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Iron Maiden

Plaza de Toros de las Ventas. 19 de julio

Bueno. Este día Las Ventas estaba más habitable que en otras ocasiones y, afortunadamente, con que te movieras un poco podías encontrar un sitio decente en el que colocarte teniendo, además, buena visión del escenario.

Antes de salir los Maiden a lo que parece ser su lugar natural, subieron a las tablas Spiritual Beggars y Entombed, bandas a las que, personalmente, no tenía ningún interés en ver. Los primeros porque tocaban a una hora en la que la plaza de toros es algo así como un horno microondas encendido y los segundos porque, cuando los he visto, me han dejado la cabeza casi del revés. Supongo (por suponer, nada más) que ambos lo harían decentemente dada la posibilidad que se abre a estos grupos al poder telonear a una banda con el poder de convocatoria que aún sigue teniendo Iron Maiden.

Los ingleses no ofrecieron nada que no se pudiera prever excepto, tal vez, el repertorio. No se cortaron a la hora de ofrecer los temas de su último disco y dejaron en la reserva más de una y más de dos de las canciones que les han llevado a donde están. Eso habla bien de la banda dado que evidencia que no es de las que va a lo fácil y, al mismo tiempo, demuestra que tiene confianza en sus nuevas piezas. Algunas de ellas me parecieron ciertamente interesantes y otras, por el contrario, me resultaron muy tópicas, algo que puede resultar normal cuando se habla de una banda que tiene estilo propio y que lleva en esto mucho más tiempo del que parece dado su comportamiento en escena.

Y es que la reunión con Bruce Dickinson no deja de ser algo que todos los fans de Maiden deben agradecer. Aunque en su anterior paso por Madrid ya quedó claro que esta maquinaria funciona a las mil maravillas, quizás alguien pudiera tener dudas de cómo se mantendría la reunión después del hartazgo de aplausos y millones que supuso su anterior gira.

Pues bien, muy bien. Este cantante sigue siendo de los que saben manejar al público, de los que se mueve continuamente cuando se le ve y de los que sabe desaparecer cuando sobra. Se dedicó unas cuantas veces a hacer el mono en un entramado metálico colocado en el escenario a tal efecto y, cual Tarzán en días de celo, paseó por aquí y por allá colgado de unas barras. Del mismo modo se marcó el habitual ondeo de banderas o la ritual salida de la panza del monstruito que, a lo largo de los años, ha sido santo y seña de esta banda a la hora de vender su imagen.

El concierto puede considerarse satisfactorio excepto en el tema del sonido, pero eso no pareció importar demasiado a quien se sabía las piezas de carrerilla. Dickinson era, precisamente, quien, por mor de la técnica, estuvo más ausente a nivel de volumen, pero, como cantaba la plaza en pleno, pareció que nadie le echaba en falta.

Pirotecnia, Edy saliendo al escenario con su nuevo vestido para esta gira, telones y más telones de fondo... lo habitual en una banda que domina el escenario como pocas y que cuenta con una solvencia capaz de mantener continuamente una enorme ristra de seguidores. Como prueba valdría el hecho de que podías aprenderte la discografía completa de los Maiden (y es larga) solamente mirando la cantidad de modelos distintos de camiseta que vestía el personal.

Probablemente esta banda y tres o cuatro más, a lo sumo, son capaces de ofrecer un concierto de heavy metal con dignidad en los tiempos que corren. No es extraño. Al fin y al cabo, ellos son de los más antiguos del género que aún están en activo... y en buena forma.

E.P.

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