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Palacio de Congresos. 22 de enero Era como una película en versión original. Pero sin subtítulos. La película, no obstante, era buena. Trataba de una generación de músicos ingleses que se empeñaron en descubrir la música pop a sus coetáneos. Además, el protagonista de la peli era uno de los que, en su día, también tomó parte en el cotarro real. Se llamaba Ray Davies y fue el líder de uno de los grupos míticos de los sesenta: The Kinks. Puede que fuera por acogerse a su nuevo trabajo de conferenciante o, simplemente, porque ahora le gusta más presentarse así, pero el caso es que Davies se hizo su gira por España en un formato acústico, acompañado solamente por el guitarrista Pete Mathison. Ambos se autoconceden espacio musical, pero dejan que la verdadera protagonista de sus conciertos sea la historia. Por si acaso, y para no resultar muy duro, en Madrid comenzaron su actuación con "Lola", canción clásica donde las haya. En cuanto sonaron los primeros acordes la gente se volvió loca, coreó, dio palmas y dedicó a Davies un mensaje obvio: estamos aquí para lo que quieras. El atacó "Sunny afternoon" como si tuviera alguna duda, pero el público respondió de la misma manera, por lo que todo quedó preparado para la conferencia histórica. Davies empezó a hablar, a hablar, contando su vida dentro de ese humor inglés que tanto gusta a los ingleses. La gente, la que se enteraba, se reía a carcajadas. Los que no, aprovechaban, como yo, a que alguien piadoso tuviera a bien traducir lo que se decía desde el escenario. Mi chica, entre risa y risa, también fue piadosa y me puso un poco al día. Cada cinco minutos de charla Davies incluía una canción, como para dar gusto a quienes creían que iban a un concierto. Unas veces se centraba en sus clásicas y otras le daba cancha a "The storyteller", su última obra que ha aparecido tanto en libro como en disco. Mientras, seguía contando la historia de su amplificador verde, hacía referencias veladas a su hermano, rememoraba las caras que ponía su padre cuando él comenzó a hacer ruido en casa... todos esos recuerdos tan bonitos que tanto gusta contar a los abuelitos. El público, que era mayoritariamente de su generación, suspiraba, reía y también recordaba. Usaban a Davies como a una especie de documental de La 2 y atendían a este héroe de aspecto decadente y alopécico con un espíritu de colaboración que ya quisieran para sí los conferenciantes españoles. El ambiente era cordial, cariñoso, y Ray dirigía el cotarro con evidentes maneras de showman, con caras de circunstancias y con muecas ensayadas. Otra canción (recordó el "Stop your sobbing" que popularizaran los Pretenders para decir, sin decirlo, que también estuvo liado con Chrissie Hynde) y más charleta... Todo en un ambiente de lo más coloquial. La gente quedó encantada y más de uno decidió en ese momento que aún es tiempo para aprender inglés con alguno de esos métodos que te lo garantizan todo. Habían asistido a un trocito de historia, pero no se habían enterado de nada: sólo de las canciones desnudas que en su época escucharon a un grupo tan trepidante como fueron The Kinks. E.P.
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