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Hamlet ha derrotado a todos los grupos foráneos dentro del territorio del nuevo metal Cerrando bocas gritando fuerte Son de los que han ganado a base de trabajo. Mejora y consistencia son adjetivos que los miembros de Hamlet podían tener como apellidos dado que, con casi todo en contra, han conseguido convertirse en los verdaderos número 1 del ambiente metálico de este país. Eso, en una tierra donde siempre prima más el guiri que el de aquí, es un mérito enorme. Es una afirmación incontestable: el 99% de los medios que se declaran "especializados" y que se dedican a informar sobre las tendencias más duras del rock solamente hacen caso a los artistas ensalzados por la prensa extranjera. Si por algún motivo este país se quedara aislado del mundo durante un mes, infinidad de programas de radio y revistas del gremio no sabrían con qué llenar sus espacios ante la falta de palabras de los gurús norteamericanos o británicos. Gracias a eso, multitud de bandas españolas son desconocidas para el público mientras que todo el mundo sabe, con tres años de antelación, lo que harán en el futuro mindundis que desaparecerán en tres días. Los miembros de Hamlet conocen el terreno de primera mano. Venden más que cualquier banda de fuera y llenan sus conciertos hasta la bandera. Sin embargo, tuvieron que consolidarse como la mejor oferta del momento para que los "expertos" dejaran de decir si se parecían a tal o a cual cosa. Tuvieron, como siempre, que confiar en el gusto del público, llegar a él poco a poco a base de directos y discos impresionantes. Ahora, con todo eso en su mochila, seguirán teniendo que esperar la repercusión en los foros integristas colgados por la última grabación californiana o por la enésima réplica neometálica. Han firmado, de largo, el mejor disco que se ha parido en la década dentro de eso que se ha dado en llamar "nuevo metal" y que no es otra cosa que la evolución de la música con sonido duro y poderoso. Se llama "El inferno" y deja en mantillas las últimas entregas de los iconos del género, bandas que se repiten como higos o que van para atrás en cada uno de sus trabajos. El disco ha tenido una gestación de un año y empezó a componerse el verano pasado. La banda, lejos de continuar su dinámica de gira-disco-gira, se lo tomó con más tranquilidad después de que su anterior "Insomnio" tuviera que grabarse casi a salto de mata. Eso generó que las canciones se cerraran antes y con mayor concreción y que, a la hora de entrar en el estudio, el grupo tuviera disponibles para grabar más piezas que nunca. Las pasaron a cinta en los Chapell Studios, una iglesia reconvertida colocada en medio de ninguna parte en el norte de Inglaterra, y con la colaboración de quien se ha convertido, con el tiempo, en el sexto miembro de Hamlet: el productor Colin Richardson. Hamlet apareció en escena en 1987. Entonces apenas eran una colección de adolescentes locos por imitar a sus estrellas del rock preferidas, aquellos músicos arriesgados que, partiendo del rock duro y del heavy metal, se empeñaban en inventar algo que estuviera acorde con los tiempos que vivían y no con la generación de sus padres. Cuatro años después les surgió la posibilidad de grabar y la aprovecharon. Hicieron un mini LP que salió con Dro con el que querían saber quiénes eran en realidad. Con el tiempo el grupo reconoce que, probablemente, habría sido mejor que se quedara en el estadio de las maquetas, pero no todo el mundo podía grabar un disco así en el 91. La decisión habría sido acertada a tenor de lo visto en "Peligroso", su primer largo, aparecido un año después. "Fue un desastre. No fuimos capaces de representar lo que el grupo era en directo. Quisimos hacer algo tan indefinido que terminamos dándole más importancia a la imagen que al sonido", comentan. La salida del disco coincidió con un momento flojo dentro del rock español y, por suerte o por desgracia, el grupo aún no parecía lo suficientemente maduro como para saber manejarse en un estudio. Todo se arregló, sin embargo, con su siguiente entrega. "Sanatorio de muñecos" (94) fue un álbum a reivindicar que demostraba que había bandas españolas que podían hacer las cosas lo suficientemente bien como para empezar a confiar en ellas. El disco supuso un cambio de compañía, un nuevo sonido más adecuado a lo que el grupo presentaba en el escenario y, por supuesto, críticas de quienes siempre se creen que todo lo que se hace aquí se ha hecho antes fuera. "En ese álbum pusimos muy bien lo que queríamos hacer y no habíamos conseguido expresar antes. Nos gustaban Judas, AC/DC, Pantera, Faith no More... Eran las bandas que nos influenciaban y mezclamos todo lo que habíamos aprendido de ellos tratando de buscar lo nuestro. Igual había demasiadas