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David Broza firma su decimocuarto disco cantando solamente en castellano El adaptador de poetas Fue en 1977 cuando David grabó su primer disco. Era un álbum en el que musicaba textos de Jonathan Geffen y se llamaba "Small talk". Desde entonces ha triunfado en Israel, su país de origen, y en Estados Unidos. Ahora lo intenta definitivamente en España con "Isla mujeres", un álbum en el que se sirve de textos escritos por Jorge Drexler, Joaquín Sabina y Javier Ruibal. Me sorprendió recibir en la redacción un álbum de David Broza con textos en castellano. Era uno de esos CDs grabables que ahora te envían como adelanto de lo definitivo sustituyendo a la antigua cassette sin créditos. El disco me pareció maravilloso, muy distante de los dos álbumes de David que habían aparecido hacia tiempo en el mercado español. Aquéllos eran "Time of trains" y "Second street", discos ambos que venían avalados por unos resultados estupendos en el mercado americano y en los que Broza ponía música a textos de poetas estadounidenses. En lugar de aquel sonido norteño, clasicote y netamente americano en el que David introducía con sapiencia el sonido de su guitarra clásica, en "Isla mujeres" había una esencia latina perfectamente dibujada y nada pachanguera. Ya sabes, nada parecido a ese sonido habitual que golpea actualmente las listas de radio fórmula y que está bloqueando las academias que enseñan a bailar salsa al son de Elvis Crespo o Chayanne. No. Esto no era ni lo que hace Juan Perro ni lo de Jarabe de Palo. Eran canciones del tirón, con una música exquisita en la que la instrumentación se medía para no agobiar y en la que el ritmo típico tropical no aparecía por ninguna parte. Era eso que David había querido hacer siempre: juntar tres culturas en un único álbum demostrando que él es, ante todo, un hombre con carácter mediterráneo. David nació en Haifa, Israel, y desde pequeño quiso ser pintor. Entre los doce y los dieciocho años vivió en España, estudiando en un colegio inglés y casi sin saber una palabra de castellano. Tuvo algunas experiencias musicales con sus amigos, pero lo que realmente le gustaba era vender sus pinturas en el Rastro madrileño. "Yo diría que era pintura figurativa. También hacia algo abstracto", comenta mientras se sirve un vaso de agua y rechaza el cigarrillo que le ofrezco. Sentados en las oficinas de la compañía que se ha atrevido a sacar su primer disco en castellano empezamos a hacer historia dado que, si algo pintoresco tiene que contar David son, precisamente, sus vivencias. "A los dieciocho volví a Israel para cumplir el servicio militar. Hasta entonces la música no me había calado y no tenía pretensiones con lo que hacía. Sí es cierto que el rock'n'roll ya me había influido lo suficiente como para que mis padres tuvieran que cambiarme de colegio en Madrid, pero, ante todo, seguía centrado en mi pintura. Era algo infantil, pero vendía". En los tiempos de milicia gastaba el tiempo cantando canciones de Serrat, de Camarón, de Lole y Manuel... de aquellos músicos que le habían influenciado durante su estancia en España. Fue en el último mes de mili, cuando le dieron el permiso habitual, cuando le surgió su primera experiencia profesional dentro de la música. El estaba planteándose qué hacer y casi se había decidido por ir a estudiar pintura a Rhode Island, pero el dinero escaseaba y el plan era francamente difícil. "Me llamó un empresario para que acompañara a Jonathan Geffen, un poeta israelí, en un espectáculo. Querían que yo hiciera algo de música y que, en sus descansos, tocara para entretener a la gente. Cogí el trabajo y no me fue mal. Cuando Saddat iba a venir a Israel a Geffen se le ocurrió que podíamos componer canciones que estuvieran basadas en la actualidad en vez de repetir siempre el show. Su intención era que hiciéramos una pieza cada semana". La primera fue "Y etov", se grabó en single y se convirtió en una especie de himno de la paz para los judíos. La segunda siguió un camino similar y fue número1 en las listas de Israel. Con la tercera ocurrió lo mismo: "Una persona de la CBS me dijo que era una tontería estar así, sin contrato, y que si que quería estudiar o montar algo ellos me lo cubrirían. Les daba lo mismo cómo pagarme: el caso era rentabilizar mejor esos discos que hacíamos casi de una manera aficionada". Fue entonces cuando grabaron "Small talk", un álbum que contenía todas las canciones que ya habían sido éxitos y que funcionó de una manera estupenda. En 1979 debutaría en solitario, sin el apadrinamiento de Geffen, y el resultado fue aún mejor. "Hacía treinta actuaciones cada mes y las chicas se quitaban la camiseta en mis conciertos. Era todo un éxito, pero... llegó la guerra del Líbano". Tuvo que marchar a la frontera, como