El cineasta ha estrenado "Calle 54" para asombro de incondicionales del jazz
latino
Noviembre del 2000
Hablando de música con Fernando Trueba
"Calle 54" es la gloriosa película de Fernando Trueba sobre el jazz latino que todavía puedes ver en pantalla grande y que se complementa con un disco doble (Chrysalis/EMI) y un tomo, "Calle 54: el libro de la película" (SGAE). Trueba habla de las interioridades del rodaje con Diego A. Manrique. Las fotos son de Jordi Socías.
El título que hemos puesto no es casual. No hay muchos directores españoles de cine con los que puedas tener una conversación instructiva sobre música. Trueba está en ese selecto grupo. Y su militancia es constante, no coyuntural; le puedes ver comprando CDs en la tienda madrileña de Manzana, te le encuentras en los conciertos veraniegos del Conde Duque... No como otros que yo me sé.
Ocurre, además, que Fernando, aunque asegura "escuchar todos los tipos de música", tiene una devoción especial por el jazz latino. Y ha comprometido su tiempo y su dinero con una película única, que te permite disfrutar del jazz como nunca, que te hace sentir un espectador privilegiado: "Calle 54", que es un musical, no un documental, como insiste su autor.
Cada número de "Calle 54" goza de un tratamiento cinematográfico diferente. Algunos incluso levantan aplausos espontáneos de los espectadores, quienes deberían salir a buscar la banda sonora (con tres temas extra, grabados en las mismas sesiones) y el libro, con bellas fotos de Jordi Socías y discografías puestas al día.
No resulta una novedad esta pasión de Trueba. Ya había "latin jazz" en "Two much". Y su insistencia de famoso aficionado permitió la salida de un libro único, patrocinado por la SGAE, "Diccionario del jazz latino", con Carlos Galilea y Nat Chediak.
Trueba roba tiempo de sus compromisos cinematográficos --el más próximo, el rodaje de "El embrujo de Shangai"-- para realizar semanalmente , en compañía de Chediak, "Manteca", un apetitoso programa de jazz latino que Radio 3 emite los viernes de diez a once de la noche (posteriormente se reemite en Radio 1).
Y Trueba es uno de los animadores del sello Lola Records, que ha conseguido un Grammy (latino) con su primera referencia, "Spain", los duetos de Michel Camilo con Tomatito, que además se ha vendido bien (más de veinte mil copias sólo en España). Para pronto, un disco de Perico Sambeat y, posteriormente, el testimonio del reencuentro de Bebo Valdés con Cachao y Patato. Que fue uno de los momentos mágicos que siguieron al rodaje de "Calle 54".
-- "Bebo vive en Estocolmo desde que se casó con una sueca. Cachao reside en Estados Unidos y ambos están en esa edad en que suspenden viajes y conciertos por cuestiones de salud. Ojalá me equivoque, pero tienen más de ochenta años y me parecía que era la última oportunidad de juntarlos en un estudio. ¡Ah! También grabó con ellos Paquito D'Rivera en algunos temas".
-- ¿Quién seleccionó el repertorio de "Calle 54"?
-- "Casi siempre, yo. Hubo mucho lío con Tito Puente, que tal vez era el más estrella de todos. No en el sentido de divismo, sino en el de tener un calendario repleto. El problema era que siempre andaba muy ocupado. Me citó en un concierto de homenaje a (el batería) Max Roach, llegué allí ¡y resulta que Max Roach se pone a morir! Obviamente, no se decidió nada. Yo le propuse la formación, no quería la banda grande, le rogué que tocaran Hilton Ruiz, Giovanni Hidalgo y Mario Rivera: él insistió en Dave Valentín. Le pedí que no hubiera batería y que tocara tanto timbales como vibráfono. El tema se eligió esa misma mañana: fue 'New arrival', una composición de Hilton que nos gustaba a todos. Lo único que tenía claro era que no se hiciera 'Oye cómo va' ni ninguno de sus éxitos".
