|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Palacio de los Deportes. 5 de mayo A cualquiera le llama la atención ver a Luz Casal tocando en el Palacio de los Deportes. Porque, aunque el escenario se eche para adelante y se restrinja el acceso a muchos asientos laterales, sigue siendo un gran recinto, accesible para pocos. Luz, sin embargo, pudo con él con la holgura que da la profesionalidad, unos cuantos años de carrera y un equipo técnico que para sí quisiera más de una estrella. Apoyada en el exitazo que ha supuesto "Un mar de confianza", su último disco, Luz es capaz de volver a los escenarios bañada en multitudes pero sabiendo desde el primer momento que, por sí sola, no es capaz de comunicar con un público amplio. En base a eso, su show se sustenta principalmente en un magnífica producción de vídeo que sustituye la inactividad de la vocalista delante del micrófono, unos montajes que cuadran el espectáculo al milímetro y un repertorio que agrupa con acierto los momentos más honorables de su último disco con los éxitos que esta mujer ha sabido ir reuniendo a lo largo de toda su carrera. De ese modo plantea un set de veintitrés temas que son retransmitidos por siete cámaras en dos pantallas gigantes mientras una banda eficaz y una sección rítmica envidiable (la presencia de Tino Di Geraldo es elocuente) arropan a una voz que, bien sea por los efectos sonoros del Palacio o por las interpretaciones de la misma Luz, se mostró temblorosa y nerviosa durante la primera mitad del show. El vídeo, el gran protagonista de la noche, contaba también con películas de apoyo que aparecieron como presentación o en perfecto efecto de clip con "1.000 kilómetros" o "Pedazo de cielo". Todo ello no deslució en absoluto la actuación de Luz, sino que, al contrario, la permitió sacar un partido enorme de lo que de ella, al fin y al cabo, la gente conoce: sus canciones. Las antiguas "No me importa nada", "Besaré el suelo", "Plantado en mi cabeza" o "Loca" demostraron que aún siguen presentes en la memoria de la gente, mientras que piezas más actuales, como "Mi confianza" o "Sentir", dejaron claro el cambio de registro que esta mujer ha asumido en su carrera sin que por ello haya decaído su popularidad. Muy al contrario, "Un mar de confianza" era el protagonista de la noche y ello quedó reflejado hasta en ocho piezas expuestas con desigual resultado: mientras que "Sentir" alcanzó un excelente nivel "Aquí estoy yo", por ejemplo, quedó perdida entre los gestos para buscar la complicidad del público. En conjunto, el concierto salió adelante, dejando al público sumamente satisfecho aunque éste se mostrara perdido en numerosos compases del espectáculo y tremendamente colaborador en otros, como en el par de bolerazos ("Un año de amor" y "Piensa en mí") que Luz se marcó con su peculiar abrigo de plumas. El final, con apartados como la apoteosis de muiñeira de "Vengo del norte" o el divertido recuerdo a "Rufino" con lluvia de globos incluida, permitió que la gente cantara, botara y sudara, suficiente para juzgar que el asunto era suficiente como para dar por bien empleado lo pagado por la entrada. Habían sido casi dos horas de Luz y ya se había hecho de noche. E.P.
|