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Joshua Redman publica este mes "Beyond", su nuevo álbum Sin banderas ni estandartes Dentro de los jóvenes talentos que trae el jazz cada uno tiene sus preferidos. En el campo del saxo, uno de los nuestros es Joshua Redman y creemos tener motivos para defenderlo, ya que, en siete discos (ocho si cuentas con el "Blues for Pat" que editó Jazz Door), ha demostrado ser un exquisito interprete y un estupendo compositor. Su última grabación, "Beyond", abunda en esta última faceta. Diez son los temas que cubren la nueva obra de Joshua Redman, los diez suyos. "Yo no diría que aún esté establecido como compositor, no emplearía esa palabra. Exploro mis habilidades musicales, pero todavía me considero más desarrollado como intérprete que como creador", comenta este modesto personaje de treinta y un añitos recién cumplidos. En 1994 ya se presentó en esta faceta con "Mood swing" y continuó desarrollándola en "Spirit of the moment", un álbum grabado en el clásico Village Vanguard neoyorquino. Pero entre aquellos discos y el reciente "Beyond" hay numerosas diferencias. "Creo que aquí el sonido es más original y que ya va emergiendo mi propio estilo. Comparado con aquéllos, éste puede ser más completo, más integral y redondeado. Aparezco más maduro y las composiciones me parecen más completas, aunque siempre intento mantener la autenticidad que permite el ser directo". "Beyond" se grabó en Nueva York, en los estudios Avatar (los mismos que siempre han sido conocidos como The Power Studios), en mayo del 99. El proceso completo llevó diez días, aunque la grabación en sí apenas completó los tres primeros. El resto del tiempo se dedicó a la mezcla y a la masterización, realizada en Riversound. "Quería capturar el sonido del grupo, un sonido fresco, espontáneo y con calidez espiritual. Creo que lo he conseguido", señala Redman, quien ha empezado a ser considerado como uno de los puntales de la nueva generación de jazzmen que han comenzado a explorar el éxito. "Hay una generación de músicos que ya hemos conseguido cierto reconocimiento pero a los que todavía nos queda mucho por hacer. En mi caso quiero ser cada vez más creativo y original y, aunque tenga algo en común con Brad Mehldau, Christian McBride o Nicholas Payton, no creo que sea un estandarte o un abanderado. Soy uno más de ellos y aún no podemos compararnos con gente como Miles o como Coltrane". Redman estudió para abogado, pero recién graduado en Harvard se dio cuenta de que aquello no era lo suyo. Tuvo la oportunidad de irse de gira con Danny Redman, su padre, y así conoció a Charlie Haden, Jack DeJohnette, Elvin Jones o Paul Motian. "La música me cambió. En un principio creí que aquello iba a ser una experiencia de un año, pero en cuanto vi que me podía ganar la vida tocando decidí no volver a la abogacía nunca". Su talento no pasó inadvertido a nadie y, después de debutar a su nombre en 1993, grabó "Wish" en el mismo año, pero con un acompañamiento de lujo: Pat Metheny, Charlie Haden y Billy Higgins. "Fue una gran oportunidad para aprender y un verdadero honor. No era tanto lo que me podían enseñar en el plano técnico, sino la inspiración que llegaba con ellos", comenta. El año siguiente participó en una banda que ahora mismo sería un auténtico espectáculo. Brad Mehldau, Christian McBride y el batería Brian Blade dieron forma, junto a Redman, a su primera colección de composiciones, defendida luego en directo en una enorme gira. "Mi conexión con Brad fue increíble. Tenemos algo en común por la edad y por los gustos y espero hacer más cosas con él en el futuro". Después, del mismo modo que Melhdau lo ha hecho con el piano, Redman llevó su saxo hacia una dirección más novedosa. Había acabado el tiempo de demostrar que sabía tocar clásico y, tras "Spirit of the moment", grabó "Freedom in the groove", un álbum en el que el jazz se compenetraba estupendamente con géneros más bailables y contemporáneos. "Fui más valiente que otros, pero no creo que hiciera ningún tipo de ruptura. Lo que hago desde entonces es menos tradicional porque yo mismo soy menos tradicional. Pienso que fue en ese momento cuando realmente empecé a desarrollar mi música". Por si había que dejarlo claro, en 1998 aparecía "Timeless tales (for changing times)", un trabajo en el que Redman reconvertía los éxitos de su juventud en preciosas melodías de jazz. Ya no se trataba de versionear por enésima vez a Ellington, Monk o Coltrane. En esta ocasión se trataba de hacer lo propio con Dylan, Beatles, Stevie Wonder y otro buen montón de músicos que marcaron sus primeros años como artista. "El motivo de hacerlo era comunicar mi particular visión sobre esas canciones. No quería sonar a nadie, sino, al contrario, aportar personalidad, algo que no pudiera compararse con otros discos de versiones. Amaba esos temas y quería dejar mi huella en ellos haciéndolos a mi manera". El cartel de Redman iba creciendo, pero no sólo en el limitado círculo del jazz. "Cuando los Stones vinieron a tocar a Estados Unidos su gente llamó a la mía y preguntaron si me podía acercar a San Luis para tocar con ellos en directo. No tenía ni idea de que la interpretación iba a ser luego editada en disco", comenta sobre su participación en "No security", el álbum en vivo grabado durante la gira de los Rolling Stones correspondiente a su "Bridges to Babylon". Igual que lo hizo con Jagger y compañía, Joshua no tendría ningún reparo en tocar con D'Angelo, Lauryn Hill, Seal o Prince. "El ha sido una gran influencia para mí", admite. Con un poco de suerte, Redman podrá presentar en España el material de "Beyond" (y lo que se le ocurra) allá por el mes de mayo, aunque, por el momento, no hay fechas confirmadas al respecto. Richard Harrison Joshua Redman. "Beyond". Warner
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