-- Tito es el único que hace payasadas en la película...
-- "El tenía esa cosa chistosa, divertida, esa voluntad de dar espectáculo. Pero no es incompatible ser un músico extraordinario con ser showman".
-- Gran idea lo de meter una rumba con Puntilla y Patato y esa fantástica pareja de bailarines...
-- "Algo que la música me impuso, la necesidad de evidenciar la raíz africana del jazz latino. Estos músicos son jazzistas, pero en el fondo se consideran rumberos. Puntilla no hace rumbas para turistas y tampoco busca comercializar algo tan duro como una sesión de percusión y canto. Lo suyo es auténtico, pero también evolucionado. Hay tres generaciones de rumberos en esa sesión y se notan las transformaciones, que aquello suena vivo. No es tan folklórico como para que suene a Coros y Danzas ni tan light como para perder su esencia".
No te fíes de todo lo que leas
-- Lo curioso es que en el disco de la banda sonora, tan cuidado (fotos de Socías, texto de Chediak, diseño de Mariscal), se ha colado una errata: pone que el contrabajo lo toca Andy García (el actor) y es Andy González...
-- "Le he mandado una copia a García, para que pueda presumir de que una vez tocó con Patato y Puntilla "(risas)". Hay otra segunda errata y también tiene que ver con un contrabajista: en el texto de presentación del disco se dice que Javier Colina es colombiano. Y no: ahora vive en Bogotá, pero es navarro".
-- Colina está en el número flamenco de Chano Domínguez, donde llama la atención que Tomasito baile con mocasines...
-- "Es lo primero que vio Rafael Azcona "(el guionista)" cuando me visitó en la sala de montaje. Se quedó maravillado con el hecho de que Tomasito no usara botines. Ese número, que Chano preparó en exclusiva para la película, es todo una película: las miradas, los solos, el primer plano de (el cantaor) El Kejío".
-- ¿Fue un shock para los gitanos el encontrarse en Nueva York?
-- "Tomasito ha viajado mucho (creo que ha estado hasta en Japón), pero igual era la primera vez que El Kejío se subía a un avión. Según llegaron, me los llevé al Birdland a ver a Chico O'Farrill y su orquesta, cenaron algo y nos fuimos al Sweet Basil, donde tocaba la Fort Apache Band. Jerry subió a Chano a tocar, los gitanos se pusieron a dar palmas y fue tremendo".
-- Hay hasta erotismo en la interpretación de "Samba triste" por Eliane Elias...
-- "Ella siempre toca descalza y se me ocurrió tomarla desde el pedal hasta arriba, como una caricia de la cámara. Tiene toda la sensualidad de la música de Brasil, aunque esté acompañada por un japonés y un norteamericano. Los brasileños que han visto la película se han quedado boquiabiertos ante los dos tíos. Y es que el batería, Satoshi Takeishi, ha vivido en Colombia, conoce todos los ritmos latinos y habla muy bien el español".
-- En contraste con el colorismo general, es muy llamativo el tema de la orquesta de Chico O'Farrill en bicolor. Parece casi un ejército en formación de ataque...
-- "Sí, por los metales. Lo bueno es Chico, que entonces estaba delicado de salud, verle revivir en cuanto se pone frente a la banda".
Ultimo tango en la gran manzana
-- Muy emotivo lo de Bebo tocando "La comparsa" con su hijo Chucho, que puede zamparse a cualquier instrumentista pero allí se dedica a acompañar...
-- "Es el respeto al padre... y al maestro. Chucho es un príncipe en todo momento: en comportamiento humano y en vestimenta".
-- El "Lágrimas negras" de Bebo con Cachao es, nunca mejor dicho, como para llorar...
