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Viña Rock sigue batiendo records en cada una de sus celebraciones ¡Y brilló el sol! Resultaba una prueba de fuego. El festival de Villarrobledo pasaba de tener dos escenarios a cuatro, ampliaba su oferta y se preparaba para un aluvión de gente cuyo número suponía una incógnita. Al final todo fueron aciertos y hasta un tiempo lluvioso e inestable se confabuló para dejar lucir el sol durante el día grande. Lo cierto es que llevaba algún reparo. Muchas de las veces que el Viña Rock se ha presentado en Madrid ha sido apodado como el "festival del calimocho". Por alguna extraña razón (no sé de dónde podrá venir) eso había trasladado mi imaginación a un montón de tíos tirados en el suelo, borrachos como cubas y con el patoso subido. Luego, a la hora de la verdad, cuando a las cinco de la mañana del domingo 7 de mayo hacía balance de lo visto y oído, lo que veía era una mara de gente que caminaba plácidamente hacia la salida, un montón de hogueritas que algunos se hacen con los vasos de cartón que hay en el suelo por docenas y los últimos retrasados de la carpa de hip hop que han exprimido la función de DJ Griffi hasta que ya no les queda ningún recuerdo rítmico en el cerebro. El único problema es el frío; demasiada gente ha llegado aquí con una camiseta veraniega y los trapos de repuesto metidos en un macuto cuyo encargado dentro del grupo ha desaparecido siempre dejando colgados a los demás. El tiempo ha ayudado, no hay duda, pero a partir de las diez de la noche ya no hay sol que siga calentando el ambiente. En general veo contentos a quienes se van. El hecho de añadir este año dos escenarios más ha permitido diversificar la oferta musical y permitir que los asistentes ocupen un espacio de terreno enorme ubicados en grupos. Sin duda había mucho personal circulando de aquí para allá, pero, del mismo modo, había una importante cantidad de público que se apalancaba en un escenario y apenas se movía de allí entre grupo y grupo para buscar algo de bebida o irse a los rudimentarios cuartos de baño, que eran poco menos que una tapia. Los heavies al escenario patrocinado por "La Oreja Metálica", los del hip hop a su carpa, los rockeros en la enorme explanada donde se albergaba el escenario principal y los indecisos entre el mestizaje del escenario patrocinado por "Tipo" y un mercadillo con una golosa oferta de ropa y artesanía de ésa que tanto se ve por sitios como el Viña Rock. 6 de mayo. En cuanto echas un mirada a los horarios te das cuenta de que en todos los sitios no se puede estar, por lo que haces la gira de reconocimiento para saber dónde está cada cosa y compruebas rápidamente que hoy vas a hacer más kilómetros de los que has hecho en mucho tiempo. Pese a todo se hacen bien, ya que el grueso del público no se ha dado cita en el recinto. Muchos están buscando dónde montar la tienda, otros disfrutando del cordero que ofrece esta tierra y algunos, incluso, persiguen desesperadamente un villarrobledano o una villarrobledana que les sirva de compañía durante el resto del día y de lo que pueda surgir. Doce horas más tarde se comienza a hablar de que veinticoho mil almas han terminado con sus pies en el Viña Rock 2000, lo que empieza a consolidar la idea de que, poquito a poquito, este festival terminará convirtiéndose en nuestro Donnington particular. Nunca habrá tanta gente como en Inglaterra, pero, si te digo la verdad, tampoco es necesario sentirse como sardinas en lata. Lo único malo del asunto es que la comarca donde está ubicado Villarrobledo no tiene ninguna infraestructura hotelera para acoger a tal multitud. De ese modo, si quieres dormir en un hotel tienes que irte hasta ochenta kilómetros más allá para encontrar una cama, lo que obliga a la gran mayoría a disfrutar del festi solamente un día o llevarse la tienda y buscar un sitio donde plantarla. Como muchos toman la primera opción, los trabajadores de la Benemérita se apalancan a las salidas de Villarrobledo una vez acabados los conciertos para hacer soplar a todo el que maneje un volante. Después de una jornada estupenda no es cuestión de que nadie la estropee conduciendo en una situación en la que no debería. El día anterior, 5 de mayo, se ha realizado una fiesta de presentación con actuaciones tan suculentas como las de Narco, Freak XXI, Burning o Loquillo. Por lo que me cuentan, éste se negaba a tocar si A Palo