|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
La Cubierta. Leganés. 14 de febrero No es que los RATM se prodiguen mucho, pero es entendible. Su propuesta es tan bestia y está presentada de tal manera que, si no se dosifican, pueden llegar a empachar. De ese modo, los de Zack de la Rocha saben medirse, controlarse y ofrecerse al respetable justo cuando éste está más ávido de ellos. Eso es al menos lo que se pudo palpar en Leganés: un público abundante que no necesitaba de muchas excusas para ponerse a pegar botes a las órdenes de la guitarra de Tom Morello; pero, afortunadamente, dichas excusas sí existieron. La propuesta de los Rage es tan simple como efectiva. Apenas ritmos binarios que se presentan en tiempo medio para, en un momento dado, subir el volumen a toda caña y volver loca a la gente. No necesitan más: en cuanto la maquina sube el pistón y el espasmódico Zack comienza con sus saltos ya está el lío armado. En Leganés se presentaron con una gran estrella roja a cada lado del escenario y con un enorme cartel en el fondo del mismo que recordaba a los asistentes que su último disco, "The battle of Los Angeles", está en la calle. En esta gira el grupo tiene el detalle de sustituir el nombre de LA por el de cada ciudad por la que pasan; aquí el cartel rezaba "The battle of Madrid" y resultó profético. Las canciones de RATM son algo así como una marcha militar plena de funk disfrazada como un disparo. En cuanto despegan, todo el que está en la arena se pone a cabecear sin ningún temor a partirle el labio al vecino, ya que, en caso de que eso ocurra, todo se considerarán heridas de guerra. Cuanto más sube el volumen más fuerte puede ser el cabezazo. Y es que esta gente son unos maestros del clímax. Van desde abajo hasta arriba, dejan descansar lo mínimo al público y vuelven a arrancar con un subidón, que es lo que su gente está esperando. De poco sirve que Morello tenga inquietudes de guitarrista, ya que cuando usa una guitarra de dos mástiles se olvida de uno de ellos y cuando tira de sus efectos programados parece casi que está pisando al gato. Todo da un poco lo mismo: hay comunión entre la banda y el público y eso, acompañado de un sonido decente, es suficiente para salir satisfecho. El repertorio se basó principalmente en el citado "The battle of Los Angeles". Arrancó con "Testify" y acabó con "War within a breath" para pasearse por "Guerrilla radio", "Calm like a bomb", "Ashes in the fall", "Sleep now in the fire", "Born of a broken man" y "Born as ghosts". También hubo un buen trozo de pastel para la obra que hizo debutar al grupo en el 92 ("Bombtrack", "Bullet in the head", "Know your enemy"...) y el cierre de los bises fue una ristra de recuerdos que acabaron con "Freedom" y "Killing in the name". Apenas algún recuerdito para "Evil empire" ("People of the sun", "Bulls on parade"), pero, al fin y al cabo, aquel disco puede considerarse el menos agraciado de los tres que han hecho los Rage. E.P.
|