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Se publica una magnífica recopilación sobre la obra de Horace Silver en la Blue Note
Febrero del 2000

Del jazz al funk

"Retrospective" es una caja con cuatro discos en la que se hace un repaso de la obra de Horace Silver dentro de la discográfica Blue Note. La figura de Silver, a nadie se le escapa, ha sido fundamental en el mundo del jazz. Pero, a tenor de las características de su música y de la época en que explotó su talento, puede considerarse también un impulsor de dos corrientes que habrían de romper, a nivel popular, en los años sesenta y setenta: el soul y el funk.

Suele considerarse al jazz como música negra. Dicho apelativo, en su tiempo, pudo tener una connotación racista, pero hoy el adjetivo hace más una referencia a los orígenes de la música que al color de la piel de los artistas. Desde que apareciera, el jazz se ha consolidado como una música para todas las razas y con el devenir de los tiempos ha ido acogiendo en su seno diferentes fusiones que han incluido cualquier otro estilo que se prestase, en mayor o menor medida, a ser swingeado.

Con todo, es obvio que la mayoría de los estilos que han surgido del tronco del jazz han venido siempre propuestos por la riqueza rítmica de la música afroamericana. Si en los orígenes fue el folklore de los ghettos, el ragtime o el blues, con el tiempo, los artistas de jazz fueron ampliando su horizonte estilístico con las formas del soul, el funk o el rhythm'n'blues. La aparición de estas corrientes de música popular se engendraron en la música de jazz tanto que ahora es difícil decir qué llego antes y qué vino después. El caso es que la evolución cronológica de los hechos fue imponiendo en los gustos del público diferentes tendencias que tuvieron un origen difuso y que irían definiéndose con mayor claridad tras la aparición de talentos que trabajarían específicamente dichos estilos.

Tal es el caso del soul y el funk. Muchos aficionados tienden a creer que el soul es un género de los sesenta y que el funk aparece en los setenta. El hecho es totalmente incierto, si bien puede afirmarse que su explosión popular, la creación de la "etiqueta" dentro de un sentido comercial, sí cumple más o menos con esas fechas. Para buscar el origen de dichos géneros habría que remontarse a los años cincuenta, si bien varios historiadores de la música (que los hay) son capaces de encontrar los principios estilísticos de ambos géneros incluso en décadas anteriores.

Sin embargo, parece aceptado por la generalidad que ambas formas musicales surgen, como la mayoría, por contraposición y respuesta a otras más acomodadas. En este caso, se trataría de la respuesta negra a la derivación a la que el jazz había llegado a finales de los años cuarenta cuando, tras la explosión del bebop, todo se había suavizado y corrientes como el west coast jazz, encabezadas por músicos en su mayoría blancos, habían copado casi todo el mercado. Fue entonces cuando músicos conscientes y orgullosos de su negritud volvieron de nuevo sus ojos hacia la tradición afroamericana y retomaron una vez más los esquemas rítmicos del blues y el gospel. Nacieron así formas artísticas como el cool o el hard bop y comenzaron a gestar su leyenda nombres como Miles Davis, Art Blakey u Horace Silver.

Tras el bebop aparecería en el jazz un enfoque clásico del instrumento, ciertos elementos de música contemporánea y el uso de recursos como la trompa, el fagot, la flauta y otros elementos poco habituales dentro del género. Casi todos los músicos relevantes, exceptuando a gente como Miles Davis o John Lewis, eran blancos y eso, unido al hecho de que tendencias como el west coast parecían dibujarse más como un argumento comercial que como una forma artística determinada, trajo consigo una respuesta por parte de los artistas negros. Estos reaccionaron con una mezcla reactualizada de gospel y blues y un cierto regreso al expresionismo musical.

Suelen señalarse los primeros años cincuenta como los que dieron a luz corrientes como el cool o el hard bop, capitaneadas principalmente por el sempiterno Davis y por Sonny Rollins, pero no es hasta 1954, con la aparición de los Jazz Messengers, cuando el estilo va concretando su oferta estilística. Será entonces cuando Horace Silver deje los Messengers y cuando artistas como Clifford Brown o Max Roach entren en su mejor período creativo.

Básicamente, el hard bop basa su esencia en la recuperación rítmica del blues y del gospel y en el mantenimiento de las estructuras armónicas del bebop. Compositores como el propio Silver, Benny Golson, Sonny Rollins y Clifford Brown, junto con arreglistas de la talla de Oliver Nelson, el propio Golson y un jovencísimo Quincy Jones, encontrarían acomodo en Prestige y Blue Note, dos sellos discográficos que se comprometerían directamente con el estilo.

Fue entonces cuando comenzaron a aparecer en los círculos musicales expresiones como "funk" y "soul". La palabra "funk" hace alusión al olor. Cada uno puede entender, dentro de su círculo, a qué se refiere eso, pero todos los significados en los años cincuenta se remitían directamente al olor de los negros. Unos prefieren pensar que el término venía dado por el olor a humo que desprendían los garitos en los que se presentaban al público los músicos alternativos. Otros, mucho más explícitos, piensan en un sentido sexual y prefieren señalar al funk como al olor que desprenden los cuerpos sudados cuando están metidos en faenas de cama. Sea como sea, sí parece obvio que el término se decantó enseguida por la definición de una forma musical que partía de la rehabilitación del cuerpo y del empeño físico. "Funky", por derivación, sería utilizado respondiendo a la música que surgía inspirada, directamente, de los cantos religiosos afroamericanos. Ritmos acentuados, expresividad muy marcada y estructuras armónicas de blues con evidentes referencias al gospel.