Seko seguía instalado en el cartel y, por lo que se ve, ganó su partida, ya que los madrileños no llegaron a actuar. El Loco debe tener ya listo su próximo álbum y Burning está ultimando lo que será su primer trabajo sin Pepe Risi, disco que más de una compañía quiere para su catálogo aunque todavía no se sabe a ciencia cierta quién lo pondrá en la calle. Me comentan que el resultado de la fiesta fue de lo más jugoso, con trece mil personas asistiendo al espectáculo (gratuito) y con Loquillo solicitando ese camión que no termina de conseguir. El día grande del festival, el día 6, la primera actuación estaba programada a las 10:30, aunque no sé si llegó a celebrar. Yo estaba todavía metido en el coche que me llevaba a Villarrobledo y que terminaría su viaje en la central de acreditaciones, donde parece que todo funcionó bastante bien, ya que nadie con quien hablé sacó ninguna pega a dicha cuestión, algo extrañísimo en un evento de este tipo. Cuando, después de comer, conseguimos dejar el coche bien colocadito contemplamos desde el aparcamiento que Boikot está montando una buena en el escenario principal. Se oyen los ecos de "Pueblos" o de "Hasta siempre" y se ve un montón de manos levantadas mientras la mara se mueve como un oleaje. Contemplarlo desde aquí es un espectáculo precioso, aunque, lógicamente, no ves al grupo, por lo que habrá que irse acercando a los escenarios para ver cómo van de horarios y de todas esas cosas. S. A. sustituyen a Boikot en el escenario principal, Potato y Color Humano ya han caldeado el ambiente en el "Tipo" y ANIMAL está soltando lo suyo en la carpa cubierta donde dentro de poco van a empezar a desfilar los heavies. De todos ellos, tenía curiosidad por ver a Angeles del Infierno, banda casi legendaria dentro de este circuito pero que me resultan patéticos en apenas tres canciones. Cuando, teóricamente saludando, el vocalista se refiere al público como "cabrones" decido devolverles el piropo y dejarlos con sus grititos y sus poses espatarradas. Sólo volvería a ese escenario para cerrar el festival con la Bon Scott Band, un grupo que hace versiones de AC/DC y que se lo monta estupendamente sobre el escenario. El repertorio que tocaron, aunque no fuera suyo, y la manera como lo abordaron fue, seguramente, lo mejor que salió de esa carpa en todo el día. Barón Rojo consiguieron congregar a un montón de gente, pero no se veía a ésta pasárselo tan bien como con el homenaje acedeciano cargado de temas emblemáticos. Apenas pisé la carpa de hip hop en todo el día, pero cuando lo hice fue para comprobar que su añadidura al festival se podía considerar todo un acierto. Se mantuvo con una enorme cantidad de público durante todo el tiempo y, probablemente, mucha de la gente allí congregada asistió al festival solamente por su programación. Visto lo visto es factible que se mantenga en próximas ediciones, aunque sería conveniente reubicar todo un poquito para que los ritmos usados por los DJs no se entremezclen tanto con lo que suena en el escenario principal. El predominio de los graves y el volumen utilizado para esas frecuencias hacía que, en numerosas ocasiones, casi un tercio del público que se aposentaba en la gran explanada escuchara un curioso híbrido con el sonido proveniente de los artistas de hip hop. El escenario "Tipo" ya había presentado por la mañana (si es que nadie falló) a Calamity Jane, Lumumba, O'Funk'Illo y Bersuit, de quienes me contaron maravillas amigos que les habían visto. Lo primero que escuché yo allí fue la Banda Hachís, un grupo de contenidos cuya música es concisa y básica. Temas como "Seguro que lo saben todo", "No nos toques los atolones" o "Cómo pica el parné" agrupaban un discurso ocurrente en los textos con una forma divertida y, principalmente, rockera de mostrarlos. "Skabroso ska" fue un tema que animó al personal, mientras que "Mariposa okupa" mostró la tendencia del grupo a llegar a la gente con facilidad. Estopa me resultaron una decepción. Aunque su primer disco no me había llamado la atención, me habían comentado que en directo son una oferta nada despreciable. Yo les vi en un plan de lo más lolailo mientras abordaban "Como Camarón" o "Los Chichos" y, realmente, no me parecieron nada del otro jueves. Tocaron también "El yonqui", "Estopa", "Cacho a cacho" o "La raja", pero, fuera por lo que fuera, no terminé de cogerles el truco. Tras ellos tocó Macaco, grupo que evité