaba la pobreza. Ahora estoy contento de haberme podido dedicar a lo que me gusta y de poder traer felicidad a la gente", comenta.

El repertorio de estos conciertos se repartirá entre sus clásicos, las versiones que siempre adora tocar y el material de "Dial: Maceo". Esa es su última entrega discográfica, un disco en el que se ha destacado la presencia de varios invitados casi más que la propia del saxofonista. A él no parece importarle el hecho dado que, cuando decidió incluir a otros músicos en su álbum, contaba con que gente que no le conociera pudiera sentir curiosidad por escucharle gracias a estos colaboradores ocasionales. "De vez en cuando tenemos que grabar un disco: también es importante. En esta ocasión, cuando nuestro manager nos estaba apurando, no teníamos más que esto "(y enseña un pañuelo de papel completamente blanco)", por lo que decidimos recurrir a influencias externas. Lo bonito de hacer un disco es que empiezas sin nada y siempre terminas consiguiendo algo".

Más que influencias externas, lo que Maceo pretendía era que músicos reconocidos entraran a formar parte del disco. "Teníamos esa idea, pero plantearlo es siempre como ir de pesca: no siempre puedes contar con quien quieres en el momento que quieres", señalaba. Al final consiguió tres nombres importantes y los tres con situaciones curiosas.

El más llamativo es el de Prince. En la época en la que Maceo, su hijo Corey y su banda estaban comenzando a preparar su álbum el

Artista solicitó la colaboración del saxofonista para grabar en "Rave un2 the joy fantastic", el último disco que Prince ha sacado a la calle. En él también participaron Gwen Stefani, de No Doubt, Larry Graham, Sheryl Crow y Ani DiFranco, pero Maceo acordó con Prince que, si él tocaba en su disco, el artista sin nombre habría de devolverle el favor. Prince no es una persona muy fácil de tratar y, de hecho, el tema que canta en "Dial: Maceo" no es el originariamente previsto. La idea primera era que la pieza fuera de Corey y que éste pusiera su voz junto a la de Prince. El genio decidió, sin embargo, trabajar como lo hace habitualmente: compone, toca y canta sin necesidad de otro acompañante que no fuera el propio Maceo.

Anni DiFranco, por el contrario, es mucho más asequible y se ha confesado hace bastante tiempo una fan del universo "parkeriano". "Venía muchas veces a vernos en directo y nos conocemos bastante. En una ocasión ya hicimos una gira en la que tocamos juntos y ambas bandas terminamos siendo como una gran familia. Me pidió que participara en un disco suyo y yo le pedí lo mismo para éste. No sería extraño que volvamos a hacer algo juntos. Podría ser otra gira", comentó Maceo refiriéndose a la cantautora.

La última colaboración de alta alcurnia que tiene "Dial: Maceo" es la de James Taylor. "Siempre he admirado a cualquier artista por el solo hecho de trabajar en esto. Es como una especie de hermandad. Pero James Taylor... El siempre ha sido uno de mis favoritos: me gusta su música, sus canciones... No le conocía personalmente, pero coincidió que sus hijos aparecieron por el estudio cuando estábamos trabajando en el disco. Surgió el comentario y no sé lo que harían cuando volvieron a su casa, pero recibí una llamada telefónica en la que me decían: 'Prepárate: James Taylor estará allí mañana'. La cosa fue tan rápida que no pudimos preparar nada demasiado elaborado, por lo que decidimos que cantara en 'My baby loves you'".

El caso es que la participación de estos artistas no quita ni un ápice al valor esencial del álbum. "Era una buena idea para llamar la atención sobre el disco", comenta el saxofonista, quien también admite que, si en "Funkoverload" hubo una mayor influencia de Corey Parker a la hora de girar con insistencia hacia el hip hop, "Dial: Maceo" es mucho más funk, más duro y más intenso. Eso permite gozar mucho más de la fantástica forma que atraviesa el Maceo. El, curado ya de espanto después de haberse recorrido el mundo unas cuantas veces, no duda nunca en conceder protagonismo tanto a su hijo como a sus músicos y todas sus respuestas las hace siempre en plural. Tampoco tiene ningún reparo a la hora de dar las gracias a todos los artistas con los que ha tocado aunque nadie le pregunte por ellos. "Me han ayudado a llegar a donde ahora estoy", comenta un hombre que, a la hora de definir su obra, solamente sabe decir: "¡Es funky! ¡Es excitante!".

E.P.

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