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15 de abril del 2000

La lluvia ganó al Espárrago y obligó a su suspensión.

"Está jodido, brother"

No pudo ser. Lo que se presumía como la mejor edición del Espárrago terminó con el festival suspendido y con la gente volviendo a sus casas sin haber disfrutado de sus grupos. Nada que achacar a la organización dado que, en este caso, ni el mismísimo Noe habría podido dominar la lluvia.

Fue un pulso. O la lluvia o la música. Y ganó la lluvia, por goleada. Las inclemencias del tiempo hicieron inevitable la suspensión de la última edición del Espárrago, la mejor según las expectativas de cartel y público. Por mucha lógica que tuviera, además, era descorazonador escuchar a Francis Cubero, portavoz de la organización del festival, hablar del último frente de chubascos que tiraba por completo el festival y ver que, tres horas después, el sol lucía en toda su intensidad mientras que la gente se vestía de fiesta y sacaba sus santos a la calle. "Los santitos siempre tienen suerte", decía un jerezano. Pero ya daba lo mismo. El caso es que quince mil personas que habían comprado su entrada y otras dos mil quinientas acreditadas como artistas, trabajadores o medios veían cómo un cartel impresionante y un festival con la mejor de las expectativas se iba al garete por el hecho de recibir agua a mansalva. O mejor sería señalar que fue algo parecido al diluvio. Festivales con agua ha habido muchos, pero ningún evento al aire libre podía soportar las inclemencias de un viento de setenta y cinco kilómetros por hora y una cantidad de agua que rozaba los cincuenta litros por metro cuadrado. Podía haber toda la voluntad que se quisiera, pero se imponía la suspensión por el principio moral de la seguridad. Aparte quedaba, lógicamente, el trabajo de todo un año y las secuelas que este hecho pueda dejar para el futuro del festival. La lluvia había ganado al Espárrago y eso era un hecho innegable.

"Abril tiene mucha guasa", nos decía la tendera a mi chica y a mí cuando nos hacía unos bocadillos momentos antes de coger el autobús que el Ayuntamiento de Jerez monta para ir al Espárrago desde el centro urbano. En ese momento yo recordaba que, al salir de casa, había lamentado no coger las gafas de sol. Cuando íbamos a entrar al recinto mi chica me hizo notar la presencia de una persona del público que parecía un anuncio de Pescanova, con un chubasquero amarillo que le llegaba a las rodillas y unas botas de agua negras. En ese momento no podía ni prever que él, y no yo, era el previsor. En ese momento sólo me importaba entrar deprisa, hacerme con una ubicación de las cosas que me interesaban y colocarme en el mejor sitio posible. Todo era una tontería, ya que al entrar existía un enorme tapón esperando poder acceder al escenario principal, pues la lluvia del día anterior había obligado a la organización a recolocar y adaptar un montón de espacios comunes que aconsejaban el hecho de que el público no interviniera. El escenario más grande, por ejemplo, no estaba cerrado. El motivo era el viento, ya que los partes meteorológicos anunciaban unas velocidades que no aconsejaban cerrarlo y convertirlo en una caja de zapatos. De esa manera podría volar; de la otra, simplemente, sería algo menos estético de lo normal.

El barro ya había hecho su aparición y cualquier cartón, madera o tabla de metal servía para acondicionar los servicios mínimos. Cómo sería que, en un momento dado, me encontré encima de la tabla que, el año pasado, servía de indicación para la parada de bus.

De todos modos, eso estaba previsto. A la hora de montar este tipo de eventos contamos ya con unos profesionales solventes que consideran cualquier tipo de imprevisto y, por supuesto, con la peor de las climatologías. En una hora todo estaba listo y, mientras en la carpa comenzaban a tocar Feeder, los técnicos del escenario principal ya estaban montando el backline de Macaco. Puede ser que fuera porque era la primera música que oía en el festival, pero Feeder me parecieron estupendos en directo. Viví su concierto detrás del escenario dado que aún no estaba claro si se podía utilizar el foso de fotógrafos y, aunque no los vi de frente, sí percibí un rock intenso y visceral, de ésos en los que el vocalista pone el estómago cerca de su garganta. Eran duros, pero no atronadores.

El tiempo mejoraba, Feeder animaba y el público parecía el primero en no dejarse convencer por la lluvia. El panorama no parecía tan sombrío.

El único problema que tuvo Macaco fue el retraso, pero la gente estaba tan ansiosa que olvidó eso en poco tiempo. Los catalanes empezaron a desgranar su álbum ("Rebelión", "Tío Pedrito", "La raíz"...) y todo se volvieron ganas de bailar y dar comienzo a la fiesta. La presencia en el escenario de las voces de Amparanoia (la propia Amparo y Piluka) animaron más la cosa y todo funcionó a la perfección en "Brujo Cabicho" y "Tongo". Si se trataba de empezar bien la fiesta, Macaco cumplió y hasta le sobraron razones.