influencias, pero fue nuestra piedra filosofal. Nos quitamos de encima las presiones y, además, pudimos grabar en Estados Unidos. El disco representa realmente nuestra decisión de querer hacer música nuestra y ofrece también una enorme mejora. Era el disco que, por fin, nos definía". Con "Sanatorio de muñecos" pasaron de hacer diez conciertos al año a firmar sesenta y eso se dejó ver en "Revolución 12.111", un trabajo básico dentro del rock español que reflejaba realmente lo que el grupo quería, toda su intensidad encima de un escenario. "Era superagresivo y tenía todo el feeling que ofrecíamos en directo. Para nosotros fue un álbum muy especial", comentan mientras recuerdan la aventura que supuso que Polydor les dejara colgados con la grabación después de apalabrar un contrato que no llegó a definirse y que dejó al grupo con el álbum en la mano y con nadie que lo editara. La historia tuvo buen final cuando su oficina de management y los responsables de su anterior discográfica (Romilar-D) llegaron al acuerdo de liarse la manta a la cabeza y formar un nuevo sello: Zero Records. Los que apostaron recibieron su recompensa, pues "Revolución 12.111" se convirtió en un verdadero pelotazo que llegó a interesar incluso fuera de nuestras fronteras. Con todo, los amantes de lo simple seguían empeñados en que bandas de dinosaurios o grupos con perilla y bermudas que cantaban en inglés cosas inentendibles eran mejores propuestas que Hamlet. "Insomnio", su disco del 98, desterró cualquier expectativa negativa. Cambiaron Estados Unidos por Inglaterra, Tom Morris (productor de los dos anteriores) por Colin Richardson y una oferta de dureza por... lo mágico: "jugar más con las canciones. No queríamos repetir la oferta, por lo que utilizamos más las melodías y dimos el paso que necesitábamos dar. Fue cuando empezamos a preocuparnos realmente por las canciones en sí". ¿El resultado? Obvio: Hamlet se han convertido en uno de los grupos más grandes dentro del nuevo metal y han dejado en ridículo a todos los listos incapaces de ver más allá de las publicaciones norteamericanas. Cualquier grupo del otro lado del océano o todas las bandas del Reino Unido capaces de meterse en su territorio no son capaces de vender la mitad de discos que Molly, Luis, Pedro, Augusto y Paco, los componentes de Hamlet. Hablar de "El inferno" con alguno de los componentes de Hamlet es como hablar del hijo predilecto. Son conscientes de que en la actualidad son más personales que nunca, que su sonido en plenamente identificativo y que todas las influencias recibidas al cabo de diez años han dado a luz a una personalidad propia que poco tiene que ver con sus fuentes originales. "Hemos llevado cualquiera de los elementos de nuestra música al límite. Somos más melódicos, somos más fuertes... y todo eso mostrado en canciones", comenta Luis Tárraga, uno de los portavoces del grupo a la hora de atender a la prensa. "No queríamos repetirnos. Hemos denunciado todo lo denunciable y vamos a seguir haciéndolo porque creemos en lo que decimos. Sin embargo, en las letras del nuevo álbum no queríamos ser tan obvios ni repetir mensajes que podrían parecer ya utilizados. Por eso nos hemos servido de letras más personales, textos que hablan del malestar de cada uno, de situaciones que no siempre tienen por qué ser compartidas". A la hora de definirlo, Luis habla de "El inferno" como de "un verdadero disco de Hamlet, independientemente de lo que se lleve o que funcione. No es ni diferente ni igual a nuestros otros álbumes, sino un acercamiento más a lo que siempre hemos querido en nuestra música: que sea real, que, cuando la toques, puedas ofrecerla en toda su intensidad... Este álbum no habría nacido si no hubiéramos hecho los anteriores. Ahora sí que nadie podrá acusarnos de influencias, aunque, para bien o para mal, siempre las tendremos. Todos los grupos las tienen". Habla de su última creación como de un "álbum de fuerza en el que no se olvida la melodía. No se trata sólo de ofrecer agresividad o un sonido metálico. Hay muchos grupos que pierden el horizonte de la canción, que van al riff o al arreglo olvidándose de todo lo demás. Nosotros no queríamos eso y, de hecho, estas canciones podrían tocarse hasta en acústico porque son piezas completas, terminadas... canciones". El disco, como todos los anteriores de Hamlet, podrá ubicarse dentro del llamado "nuevo metal", pero, evidentemente, no responderá a los clichés que se esperan siempre y cuando se utiliza un eufemismo como éste. "Yo no sé si es nuevo o no, pero sí que se nos mete en ese apelativo. Nosotros no tenemos un DJ o un hombre-sampler tal y como llevan ahora todas las bandas que se encuadran en esa etiqueta y, desde ese punto de vista, podemos resultar hasta muy clásicos con nuestra formación