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The Church Keys + Deke Dickerson + Phantom Surfers + Link Wray

Arena. 9 de noviembre.

Fiestorro gordo e itinerante el que se marcaba la tienda de coleccionistas y fanáticos vinílicos Bloody Mary, una celebración de 10º aniversario que arrancaba en Madrid para luego seguir de rula por otras ciudades españolas. Comenzaron la fiesta los neoyorquinos The Church Keys, quienes, si bien no estuvieron faltos de alegría y convicción con su saxo y con su peso pesado femenino al frente, ofertaron su garage de tres al cuarto con resultado bastante mediocre. La etiqueta que traían de ser la regeneración de los solventes A-Bones (de quienes sólo estaba allí el batería) les quedó demasiado grande. Hay que destacar que entre el cualificado respetable había una ingente cantidad de músicos de bandas como Piolines, Sin City Six, Rama Lamas, Los Profetas, King Putreak, Rag Cutter, Patrullero Mancuso, Sex Museum, etc...

El siguiente lugar en el escenario lo ocuparon Deke Dickerson y sus Ecco-Fonics, entre los que destacó un tórrido saxofonista, con un resultado bastante más profesional que repartió alegrías varias entre el personal del tupé, que lo había. Armado con una guitarra de doble mástil, el otrora líder de los surferos Untumed Youth cambió la tabla por la brillantina y presentó un set netamente rockabilly con, además de los inevitables clásicos, el material de los tres LPs roots que grabó para Hightone. Antes de continuar con lo que ocurrió allí arriba tuvimos tiempo de ver la exposición de fotografías que presentaba J.A. Areta "Juxe, con blancos y negros de fuertes contrastes que detallaban los diferentes aspectos de bolos incendiarios de punk'n'rockers varios, desde Flame Siderburns a Señor No pasando por Hydromatics.

El festival continuó con los enmascarados Phantom Surfers, con un directo pretendidamente salvaje y gracioso y que, inevitablemente, me trajo a la memoria a nuestros Dr. Explosion. Estuvieron a la altura de lo que se esperaba: payasadas varias sobre un pastel de garage y surf donde nadie se descojonó. Aun así, cumplieron.

Y, para finalizar, llegó el que sería plato fuerte de la noche, el plato único, presentado por un nervioso Juan Carlos, de Bloody Mary, que ya había hecho las veces de maestro de ceremonias durante toda la velada: Mr. Wray aparece en escena por primera vez en nuestro país. Viene agarrado de la mano de ¡su esposa!, una gigantona que no abandona el escenario ni un instante y, bajo la disculpa de estar aporreando una pandereta, cuida a su cariñín vigilando las manos irrespetuosas de la primera fila o recolocando la coleta del maestro. Si obviamos el detalle, la banda de Wray es un trío de la más recia escuela (Cream, Experience), con un batería i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e que resulta ser una milimétrica batidora y con un bajista de pegada dinosáurica. Sobre ellos, el jefe, con setenta y dos años y un poderío que automáticamente apaga todo lo visto esa noche; la guitarra de Link Wray gime, aúlla, chirría y distorsiona como la niña del exorcista. Abre el set con el clásico "Rumble" y, a partir de ahí, desata una tormenta de rayos y truenos en los que aúllan principalmente los instrumentales: "Run chiken run" y el pollo muere por asfixia, la atorrante "Rawhide", "Ace of spades"... Puntualmente se acerca al micrófono para dejarnos caer una voz mermada y heredera de Orbison y Elvis (coetáneos suyos) para seguir refregándonos con su electrificada caja de Pandora que deja en gallumbos a la mitad de los guitar-heroes de oxigenada melena. Para finalizar, una atronadora versión de "Born to be wild" (la más impresionante jamas oída según el propio Mars Bonfire). La ruidosa petición de público obliga al abuelo de eternas gafas de sol a salir de nuevo y repite sin cortarse media docena de sus preciados infra-hits. Link se pira contentísimo, pero nosotros más.

¡Feliz cumpleaños, Bloody Mary!

Kike Buitre

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