|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Allan Holdsworth vuelve a la escena tras cinco años sin disco. Marzo del 2000 El enigma comercial Es uno de los guitarristas más respetados de la escena. De cualquier escena. Sin embargo, pertenece a esa extraña fauna de los músicos malditos que otros han dado en llamar "enigmas comerciales". Maestro de maestros, ha pasado larguísimas temporadas sin una compañía que le pusiera un disco en la calle y todos los proyectos que ha fundado han pasado a la historia con una mínima repercusión de ventas. El asunto no parece tan extraño cuando se le conoce de cerca. Si algo define a Holdsworth es su capacidad para el antiheroismo. Cualquiera diría que es un ejecutivo que no puede comprarse un traje. Aparece en el hall del hotel con el estuche de su guitarra y con esa cara de despistado que siempre le ha caracterizado. Pide el tercer café del día y se muestra contento de estar en Madrid, una ciudad que "vive por la noche". Ya no es un jovencito, pero, a sus cincuenta y cuatro años, no se conserva mal. Le pregunto dónde se ha metido durante tanto tiempo. El último disco que apareció de su grupo, IOU (un juego de palabras inglés que se pronuncia igual que "te debo"), fue un directo grabado en Japón que apareció en España en el 98 pero con material del 84. Además, aquel disco era una especie de pirata en el que él no tuvo nada que ver, por lo que hay que remontarse al 96 para encontrar lo último que lanzó. Aquello fue "None too soon", pero tampoco era un disco cien por cien Holdsworth dado que estaba cubierto de versiones. El tocaba, cierto, pero no era su música. Lo más reciente de este hombre, nacido en Bradford, condado de Yorkshire, es "The sixteen men of tain", un trabajo ciertamente personal en el que quedan plasmadas todas las esencias del guitarrista. "El motivo de que haya tardado tanto en grabar un disco es, simplemente, que no encontraba una compañía que me lo editara. Intenté sacarlo por mi cuenta, pero, cuando llevábamos tres días grabando, vi que se me había acabado el dinero. Luego, entre las giras y lo de la cerveza, he estado trabajando bastante y nunca encontraba tiempo para mezclarlo. He hecho dos giras europeas consecutivas y, si te digo la verdad, cada vez que entraba en el estudio me apetecía cambiar el material otra vez". "Lo de la cerveza" es un invento que ha desarrollado para que los camareros puedan tirar este espiritual líquido de la manera más adecuada, un mezclador maestro de esos gases que permiten que el fruto de la cebada salga por el surtidor con la presión correcta. Afortunadamente para Holdsworth, su cabeza es ocurrente para muchas cosas. El tinglado cervecero y su solvencia en directo le han permitido vivir en un momento en el que la música tiene una oferta considerable, una oferta a la que él, de todas maneras, hace poco caso. "Yo casi me planto en la dirección opuesta a lo que se hace en la actualidad. Me gusta mi sonido y no siento curiosidad por investigar en lo que se hace ahora. Lo único que sí quería era que este álbum tuviera composiciones mías, ya que en 'None too soon' no había ninguna". Su cabeza aún da para más. Un terreno en el que Holdsworth ha demostrado su categoría es el de diseñar guitarras. O instrumentos, habría que decir mejor. Hace tiempo que comenzó a aparecer en sus discos y en sus directos con la Synthaxe, una guitarra creada por él que le permitía tocar con el sonido de un saxofón, su amor platónico. Luego creo la DeLap Baritone, una guitarra de tonalidad diferente a las habituales y, durante los noventa, ha servido de constante inspiración para Ibanez y Charvel en la creación de diferentes modelos. Ultimamente se había dedicado a diseñar una serie de cinco guitarras basadas en los modelos de Steinberger. Eran de plástico, muy ligeras, no tenían clavijero y reproducían toda la sonoridad de una orquesta: "Quería hacer un disco con ellas, pero, como yo no las fabrico, tenía que estar un poco a expensas del plazo de producción. Alguna de ellas ha tardado en construirse hasta cinco años", señala. De ese modo llegó a un acuerdo con Carvin dejando de lado a su luthier particular. Carvin no puede reproducir exactamente las