porque les había visto hacía muy poco en el Espárrago jerezano (o en lo que quedó de él) y el estómago ya me estaba dando avisos de escasez. Volví por allí para escuchar un rato a Todos tus Muertos, grupo que me dejó una gratísima impresión con una música suave, muy mezclada y con elementos exóticos. Aportaban elementos de hip hop, de reggae, de rock... todo muy bien empaquetadito y con una presencia escénica muy llamativa. El escenario "Tipo" lo cerraron los aragoneses Ixo Rai!, quienes se quejaban, después de su actuación, del frío que acompañó a la misma. Eso, según ellos, hizo que lucharan contra un público al que le costaba arrancar, aunque yo creo que, finalmente, se lo llevaron al huerto. Ixo Rai! pusieron en escena un show que contrastaba con todo lo visto hasta el momento. Allí aparecieron sus muñecos, sus curiosas coreografías que terminan contagiando al más pintado, su apabullante consistencia musical, sus ocurrentes presentaciones y su folklore volcánico que ataca directamente a los pies del personal. Puede que tardaran un poco en entrar en erupción, pero consiguieron hacerse acreedores al hipotético título de "cabeza de cartel" de ese escenario. El escenario grande era muy, pero que muy, grande. En la explanada donde se acomodaba el público se habían habilitado tres enormes carpas abiertas por los lados. Cumplían la función de servir de refugio a la gente por si empezaba a llover, pero, por aquello de la suerte, únicamente hicieron la labor de albergue para quienes querían reposar sus huesos en el suelo después de un baile desenfrenado. Baile de ése hubo un montón con Porretas, banda que tiene en danza su gira "Cerveza y orinal". En la misma se hacen un repertorio de espasmo seleccionando sus temas más populares con algunas de las versiones que han incluido en su último "Clásicos". Así sonaba tanto el "Antimilitar" como el "tequiliano" "Necesito un trago", el "Tontolculo" como el "Esto es un atraco" de Burning... En conjunto, creo que Porretas se ha ganado de largo su derecho a ser uno de los platos fuertes en este tipo de festivales. No atruenan, suenan cada vez mejor, su repertorio es más válido y más popular cada día y en directo se curten el cobre desde que empiezan hasta que les echan. Recordaron más temas de "Clásicos" ("Pongamos que hablo de Madrid", "Sí señor"...) y no dejaron que se escaparan piezas tan fundamentales en su repertorio como "La del fúrbol" o su himno identificativo. Se lo habían puesto difícil a La Polla, pero, a estas alturas, Evaristo y los suyos ya no se inmutan ni aunque toquen con los Rolling Stones. Aparecieron por el backstage, subieron al escenario y, como quien se toma un café con leche, desgranaron un repertorio larguísimo. Desde que empezaron con "Nuestra alegre canción" hasta que terminaron con "Toda la puta vida igual" pasaron por las manos del grupo más de una veintena de canciones. En todas, la actitud del grupo fue más o menos la misma: sabemos lo que queréis y os lo vamos a dar. No entraron en artificios ni prepararon nada para la ocasión; simplemente dispararon certeramente, con un sonido digno y contando siempre con platos fijos como la "Salve" o "Carne pa la picadora". Puede que a los norteños se les pueda acusar de inmovilismo o de una evolución demasiado escasa, pero lo cierto es que lo que hacen parece divertirles a ellos y gustar a su público. Y llegaban los, a priori, artistas fundamentales de la noche. A estas horas el frescurri hacía su aparición y la camisetita con dibujos se empezaba a quedar un poco corta. A la derecha del escenario se colocaba una segunda pantalla de vídeo que sustituía a un muñeco promocional movible por el aire que había estado todo el día dale que te dale. Mientras, Rosendo, Mariano y Rafa daban los últimos toques a un repertorio que, en general, pareció corto. Nada más subir al escenario un percance de sonido hizo que se tuviera que volver a afinar la guitarra, pero eso no pareció desmotivar a nadie en cuanto comenzó a sonar "Como el pico de un colchón". Rosendo hizo una actuación propia de festival, con temas certeros, seguros y con muy poquito riesgo. "Hasta de perfil", "Echale coraje", "En agua caliente", "Vaya ejemplar de primavera", "Flojos de pantalón"... canciones todas hiperconocidas que la gente recoge con una enorme algarabía. Me acerco a por una bebida al bar que está enfrente del escenario. La distancia es tanta que apenas