de guitarras, bajo y batería. Si entendemos el nuevo metal como una forma de abrirse sí que somos de los grupos que no tenemos reparos a combinar ciertas cosas, pero no tenemos por qué fijarnos en los grupos de fuera para hacer eso. Muchos de ellos están sobrevalorados y en poco tiempo se ve que no valen, que no tienen imaginación". La gran asignatura que ahora apremia al grupo es crecer en público. No es desconocido el hecho de que aquí, en España, es imposible vender cifras impresionantes como en el terreno del pop o de las tendencias latinas de "cachete y pechito". "A nivel de ventas nos conformamos con repetir, ya que quizás nuestra música no puede llegar a más gente. Lo ves con el resto de los grupos, ésos que cuentan con compañías fuertes y campañas de promoción a tutiplén. Si mantuviéramos nuestras ventas sería todo un lujo porque, poco a poco, vamos calando en otro público por encima del que es fan de nuestra música. Eso sí: no sabemos cuántos son ni lo que hay porque lo que hacemos no es específicamente comercial", comenta Luis. Tras la tempestad viene la calma y, como dijo aquél, siempre es buena hora para echar la vista atrás y hacer recuento. Hamlet tuvo durante mucho tiempo una espina clavada en medio del pecho, pero ahora apenas queda la cicatriz. "En esto de la crítica y de la repercusión en medios hay mucha gente que confunde la amistad o las relaciones con la repercusión que tengas. Nosotros no solemos funcionar así y puede que por eso nos hayamos tenido que comer un montón de cosas. Hacemos lo que nos gusta, escalamos poco a poco y sabemos que si hiciéramos caso a lo que dicen los críticos probablemente ya no estaríamos haciendo música. En esto del metal hay bastante integrismo, pero el público no es tonto. Cuando empezamos a grabar con Colin, por ejemplo, él nos comentaba que le gustábamos más que otras bandas con las que había trabajado: One Minute Silence, Napalm Death, Machine Head... No es por ser presuntuosos, pero cuando alguien así te dice eso sientes que estás en la dirección correcta. Es como cuando tocas en el extranjero y ves que gustas a la gente. Es entonces cuando te preguntas si los críticos de aquí tienen algún complejo porque actúan así no sólo con Hamlet, sino con un montón de bandas que son españolas y que demuestran que están a un nivel excelente, mucho mejor que lo que nos venden los de fuera. Son gente a la que, a lo mejor, les hace falta ir a festivales como el Viña Rock para enterarse de quién conecta con la gente". El comentario no es baldío. Multitud de campañas de promoción se basan en el éxito de grupos sin sentido en festivales como el Dynamo o eventos parecidos sin darse cuenta de que la mayoría de esas bandas serían solamente un punto suspensivo en un cartel español. "Lo que hacemos está a la vista aun cuando muchos medios se nieguen a resaltarlo. Igual es que es ahí donde falta una renovación de ideas, ya que hay muchos críticos que aún andan debatiéndose entre etiquetas con las que ni ellos se aclaran. Esas posturas cierran muchas puertas, ya que hacen ver que a quien le guste Iron Maiden, por ejemplo, no le puede gustar ninguna otra cosa que no sea de la misma cuerda". Después de lo vivido, los miembros de Hamlet no tienen ningún miedo al cambio o a la evolución. "Cada vez se nos respeta más, pero sabes que siempre existirá la tendencia a martillear lo cercano. Parece que hay gente esperando tu próximo movimiento para empezar a tirarlo. Nosotros intentamos convencer con argumentos y no estamos cerrados a nada. No vamos a cambiar simplemente por cambiar, pero si encontramos algo que enriquezca nuestra música lo utilizaremos. Será siempre a partir de nuestra base, muy natural, y siempre a partir de lo que nos gusta tocar. Cada decisión que tomamos la pensamos mucho y no somos de los grupos que cambia de opinión día a día". Ya están pensando en su nuevo directo. Darán entrada a abundante material nuevo y seguirán ofreciéndose con un desembarco absoluto de potencia y rabia. Aún no han alcanzado presencia suficiente como para contar con una producción acorde con su numeroso público, pero es algo que está pendiente en las cinco mentes de Hamlet: "Es únicamente un problema de pelas, pero sí que pensamos en ello, ya que queremos crecer. Es de esas cosas que tenemos pendientes: un buen equipo de luces, mejor sonido, un escenario... un concierto también es eso. Aparte de la música debes dar espectáculo". Antes de grabar "El inferno" tocaron en Francia y Suiza y aún les queda pendiente una gira por Alemania que anularon para entrar al estudio. Los pasos internacionales para un grupo español son aún complicados si no cuenta con un importante apoyo económico por parte de su compañía y, por suerte o por desgracia, Zero Records es pequeña. "Intentamos que la