guitarras que él creó porque están patentadas, pero han hecho los buenos instrumentos que Holdsworth usa ahora. Cualquiera que escuche la obra de Holdsworth puede quedarse impresionado con ella. Curiosamente llegó a la guitarra por un problema que se iba a hacer eterno en toda su vida: la economía. "Mi padre era pianista, pero yo quería tocar el saxofón. Lo que ocurría es que era muy caro, por lo que un día mi padre apareció con una guitarra de mi abuelo y con eso me calló la boca. Yo no la hice mucho caso al principio, pero con el tiempo fui cogiéndola y aprendí a tocarla". Luego aprendería también el clarinete, encontraría a su amado saxo y se liaría hasta con el violín, instrumento con el que participó en Igginbottom, su primer grupo. Aquella experiencia no le dejó muy satisfecho, aunque llegó a ver un disco en el mercado ("Igginbottom's wrench", en 1969). De ciudad en ciudad y de grupo en grupo fue ganándose una cierta reputación. Después de salir del circuito rockero y adentrarse en el jazz terminó grabando con Tempest, un grupo que se movía en el terreno del incipiente heavy metal que se hacía a principios de los setenta. Más tarde volvería a ser todo un profesional en Nucleus, con los que tocó durante un año en directo, y con ellos se vio envuelto en aquello que se dio en llamar "sonido Canterbury". "Nunca entendí muy bien aquella etiqueta. Probablemente es porque se hicieron famosos cuatro o cinco músicos de Canterbury y por eso lo llamaron así". Cuando se le acabó la ilusión un ángel vino a verle y le colocó en el sitio más adecuado por aquella época, Soft Machine, una banda que terminó haciéndose clásica y que fue de las primeras y las más inteligentes a la hora de fusionar el rock y el jazz en Inglaterra. "Fue a finales del 73. Soft Machine estaban haciendo unos clinics en el Musician's Union y me invitaron a tocar con ellos. Al final terminé teniendo un puesto fijo en el grupo y disfruté mucho con ellos, pero tuve que dejarles. No podía desechar la propuesta que me hizo Tony Williams". Aquella fue su siguiente etapa, similar a una del Tour de Francia o del Giro de Italia, máximas carreras de un deporte que a Allan le encanta. Tony Williams era el líder de Lifetime y en la primavera del 75 se quedó sin su guitarrista, John McLaughlin, quien había tomado la decisión de cambiar de aires. "Fue una gran experiencia porque Tony buscaba músicos compatibles pero nos daba una libertad absoluta a partir de unos acordes y una melodía. Me gustó tanto que terminé adoptando esa manera de trabajar para mis grupos. En ellos, cuando cambia un músico, un batería por ejemplo, el sonido de la banda cambia casi por completo. Me encanta esa variedad y esa personalidad en los músicos", comenta Holdsworth. El caso es que, siguiendo la tónica habitual de este hombre, lo de Lifetime terminó como el rosario de la Aurora. En una gira por Estados Unidos su oficina de management les dejó colgados por no generar los suficientes beneficios y, lógicamente, el grupo se fue al garete. "Yo me encontré en San Francisco con los bolsillos vacíos y ningún sitio donde ir. Tuve que vender mi guitarra para comer y tuve suerte de que Alan Pasqua me pagará un billete para volver a Inglaterra. Allí estuve de casa en casa gracias a mis amigos. Fue una experiencia fatal". Lo siguiente fue Gong, una banda que tuvo cierto cartel dentro de la escena "canterburiana". Holdsworth apareció allí como por arte de magia de la mano de Nicholas Powell, el socio de Richard Branson en Virgin. Cuando esta compañía fichó a Gong Powell insistió en que necesitaban una guitarra para hacer más asequible su música. "Fue muy gracioso. Casi todos eran franceses, discutían mucho y no entendía una palabra de lo que decían. Quizás me estaban poniendo a parir y yo, mientras, con mi guitarra en un rincón tratando de componer cosas". Lo de Gong terminó porque en la historia de Holdsworth toda parece destinado a terminarse ("Es la ley de Murphy, ¿no?"). Afortunadamente para él comenzó a trabajar con Bill Bruford, un músico con el que sí se entendía a las mil maravillas. El percusionista es, como Allan, un enamorado del jazz progresivo, pero su capacidad le permite abordar cualquier estilo