todo soldado que estuviera en la reserva. David ya tenía mujer e hijos y no disfrutó nada el día que le mandaron recuperar su uniforme de campaña. El mismo día que le movilizaron tenía que empezar una gira y todo se vino abajo. "Pasé dos meses en el Líbano y cuando volví a Israel casi me había vuelto loco. No sabía qué hacer y lo que había construido se había ido al garete". Fue entonces cuando su mujer le propuso que adaptara al hebreo todas esas canciones españolas que cantaba en casa mientras tocaba la guitarra, piezas de Serrat, de Paco Ibáñez, de Cecilia... La idea resultó genial: volvió a grabar y en la primera gira que organizó vendió las entradas de sus conciertos con seis meses de antelación. Los dos discos siguientes que grabó, "Haisha sheiti" y "Broza", le permitieron hacerse con dos David's harp, algo parecido a los Grammy israelíes. Parecía que todo lo malo había quedado olvidado, pero... "no fue así. Tanto éxito, tanto éxito... y resultó que el promotor me había robado. En aquella época teníamos treinta y siete empleados y once músicos y en la cuenta corriente sólo nos quedaban diez mil dólares. Era el momento de empezar otra vez, de dedicar algo de tiempo a mi mujer y a mis hijos; así que nos fuimos a Estados Unidos. A volver a empezar". Aterrizaron en Miami y vivieron un tiempo en casa de los familiares de su mujer. Pronto, y gracias a sus contactos en Israel, encontró ciertas facilidades para volver a entrar en el mundo de la música. "Fuimos a Estados Unidos con Luis Lahav. El había sido mi productor en Israel y en América había trabajado en los dos primeros discos de Bruce Springsteen. Rompió con él porque, en uno de sus viajes, Bruce le quitó a su mujer. Cosas que pasan, ¿no? El caso es que consiguió seiscientos mil dólares y montamos una compañía de producción con la que nos gastamos ese dinero enseguida. Estábamos otra vez en marcha y, cuando no tienes más que tu arte, lo único que puedes hacer es ganar". La carrera de David en Estados Unidos siguió las pautas de su éxito en Israel. Continuó haciendo caso a su mujer y se dedicó a bucear en las bibliotecas buscando obras para musicar. "No podía comprar los libros, por lo que me pasaba horas y horas en las bibliotecas. Cómo sería que hasta los empleados me traían comida para que no parara. Siempre me ha costado un montón arreglar mi música hasta el punto que la considero buena y, realmente, no quiero hacer lo mismo con la letra. Hay letristas tan buenos que eso lo considero una pérdida de tiempo". El primer poeta al que le propuso adaptar su obra fue Matthew Graham. El norteamericano se sintió extrañado, pero David tenía motivos para justificar su argumento. "Yo había participado en 'Poeta en Nueva York', el disco que se hizo como homenaje a Lorca y en el que también participaban Leonard Cohen y Paco de Lucía. Graham dijo que lo que era bueno para Lorca no podía ser malo para él, por lo que no sólo aceptó, sino que me puso en contacto con otros poetas". Mientras él se ocupaba del repertorio sus amigos continuaban buscando financiación para llevar a cabo sus proyectos. Así nació Manhattan Records, sello que fue adquirido enseguida por EMI America. "Con ellos grabé 'A way from home', mi primer disco americano, y lo cierto es que funcionó bastante bien hasta que la compañía lo mató. Estaba en plena gira y mis discos no estaban en las tiendas. La excusa que me dieron fue que se habían olvidado de meter los discos en los camiones". A esas alturas David simultaneaba su trabajo en Estados Unidos con su actividad en Israel. En América se convirtió en profesor de literatura norteamericana en el Bennington College de Vermont y consiguió dar forma a un sello discográfico llamado November. Entre viaje y viaje grabó "Time of trains" en un sitio y "Massada live" en el otro. "En Israel quisimos hacer un gran concierto en Massada, pero pocas fechas antes de su celebración el promotor también me dejó colgado. Tuvimos que inventarnos una compañía de la noche a la mañana y lo montamos nosotros grabando el álbum en directo. Vendimos ochenta mil copias, volvimos a ser solventes y compramos los masters de las grabaciones que había hecho en Estados Unidos". Fue una decisión acertada porque, al poco tiempo de aquello, David se levantó de la cama con su foto impresa en la primera página del Billboard. El titular que había junto a su cara decía "¿Qué va a ser de David Broza?". November había quebrado dado que los inversores que prestaron el dinero para llevar a cabo la empresa no pudieron aguantar más tiempo sin recuperar sus beneficios. "Wall Street es salvaje. ¿Cómo pueden pretender que cualquier negocio dé beneficios en seis meses?" Con todo, no fue el peor de los momentos de su vida. Había puesto en la calle "Elements of love" y el disco funcionaba; realizó giras