gente se lo pase bien y, a tenor de los resultados, lo conseguimos. No somos de esos grupos que, cuando tocan su material en directo, demuestran carencias en relación a lo que ofrecen en los discos. Para nosotros, los discos son la excusa para salir a tocar. Es lo que nos gusta: ponernos delante de la gente y mejorar cada día". Entre sus próximos proyectos está la valoración del sello Century Media para participar en uno de sus recopilatorios. Los miembros de Hamlet saben que dicha etiqueta tiene distribución en todo el mundo, pero, de momento, impone que el material de los madrileños esté interpretado en inglés. "No sabemos si en este tipo de música el idioma es tan importante, ya que nosotros no queremos una especie de karaoke en nuestros conciertos. Nuestro sonido no pone la voz por delante, sino que hace que el oyente reciba el feeling de nuestra música por el conjunto que suena. Con eso es suficiente para que se dé cuenta de lo que estamos hablando. Hay un montón de bandas que conectan con la gente aunque no cante en su idioma", comenta Luis. También es posible que Hamlet aparezcan próximamente en un álbum recopilatorio que se está planteando como tributo a AC/DC. Al igual que el lanzado hace unos meses por Locomotive como homenaje a Iron Maiden, el disco sólo contaría con bandas españolas. "También íbamos a haber participado en aquél, pero éramos demasiados grupos los que queríamos tocar el mismo tema. Eso y problemas de fechas hizo que nos quedáramos fuera". Están abiertos a lo que les surja y periódicamente les cae la oportunidad de producir a bandas noveles. "Es algo que nos gusta mucho, una forma de aprender y, al mismo tiempo, de enseñar a los grupos nuevos aquellas cosas en las que nosotros nos equivocamos. La figura del productor es muy necesaria; siempre necesitas que alguien de fuera te diga cuándo te has equivocado y cuándo puedes hacerlo mejor. Yo nunca me autoproduciría: no creo que fuera bueno". A Luis le gustaría experimentar en un futuro con una grabación dividida en dos partes. Grabar los temas nuevos, dejarlos reposar, tocarlos en directo y volver al estudio con la lección bien aprendida para mejorarlos. Eso podría hacerse próximamente en España, ya que el único motivo que existe para que Hamlet grabe fuera de nuestro país es su colaboración con Colin Richardson, quien, de momento, no quiere dejar su país. "Lo que queremos cuando entramos a grabar es desconectar del mundo y olvidarnos de nuestros problemas diarios, pero eso también se puede hacer en España. De hecho, aquí hay estudios estupendos, de primer nivel", señala Luis. No son los miembros de Hamlet gente con orejeras. A la hora de escuchar música son tan abiertos como críticos y conceden el mismo espacio a sus viejos clásicos y a los artistas más reveladores del panorama actual. Cuando giran, en su equipaje entran cintas de Thin Lizzy en la misma bolsa que cassettes de Backyard Babies, Buckcherry o Korn. "Dentro de nuestro rollo, hace mucho tiempo que no escucho a nadie que me vuelva loco. Me han gustado los discos de A Perfect Circle o Deftones, pero me he quedado casi más impresionado con bandas a las que he descubierto ahora aunque ya llevan tiempo en la escena. Es el caso de Radiohead, por ejemplo. Molly dice que son como Pink Floyd en tanto en cuanto te llevan a otros niveles. Massive Attack es otra banda que nos ha impresionado en ese aspecto. También escucho mucho blues: me encanta. Recuerdo que uno de los mejores conciertos de mi vida fue el que vi a Johnny Winter en el Román Valero, hace mucho tiempo". Hablando del heavy metal tradicional, Luis piensa que "es una música que ha estado carente de evolución durante mucho tiempo y eso ha supuesto que músicos y público se cerraran en demasía. Eso sí: cuando ves a los grandes monstruos te das cuenta de que, por mucho tiempo que lleven en esto, todavía pueden enseñar a cualquiera. No necesitan nada: lo tienen todo ganado y, sin embargo, manejan el escenario con las mismas ganas que si fueran unos principiantes. Es como el caso de los Maiden, que en su última gira meten de teloneros a Entombed y Spiritual Beggars, bandas distintas con cosas diferentes. No se cierran en absoluto". Hamlet tampoco se cierra. Su último álbum es una lección de cómo hacer música en el inicio del nuevo siglo habiendo asimilado lo más relevante del nuevo. Su sonido, ya netamente personal, es un perfecto apoyo para temas que continuarán ampliando su repertorio de canciones fundamentales. Es un argumento enorme a la hora de poner a botar a públicos numerosos y, de nuevo, convencer a los más obtusos de que no hay que irse lejos para encontrar los mejores platos del menú musical que se puede disfrutar actualmente. E.P. Hamlet. "El inferno". Zero
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