-- "Aquel día cayeron lágrimas de verdad en el estudio. Le suelta Bebo: 'Cachao: ¿quién nos iba a decir a nosotros en La Habana que dentro de cincuenta años estaríamos grabando en Nueva York?'. Y responde Cachao: '¿quién nos iba a decir a nosotros entonces que dentro de cincuenta años estaríamos vivos?'".
-- Cachao es sabio; parece un Buda negro...
-- "Infunde respeto. Allí estaba Beverly D'Angelo, esa actriz que se casó con Al Pacino, y se acercó para besarle la mano. Pero Cachao también tiene peculiaridades. El se siente andaluz, te cuenta que su abuela era de Sevilla... ¡Y se cree blanco! Al menos, dentro de la gama de mestizajes que hay en el Caribe. De vez en cuando se me acercaba y me hacía una señal, frotándose la piel, y susurraba: 'cuidado con ése, que es negro'. Ya sabes: el racismo inconsciente de muchos cubanos...".
-- Queda bonito el salto de Chano Domínguez en un vaporcito en el Puerto de Santa María y, al momento siguiente, acercándose a la Estatua de la Libertad...
-- "Quería que hubiera ese tipo de escenas entre número y número, para que la película respirase. Lo de Chano tiene un simbolismo claro: el jazz, y especialmente el latin jazz, viaja. Todo el jazz es una historia de emigrantes y su capital es Nueva York, donde trabajan jazzistas cubanos, brasileños, portorriqueños, dominicanos, argentinos...".
-- Se agradece que hayas rescatado a un músico tan genial y tan desprestigiado como Gato Barbieri...
-- "Gato puede ser difícil en el trato personal, pero su problema principal es que sufre mucho las limitaciones de la industria americana. Le obligan a hacer smooth jazz, música de ascensor o de restaurante, ya sabes, lo que suena en las emisoras de 'light jazz'. Lo terrible de los americanos es la tendencia a uniformizarlo todo, a evitar que haya cosas diferentes. Gato está pensando dejar de grabar y dedicarse únicamente a las actuaciones".
Técnicos apabullados
-- Ante semejantes monstruos, ¿qué reacción tenían los miembros yanquis del equipo de rodaje?
-- "Había técnicos norteamericanos, pero, al ser una coproducción, también franceses y españoles. Y visitantes tipo David Byrne o Danny Aiello. Todos se entusiasmaron. El rodaje de la película se retrasó casi medio año para que pudiera participar Thom Cadley, el técnico de sonido de ese estudio que también hace trabajos exteriores. Había oído grabaciones suyas hechas allí con Wynton Marsalis, Suzanne Vega, Patti Smith...¡y eran increíbles! Con la última tecnología logra la máxima calidez, como si te estuvieran cantando o tocando a un par de metros. Para mí, estar a su lado fue como hacer un master de sonido".
-- ¿Se enrolló?
-- "Y tanto. Hace un par de semanas hice un pase privado en Nueva York y estaba allí. Es un tipo muy cool, muy distante, pero terminó la película y le oí llamar a su mujer: 'oye: no sé a que hora voy a ir. Tenía que decirte que acabo de ver lo mejor en lo que he trabajado en mi vida'. Esa noche incluso fumó y se emborrachó. Me decía que le había gustado tanto que ni se había enterado de su trabajo".
-- Pues el sonido es apabullante...
-- "En 'Calle 54' se ha hecho algo único. Primero se masterizó la música, con Mark Wilder, el tipo que trabaja en las reediciones de Miles Davis. Claro: eso suponía que la imagen era esclava del sonido y que ya no se podía tocar nada. Pero es que, de verdad, la música manda en esta película. Tanto Cadley como Wilder entraron en el espíritu, no se asombraban de que yo les mandara otra vez a trabajar: 'quiero que la rumba suene más bárbara'. O les proponía herejías. Me atrevía a quejarme de que el contrabajo de Cachao sonaba a disco americano, que prefería que se oyeran los ruidos no deseados de la madera, las cuerdas... Aceptaron y lo lograron. Se trataba de preservar la verdad y creo que se consiguió".