personalizándolo en su música. A Bruford le sugirieron formar parte de UK, una especie de superbanda que quería coger el hueco que habían dejado dentro del rock sinfónico unos silenciosos Yes (liados cada uno con sus proyectos en solitario) y unos Genesis que aún no había descubierto el potencial de Phil Collins. Junto a Bruford y Holdsworth formaban el grupo el bajista John Wetton y el teclista y violinista Eddie Jobson. El proyecto no cuajó dado que, en opinión de la mayoría, los grupos con cuatro cabezas suelen pensar muy mal. La opinión de Allan es diferente: "No había buena relación con Eddie. El quería que cada noche tocáramos los mismos solos que aparecían en el disco. Siempre igual. Y yo no pude más. Preferí dejarlo y participar en el siguiente álbum de Bill ,pero me ocurrió un poco lo mismo. Era un disco tan de estudio que apenas había espacio para la creatividad. Yo quería algo más espontáneo, más abierto, y, desde luego, nada de teclistas". Así fue como empezó a tomar forma la idea de crear su propio grupo, una banda en la que cada músico fuera libre, en la que el sonido resultara contemporáneo pero en la que, en el fondo, el espíritu improvisativo fuera como en el jazz. Si algo le faltaba para decidirse fue la respuesta que dieron las compañías al trío que formaron Jack Bruce, Jon Hiseman y él, tres músicos de altísimo nivel que no fueron capaces de encontrar ni una sola compañía que les grabara. Primero se llamó Allan Holdsworth & Friends, luego cambió el nombre a Handlebards, pasó a llamarse False Alarm y, por fin, consiguió establecerse como IOU en 1981. "El grupo empezó mal y sigue mal", comenta Allan refiriéndose a su poco eco comercial. "Siempre he querido hacer música muy particular, pero supongo que no se me ha entendido. Cuando firmé con Warner en el 82 pensé que era fantástico, que por fin había encontrado a gente que quería trabajar con mi música, pero enseguida me dejaron claro que pretendían otra cosa. Me comentaron si podía hacer algo más sencillo, más pop... Al final terminaron echándome". Desde el 82 ha editado once discos, bien en solitario bien con IOU. En su grabación del 82 recuperaba el violín, mientras que en "Avatachron" (85) presentaba al mundo su Synthaxe con el que luego haría "Sand" (87), "Secrets" (89), "Wardenclife tower" (92) y "Hard hat area" (93). En el 96 aparecería el citado "None too soon" y, después de ese directo fantasma, Holdsworth se reivindica con "The sixteen men of tain". Durante todo este tiempo Allan ha complementado su carrera discográfica con abundantes giras y con numerosas colaboraciones. La más curiosa de ellas es, sin duda, la que realizó para Level 42. "Resultó que Gary Husband, el batería con el que formé IOU, se había integrado en el grupo y, por lo que él me dijo, todos sus componentes eran fans míos. El caso es que me llamó y me propuso meter una guitarras en 'Guaranteed', el disco que estaban haciendo por esa época. Luego resultó que su guitarrista, Alan Murphy, murió de SIDA y se quedaron colgados con un montón de fechas concertadas para una gira. Me ofrecí a echarles una mano y aceptaron. Me resultó bastante divertido todo excepto lo de la gira. Terminé verdaderamente cansado, tocando siempre lo mismo en canciones que, evidentemente, no son mi estilo". Ahora hay muchos proyectos en su cabeza, pero, como siempre, poco dinero para desarrollarlos. Lo peor para el público español es que también resulta muy difícil que algún promotor se atreva a traer a este músico para presentarle en directo. "Me encantaría venir a España, claro. Hace que no vengo desde los años setenta y me gustaría volver a tocar aquí antes de morirme de viejo". El caso es que los guitarristas le adoran. Le comento que, días antes de hablar con él, habíamos entrevistado a Joe Satriani y que le había puesto por las nubes. Su cara no refleja ninguna ilusión especial, ya que guarda su compostura de inglés y resulta realmente un hombre muy modesto. Sin embargo, en el fondo de su cabeza él sabe que tiene tras de sí una obra válida, puede presumir de hacer única y exclusivamente lo que quiere y, en el fondo, siempre le quedará el invento de la cerveza para mantenerse en épocas difíciles. E.P.
|