internacionales que le permitieron convertirse en un asiduo de los WOMAD y, además, terminó actuando en España volviendo a una tierra de la que ya casi ni se acordaba. Fue un concierto en el Círculo de Bellas Artes, en 1995, uno de ésos en los que el público podía acercarse a un desconocido y notar que allí había talento. No se tardó demasiado en encontrar un representante en España y en gestionar la aparición de sus discos aquí. Primero llegó "Time of trains" y un par de años después "Second street". Aquellos álbumes llegaron con una importante aureola, ya que David contaba con un currículum importante en el que podía presentar colaboraciones con Spyro Gyra o conciertos a la par con gente como Sting, Dylan o Van Morrison. "Fueron conciertos en Israel. Los promotores querían juntar a quince mil personas, pero esos artistas, por sí solos, no consiguen aglutinar tanta gente allí. De ese modo, yo tocaba primero y ellos después, como si fuéramos dos cabezas de cartel". Desde entonces han llegado "The long road", disco que no vio la luz en nuestro país, la creación de una escuela de música en Tel Aviv subsidiaria de la famosa Berklee College donde ha estudiado, por ejemplo, Noa, y la creación de una suite para guitarra y orquesta que todavía está esperando verse reflejada en disco. "Me lo propusieron hacer en Texas, en el 94. Me sorprendió tanto que dije que sí y trabajé duro hasta que tuve cuarenta minutos de música arreglada para una orquesta de cuarenta músicos. Cuando lo entregué me dijeron que se les había olvidado decirme que sólo querían nueve minutos para una orquesta de veinte violines". Como guitarrista, David admira a Michael Hedges, John Renbourn, Richard Thompson y Paco de Lucía; más que la eléctrica, él siempre se ha decantado por la guitarra clásica con cuerdas de nylon. "Hace diez años me tropecé con Alejo Stivel en Manhattan, pero yo no le conocía ni a él ni a Tequila. Sin embargo, él me conocía a mi. Se ofreció para producirme un disco y me regaló una camiseta de Los Lunes. Hace un año Jorge Drexler me invitó a una fiesta de cumpleaños poco después de que consiguiera el contrato para hacer la música de la serie 'Raquel busca su sitio'. Yo no me enteraba de nada y no conocía a nadie. Resultó que el cumpleaños era de Alejo". Alejo terminaría siendo el productor de "Isla mujeres", un disco que supone el aterrizaje de David en el mercado español y en el que el guitarrista adapta textos de Jorge Drexler, Sabina o Javier Ruibal. "Cuando conocí a Jorge conectamos muy bien. Fue hace un año y recuerdo que, en una semana, vimos que habíamos hecho las semillas para un nuevo proyecto. El fue quien me presentó a Sabina, un letrista que me encanta. A Javier llegué por medio de Carmen Gárate. Le vi en un concierto y, cuando fui a saludarle, me comentó que conocía las adaptaciones que había hecho de Serrat. El y yo somos muy diferentes, pero tenemos algo en nuestra manera de tocar que nos acerca mucho". David define "Isla mujeres" como su "última parada". "Tengo que utilizar la información que tengo y pienso mantenerlo todo a la vez. Puede que haga discos diferentes para cada mercado, pero me gustaría que todo tuviera una relación entre sí". Su álbum en castellano se grabó en el estudio de Alejo a lo largo de seis meses y en un tiempo real que no superaría las seis semanas. Después llegó el momento de proponerlo a una compañía y, en esta ocasión, no hubo problemas. "Siempre es más fácil encontrar compañía que material. Hasta que no tuve esto no me planteé lo otro". El guitarrista se declara incompetente a la hora de definir el álbum: "Son canciones de amor y desamor, pero, curiosamente, éste es de los discos más felices que he hecho. Hasta en los momentos de tristeza hay algo que me resulta muy positivo. No tiene momentos de presión", señala. Actualmente David tiene a su hija mayor cumpliendo el servicio militar en Israel. "Se enfada porque su padre no tiene un Grammy", dice mientras me enseña su foto vestida de soldado. Al lado, otra fotografía en la que aparece su chavala cantando en público. "Todos mis hijos cantan. Cuando empecé a hacer giras por Estados Unidos les eduqué para que se pagaran su billete", recuerda. Todavía es pronto para hablar de los próximos pasos que David dará en sus contactos con la música. Recién salido su disco al mercado aún no tiene planes para presentarlo en directo ("no sé muy bien con qué antelación se contratan aquí las giras"), pero sigue dando vueltas en su cabeza a proyectos diferentes que ocuparán su tiempo en el futuro: "me gusta el house, el trance, el jungle... Quisiera hacer algo en ese terreno y conozco a un DJ israelí que trabaja en Ibiza y con el que tengo un proyecto en mente" E.P. David Broza. "Isla mujeres". Dro
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