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Yes

La Riviera. 25 de febrero

Si todos entramos en la sala preguntándonos qué podían ofrecer unos dinosaurios como Yes a estas alturas (con más de treinta años de historia a sus espaldas), lo cierto es que salimos de la sala con unas cuantas respuestas. La primera es que el grupo parece haberse tomado con ganas su reaparición y que ni esta gira ni el álbum que presentaban ("The ladder") es simple y llanamente una manera de hacerse un dinerillo. Yes han actualizado su logotipo, han reunido a una formación de lo más solvente y se suben al escenario con ganas de agradar y con una evidencia de profesionalidad que deja más que justificada su vuelta.

La segunda de las respuestas viene por el lado del espectáculo, ya que había dudas de lo que el grupo podía ofrecer en un recinto pequeño como La Riviera. Si bien no están los tiempos para marcarse uno de los supershows que esta banda exhibía en sus mejores tiempos, lo cierto es que Yes cumplen las expectativas sin decepcionar a nadie. Ahí están sus proyecciones, su escenografía, su arsenal de instrumentos, su vestuario... todas esas cosas características que te hacen sentir realmente en un espectáculo. Hay bandas a las que les gusta subirse al escenario con las mismas pintas con las que andan por la calle o con una ropa similar a la que usan cuando juegan al baloncesto; pero a Yes no. Cuando se presentan delante del público, cada gesto, cada interpretación y cada detalle está cuidado para decir claramente que no te encuentras ante unos "mindundis". Puede que, en este aspecto, se echara de menos la falta de Rick Wakeman en los teclados, pero con Steve Howe y Chris Squire ya hay suficiente como para estar continuamente mirando hacia la escena. Solos de exhibición, un desfile de instrumentos que serían el sueño de cualquier luthier para su catálogo, efectos cuidados y un sonido de lujo. Un amigo ponía en duda la efectividad del bajo de tres mástiles que Squire exhibía en la interpretación de "Awaken" sin darse cuenta de que la misma duda ya justificaba la aparición de la herramienta. Hoy en día, muchas de las cosas que Yes hace en ese terreno podrían sustituirse por un sencillo multiefectos, pero entonces no nos quedaríamos pasmados ante la arquitectura tan lujosa de los instrumentos.

Y, por fin, la tercera respuesta. El repertorio exhibido por la banda no fue un "grandes éxitos", sino un acertado entremés en el que predominaba el material de "The ladder". De ahí sonaron "Homeworld" (con las imágenes del vídeojuego del disco en la pantalla trasera del escenario), "Lightning strikes" (que hizo dar palmas al público para llevar el ritmo), "Messenger" (Yes también pueden hacer reggae), "It will be a good day" y "Face to face". Como recuerdos a lo mejor de su obra el grupo se quedó con "And you and I" por parte del "Close to the edge", el ya citado "Awaken" del "Going for the one" y el "Roundabout" de "Fragile", el cual sirvió para acabar el concierto. También se pararon tres veces en aquello que bautizaron como "90125" cuando Squire y Alan White se juntaron con los Buggles en el 83. Lo hicieron con "Hearts", "Cinema" y el exitoso "Ower of a lonely heart".

En resumen, un concierto lo suficientemente llamativo como para justificar el alto precio de las entradas. El público pareció contento, recordó sus tiempos mozos (predominó la gente de cierta edad) y comprobó que, en esta ocasión, "quien tuvo retuvo y guardó para la vejez".

E.P.

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