Lo mismo podría decirse de Celtas Cortos. Para gente que está mínimamente predispuesta a pasárselo bien, los vallisoletanos son un grupo de abrigo. Juntan en sus canciones los mensajes solidarios con la música festiva y el aire de raíz con el principio universal. Piezas como "Haz turismo", "Todo es ponerse", "Hacha de guerra" o "Skaparate nacional" habían conseguido que la gente se olvidara de todo si no fuera porque, sonando "Gente impresentable", volvió a aparecer la lluvia. En principio eran cuatro gotas y así se lo cogió el público, quien hacía mucho más caso a las arengas incendiarias de Jesús Cifuentes en contra de la xenofobia y la intolerancia que a lo que pudiera traer el cielo.

"El túnel de las delicias", "El emigrante" y "Cuéntame un cuento" cerraron un set en el que los Celtas, que mantienen una gira en la que intentan abordar sólo locales pequeños, habían hecho una excepción comprometiéndose con una actuación ante quince mil personas.

En los bises, los castellanos prefirieron centrarse en el material nuevo antes que recuperar las piezas que les pedía la gente, pero, en su conjunto, cumplieron con las expectativas, máxime si tenemos en cuenta que el ambiente estaba frío y que todo el calor que existía en el circuito de velocidad de Jerez aparecía gracias a ellos y a Macaco.

Mastretta, por su parte, no tenía tanta suerte. Fue ubicado en un horario temprano en el escenario paralelo, una carpa enorme cuya entrada no se cubrió hasta la mitad para ver las evoluciones de tan peculiar músico. El, con saxo y teclados, iba acompañado de otro saxofonista y de un set de percusión. Igual entraba por el jazz que por la música más tranquila, tan de repente se mostraba eufórico como buscaba el feeling del personal. El caso es que, con barro hasta los tobillos y tras la actuación de Feeder, Nacho no parecía encajar bien ni por el repertorio elegido ni por la situación.

"Esto está jodido, brother", decía Sennen Reyes, alias Sen Dog. El vocalista de Cypress Hill no hacía sino constatar lo evidente. La lluvia no amainaba y todo se iba poniendo desagradable. Los coches de la organización se atascaban en el barro, el viento sesgado metía el agua hasta el fondo del escenario y la gente buscaba desesperadamente los mínimos sitios cubiertos que existían en el circuito. Los organizadores trabajaban como locos procurando luchar contra las circunstancias. Readaptaban el escenario casi de hora en hora, abrían y cerraban la carpa dependiendo de la intensidad del viento y la lluvia, fregaban sin descanso los suelos en los que los artistas iban a realizar sus evoluciones. Todo parecía estar bajo control, pero, en contra de las previsiones meteorológicas, el viento subía y la lluvia caía cada vez más fuerte.

Los miembros de Cypress Hill decidieron pasar de presentar su material nuevo y pensaron que era mejor que la gente conectara cuanto antes. Entraron con "Hand on the pump", "Realstate" e "Isane" y enseguida se metieron al público en el bolsillo. Plenos de profesionalidad, inteligencia e ilusión, los raperos pusieron su alma encima del escenario. Si algo distingue a los buenos profesionales es que se crecen ante las adversidades... y eso es lo que pasó con Cypress Hill. "Check mate", "Cock the hammer"... todo eran temas en los que el público tenía una enorme participación y en los que Sen y Louis Freese (B-Real) no dejaban de dar saltos, recorrer el escenario y desplegar energía. Solamente "Can't get the best of me" y "I wanna get it" sirvieron para presentar su nuevo "Skull & bones". Evidentemente, no era momento de presentaciones. Si le echas un pulso a la lluvia, más vale que pongas lo mejor de ti.

Cypress Hill perdió el pulso. Tuvo que interrumpir su actuación porque DJ Muggs era incapaz de colocar vinilos mojados en sus platos y porque el material eléctrico se estaba volviendo peligroso. La lluvia ya ganaba por 1-0.

Loa "venaos" del puenting ya se habían retirado, quien más y quien menos estaba haciendo sus previsiones en los puestos del mercado, los técnicos de escenario anunciaban que el principal debería dejar de estar operativo porque necesitaba nuevas modificaciones y la gente, como loca, buscaba el recurso del techo de lona en el escenario paralelo o en el dedicado al flamenco. Allí comenzaba su actuación José el Francés. En su vida ha tenido tanto éxito, con una carpa llena hasta la bandera y con la gente pidiéndole más y más viendo cómo estaba el panorama en el exterior. Invitó a una cantaora a acompañarle, ésta recibió un montón de aplausos y, cuando bajó del escenario y hundió sus tacones en el barro, soltó una maldición tal que cualquiera diría que se hubiera hecho realidad dos horas después.

En la otra carpa comenzaba su set Boss Hog. Con ellos las anécdotas fueron más pintorescas. El "grupo de culto" de Cristina Martínez podía pensar que había conquistado al público español, pero ello sólo podía venir dado por la intensidad y el ensimismamiento que la líder del grupo pone en sus interpretaciones. El público silbó cuando el grupo se pasó diez minutos con un tema dándole vueltas y más vueltas, pero no sabía que la banda se sabía líder del festival cuando todos los demás escenarios estaban parados.

