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Hellacopters

Arena. 7 de diciembre

Bueno... Ya empieza a haber unanimidad en el hecho de que Arena no es una sala de lo más lucida a la hora de programar. Su arquitectura no está planteada para acoger a mil personas si lo que quieren todas es ver el escenario en el que se está gestando el concierto. De todos modos, quejarse de esto es quejarse de la situación que vive Madrid en lo referente a la falta de salas de aforo medio, ya que es entendible que un grupo como Hellacopters habría resultado un poco fofo para irse a un local más grande. Lo único de lo que uno puede lamentarse, con razón, es de que se permita un aforo por el cual, si bien puedes estar cómodo y tranquilo, es imposible ver el escenario. Arena no acepta, en realidad, más personas que otros locales más pequeños si de lo que se trata es de ver un concierto y eso es algo que se pone en evidencia cada vez que se juntan allí las dichosas mil personas que se permiten.

En fin... Con éstas sería un poco absurdo que te contara como evolucionaron los Hellacopters porque, siendo sincero, lo único que conseguí ver de los suecos fueron sus cabecitas entre un mar de cabezas. Sonar, eso sí, sonaron estupendamente y ofrecieron una buena muestra de lo que pueden dar de sí cuando se suben a un escenario. Empastados, constantes, sin un acorde de más y con una nitidez que se agradece, el quinteto llegó con plenitud, caló entre la gente y mostró sin reparos que lo suyo es el rock clásico, ése que tira de dureza y melodía a partes iguales.

Su base rítmica, con la que colabora eficazmente un teclista sin pretensiones de notoriedad, es todo carbón que alimenta constantemente una locomotora. Pero los suecos no se quedan simplemente en el racarraca de rigor, no: aderezan sus piezas, doblan sus punteos, acompañan a la voz y dejan hueco para el riff de turno cumpliendo lo que es casi la Biblia de esta música. Con ésas hacen de cada canción una fiesta, comunican enseguida y se pasan una juerga que son capaces de trasladar al público.

Verlos, como decía el amigo que tenía al lado, habría sido el acabose, pero... a falta de pan, buenos son los Hellacopters.

E.P.

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