llega el sonido "rosendiano" entre los ritmos del hip hop; pero en cuanto aparecen las primeras notas de "Loco por incordiar" toda la barra se vuelve loca y comienzan su particular danza tribal. No acabarían, dado que más tarde llegarían "Pan de higo", "Aire", "Agradecido" y "Navegando". Lo dicho: con buena ésa bien se hace lo otro y Rosendo tiene muchas de ésas para hacer disfrutar al público. Otros que también tienen unas cuantas son Platero. A estas alturas no tengo ninguna duda de que los bilbaínos son para nosotros como los Stones para los ingleses. Hacen más o menos lo mismo, tienen un sonido identificativo, maman de los más clásicos y tienen la frescura que siempre aporta el rock'n'roll simple y divertido. Todos sus temas se apoyan en melodías pegadizas y en el trabajo guitarrero del Uoho, quien, aunque con tendinitis, dio lo que se le pedía. Luego, en el apartado de repertorio, piezas como "Somos los Platero", "Un abecedario sin letras", "Por mí" o "Si la tocas otra vez" son capaces de poner bocabajo cualquier audiencia por muy grande que ésta sea. Tienen esa magia y, de momento, no parece que la vayan a perder. Cuentan con una rítmica poderosa y eficaz, no fallan prácticamente nunca y suponen un apoyo completamente seguro para Fito e Iñaki. Son una banda del tirón, con una solidez estupenda y con un directo que no defrauda. Por si a alguien le quedaban dudas, el cuarteto soltó "Hay poco rock'n'roll" y "Si tú te vas" y los infieles quedaron convertidos. Ya sólo quedaban los Mojinos, banda pintoresca donde las haya e ideal para cerrar este tipo de eventos. Hace unos años habría habido que recurrir a un grupo de sevillanas o a un humorista andaluz, pero ahora sueltas a éstos y quien tiene el punto del calimocho puede terminar partiéndose de risa. Yo, por mi parte, nunca les he encontrado nada gracioso y me parece que en un escenario hablan más de lo que deberían, pero tienen su público y, a tenor de las ventas de sus discos, no es pequeño. Seguí un rato la actuación de los catalanes por las pantallas de vídeo, pero escuché durante cinco minutos que tenían problemas de escozores y me empezaba a quedar frío. Decidí en un plis plas que ya habrá tiempo para verlos en ocasiones más divertidas y recordé que, antes de salir de la oficina, me había llegado un disco nuevo suyo. Será cuestión de intentarlo de nuevo porque, en el Viña Rock, se me hicieron muy pesados. A partir de ahí todo fue un deambular de acá para allá cerrando escenario tras escenario. La gente que ya se daba por satisfecha iba desfilando hacia la salida mientras que otros preferían el juego de la hogueritas. Mientras se comenzaba a desmontar el escenario principal, DJ Griffi ya estaba pinchando ritmos hipnóticos que venían muy bien en este preciso momento. En "La Oreja", los admiradores de AC/DC no paraban aprovechando que eran los últimos del cartel y no tenían que cumplir horarios. Estos funcionaron bastante bien durante todo el día, aunque según fueron pasando las horas se iba acumulando un pequeño retraso que se convirtió en grande en el momento de preparar los cierres. Puede que la gente de los escenarios ya estuviera cansada de cargar y descargar durante todo el día, pero el caso es que las últimas actuaciones comenzaron todas con más de una hora de diferencia con respecto al horario previsto. No importaba demasiado, ya que el primer autobús salía a las seis de la mañana y Villarrobledo iba a recibir de noche con enorme placer a la clientela más enorme que nunca haya pasado por allí. Yo ya no podía con mi alma. Me encontré a la gente de Ixo Rai! cargando sus últimos bártulos en el autocar que les llevaba de vuelta a casa y la suerte quiso que pasaran por Madrid y que me aceptaran como polizón. Nunca se lo agradeceré bastante, igual que a Rober, de Porretas, y a su chica, que me prestaron una chaqueta cuando mi nariz empezaba a parecer un tempanito de hielo. Entre todos consiguieron que el Viña Rock 2000 fuera un exitazo. Bueno... entre ellos y entre toda la gente que trabajó para llevarlo a cabo. Por más kilómetros que hice no encontré ni altercados ni disfunciones que pudieran achacarse a la organización. Lo único, el tema de que los servicios pareciesen una cuadra. Seguramente se arreglará el año que viene. Eso ayudará a que el recinto no huela al día siguiente como si todo se hubiese podrido. E.P.
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