-- Lo que me agrada es que sea un director español el que se comprometa con una música. Puede que haya cineastas muy melómanos, pero, aparte de Carlos Saura, la música en estado puro no es la materia con la que trabajan. Incluso Buñuel y Berlanga odiaban meter música en sus películas...
-- "No siempre. Seguramente los del cine teníamos las mismas carencias que el resto del país. Pero todo está mejorando. Yo siempre había oído que en España no existían buenas secciones de cuerda, pero ahora sí que hay grandes formaciones de músicos clásicos. No nos damos cuenta, pero este país ha superado su travesía del desierto y está mucho más preparado que en los tiempos franquistas En todos los ordenes".
Los que quedaron fuera
-- Cuando terminó el estreno de la película, algunos de los espectadores empezamos a hacer listas de los que faltan. Por ejemplo, aparte de la rumba, no hay cantantes...
-- "Es un defecto mío: prefiero los instrumentistas. ¿Sabes una cosa? Yo no quería que 'Calle 54' fuera una muestra perfecta del jazz latino: decidí que tenían que estar mis favoritos y punto. Están los que yo oigo, lo que yo vivo, lo que me emociona, los artistas de los que tengo toda su obra, en vinilo o en CD. Aparte de eso, evité lo repetitivo en temas y en formaciones; quise que hubiera un abanico, una variedad... A mí también me faltan Steve Turré, Claudio Roditti, el pobre Mongo Santamaría que está retirado...".
-- Falta Ray Barretto...
-- "Me gusta, pero me da la sensación de que está viejo, que es un oso cansado".
-- Otra ausencia llamativa: Eddie Palmieri...
-- "Tengo sus discos, pero no es de mis favoritos. Meterle en la película hubiera sido ceder al prestigio del apellido. Amo más la música de su difunto hermano, Charlie Palmieri, que tiene grandes discos de salsa y fantásticas sesiones de jazz, 'A giant step', o las descargas de las Alegre All Stars".
-- Me hubiera encantado que aparecieran NG La Banda, José Luis Cortés tocando jazz, aunque no en plan brasileño, como cuando graba para el mercado japonés; No, El Tosco, con su sección de viento; Los Metales del Terror, que es lo más fuerte que se puede oír en Cuba...
-- "No sigas. Sé que podría hacer otra 'Calle 54' sin repetir músicos, pero todos los que están son y era imposible que estuvieran todos los que son. El jazz latino no vende muchos discos, pero es un movimiento muy extenso que incluye no sólo a músicos de origen latino. En Toronto conocí a Jane Bunett, que es una flautista canadiense que graba en La Habana...".
-- ¿No se te ocurrió rodar "Calle 54" en un concierto?
-- "No, aunque sé que hay películas de rock excepcionales hechas en concierto, como 'El último vals' o 'Stop makin' sense', pero el mensaje que transmiten es 'tú no estuviste allí pero ahora puedes disfrutar un poco de lo que ocurrió'. Yo quería ofrecer una experiencia intimista, el sentimiento de que están tocando en exclusiva para el espectador. Estás dentro, te sientes al lado de los músicos...".
-- Es cierto. Lo de Bebo y Chucho Valdés, con el hijo reprimiéndose para que vuelen los dedos del padre...
-- "Y en el trío de Michel Camilo, donde ves las miradas, los juegos de complicidad...".
-- Por cierto, que el número de Camilo está entre los más aplaudidos por los espectadores...
-- "Participa Horacio 'El Negro' Hernández, un batería increíble que también toca con Chico O'Farrill y que es un tío encantador. Está empeñado en que le dé un papel como actor: 'chico: yo quiero ser un nuevo Antonio Banderas'. El día que le grabamos llegó y me dijo: 'fíjate en mí: estoy componiendo un nuevo personaje'" (risas).
Diego A. Manrique
Varios. "Calle 54". Chrysalis
| Indice |