Si bien el funk era la manera de tocar (se puede toca con swing, con feeling, con funk…), el "soul" fue el término adecuado para definir la música que surgiría del hard bop. El soul no tardaría mucho en traspasar las barreras del jazz, en aplicarse rápidamente a la música vocal y en convertirse en un elemento reivindicativo de la raza negra en un período social (finales de los cincuenta) realmente complicado en Estados Unidos. Gente como Ray Charles o Sam Cooke tomarían el relevo estético del hard bop creando un estilo mucho más definido que se fue separando del jazz y que se convertiría en un género por sí mismo.

La evolución del soul a lo largo de los años sesenta iría definiendo también un estilo de ritmo más marcado y de una estética más escandalosa que, curiosamente, recuperaría el término del "funk" para autodefinirse. El principio artístico era el mismo que el de mediados de los cincuenta, pero en esta ocasión contaría con un apoyo promocional que consolidaría la etiqueta como un nuevo género musical con su propia idiosincrasia.

"Retrospective", la caja aparecida ahora en torno a la obra de Horace Silver, sirve como ilustración sonora de todo el proceso. Horace Ward Martin Tavares Silva nació en Norwalk, Connecticut, en 1928 y a finales de los años cuarenta ya estaba trabajando por todo el estado como músico acompañante. Hitos en los principios de su carrera fueron sus servicios para Stan Getz, su debut en Nueva York junto a Art Blakey o sus grabaciones junto a Lou Donaldson, Al Cohn o Miles Davis, pero el pistoletazo de salida para su fama puede considerarse la grabación que tuvo lugar el 13 de noviembre del 54 en los estudios de la Blue Note. En aquel tiempo, Alfred Lion, el propietario del sello, había propuesto a Silver la grabación de un disco y, curiosamente, le dejó elegir a sus acompañantes. El pianista no se cortó y propuso a los mejores músicos a los que conocía y admiraba: Hank Mobley como saxo tenor, Doug Watkins en el contrabajo, Kenny Dorham a la trompeta y Art Blakey en el sillín de la batería. En una milagrosa decisión, Lion aceptó la formación y contrató a todos, lo que dio lugar al nacimiento de los Jazz Messengers. "Horace Silver and the Jazz Messengers" se publicó en 1955 conteniendo la sesión ya citada y otra realizada el 6 de febrero de aquel mismo año. Este álbum supone, para muchos, el salto de Silver desde la tradición bebop a las nuevas formas funkies del hard bop.

El pianista se convertía así en uno de los abanderados de las nuevas formas que iba a traer el jazz en los cincuenta. La gran orquesta estaba en decadencia en la época de postguerra, la mayoría de los artistas se limitaban a versionear standars y los músicos negros habían perdido terreno. Silver era el ejemplo del improvisador funky, recurría al blues en lo que se dio en llamar el "blue note" (término que apuntaba igualmente a la propuesta apoyada por el sello del mismo nombre) y ponía como mayor recurso el sentido emocional de la música, aquello que siempre había caracterizado el toque afroamericano.

Silver aguantaría poco tiempo en los Messengers y éstos escribirían, liderados entonces por Art Blakey, otra página histórica en el devenir de la música. Con sus propias formaciones, el pianista fue dando a luz a "Six pieces of Silver", "The stylings of Silver", "Further explorations", "Finger Poppin'", "Blowin' the blues away" y otros álbumes deliciosos en los que iba, poco a poco, consolidando y reformando al mismo tiempo su estilo, apareciendo éste siempre adaptado a corrientes de vanguardia.

Poco a poco, su música fue derivando hacia corrientes místicas que podrían encuadrarse dentro del incipiente hippismo de los años sesenta y, con el tiempo, su espíritu investigador le llevó de lleno al aspecto introspectivo y doctrinal que no dejó de lado ni la incursión en la música vocal ni el uso de instrumentos eléctricos. Su última etapa le volvería a llevar al hard bop, pero en aquel momento Silver estaba ya fuera de Blue Note, el sello que registró sus mejores e inimitables obras.

Su carrera entre 1952, grabando en trío, hasta 1978, momento en el que terminó una serie de álbumes temáticos que se cerraron con "Silver n' strings play The Music of the Spheres", es recogida en el citado "Retrospective". El álbum está formado por dos álbumes dobles, con un estuche cada uno, agrupados en una caja que también incluye un libreto con interesantes textos y con los créditos completos de los cuarenta y cinco temas elegidos. Entre ellos están casi todas las obras puntuales en la carrera de Silver, si bien, como suele pasar en todas las recopilaciones integrales, puede echarse de menos alguna que otra pieza más popular o conocida.

Para quienes quieran conocer la obra del pianista el disco es una oportunidad de lo más recurrente, aunque sería interesante buscar también las grabaciones que realizó con Davis (1954), Jay Jay Johnson (55), Art Farmer (54) y, especialmente, las publicadas a nombre de Art Blakey también en el 54 ("A night at Birdland, vols. 1 y 2" y "Jazz Messengers at Cafe Bohemia", ambas en Blue Note). Silver también tiene algunas grabaciones realizadas en Columbia en 1956, pero casi todo lo registrado muestra a un pianista que cede terreno a las versiones en lugar de su faceta de compositor.

E.P.

Horace Silver. "Retrospective". Blue Note

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