Abordaron casi todo el "Without", su último disco, y continuaron tocando pese a que el techo se aproximaba más a sus cabezas y cuando las luces fundieron sus plomos. Una carpa a oscuras puede ser un jardín sin flores, pero en este caso se convirtió en el anuncio final de que el tema se acababa. Probablemente Boss Hog nunca hubieran tenido ni tanto público ni tanta repercusión, pero, gracias a las circunstancias, su concierto se convirtió en uno de ésos que recordarás toda tu vida. Dieron lo que podían dar de sí y mantuvieron a la gente viva en algo que, evidentemente, ya moría.

Fue acabar el concierto y un responsable de la organización pidió el desalojo de la carpa. La presencia dentro suponía ya peligro y si de algo se preocupaba la organización era de la seguridad de la gente. En ese mismo momento los peritos estaban revisando el terreno destinado a camping por si fuera necesaria una evacuación. Afortunadamente, lo único que podía venir con el vendaval que ya teníamos encima era lluvia y fango, molestias que causan resfriados y manchan la ropa. Nada podía ser considerado como grave, pero, por si acaso, se puso en funcionamiento una línea de autobuses previamente concertada para trasladar a quienes lo desearan al recinto ferial de Cádiz. Allí tendrían cobijo y miembros de la Cruz Roja y de Protección Civil les atenderían si hubiese incidencias de algún tipo.

El hecho no era tan grave para la gente como para el festival. Mientras que la gente podía empaparse y nadie parecía pasarlo mal (aunque más de uno habría), lo que parecía claro es que arrancar el material dañado iba a ser imposible.

Suspendido el festival por lo que quedaba de sábado (te quedaste sin carpa dance, amigo) todo se orientaba a evaluar si el Espárrago podía recuperarse para el domingo. Los que nos habíamos calado hasta los huesos considerábamos el hecho totalmente imposible, pero, si te digo la verdad, dadas las posibilidades técnicas actuales y viendo el empeño que todos los trabajadores de la organización ponían en todo lo que les afectaba, no sabías qué pensar. A esas horas Skunk Anansie ya habían dicho adiós y los Cranberries no habían puesto problemas para tocar el día siguiente. Fue un ofrecimiento sano pero inútil.

Durante la noche del sábado al domingo llovió todo lo que quiso. Y más. La lluvia seguía echando su pulso y no parecía estar dispuesta a perderlo. Hasta trescientas personas abandonaron el camping y prefirieron el abrigo cubierto. Yo no dejaba de asombrarme de que sólo trescientos estuvieran en sus cabales. El recinto del camping de este año se había desbordado por completo y, escondidos en sus tiendas, casi todos eran capaces de aguantar el diluvio convencidos de que, al día siguiente, iban a disfrutar de sus grupos.

El domingo amanece lloviendo, pero para cuando le da la gana. Los partes meteorológicos siguen avanzando una inestabilidad inconfirmable y, por lo tanto, se sigue trabajando pensando en la posibilidad de salvar el festival. Fermín Muguruza está probando sonido en el escenario principal y los técnicos de Lou Reed aprovechan para hacer indicaciones en lo que piensan que puede ser de utilidad.

A las doce de la mañana ya todo parece perdido. El servicio meteorológico informa que un nuevo frente lluvioso, que se iba para otro lado, ha cambiado de dirección dispuesto a fastidiar al Espárrago.

En ese momento ya todo es inevitable. Lo que puedas arreglar en dos horas se te estropeará en diez minutos como vuelva la lluvia. Las pruebas de sonido no valdrán de nada, el terreno volverá a estar impracticable y la seguridad volverá a ser dudosa.

No hay más remedio que suspender y es hora de decírselo a la gente.

La organización del festival convoca rápidamente a los medios para las tres de la tarde. A esas horas ya hay gente en el camping anunciando con megáfonos que el asunto se ha acabado y los autobuses que cubren la línea circuito-Jerez funcionan a toda tralla. "Esta rueda de prensa no es la que queríamos dar", dice visiblemente apesadumbrado en la sala de prensa Francis Cubero. Tiene que responder a preguntas sobre si se podía haber hecho más y, en ese momento, las instalaciones del circuito fallan y se va la luz. La respuesta huelga.

Comenta el hecho de que ningún grupo internacional ha pedido su caché tras la suspensión y guarda un curioso silencio para los grupos nacionales. Anuncia que la negociación con el seguro definirá la devolución que habrá de darse a quienes compraron la entrada y no pudieron disfrutar del festival. "No sé cuánto será, ni cómo se podrá hacer, pero en nuestro espíritu está el compensar al público. Ahora empieza el momento más difícil: negociar con el seguro, los grupos y los proveedores", dice. También hace referencia al daño que el asunto causa al festival y hace público que, el día anterior, los organizadores llegaron al convencimiento de que en la próxima edición habrá que elegir una fecha en la que los elementos climatológicos no sean tan determinantes. Confirma la asistencia de quince mil personas y admite que, si todo hubiera ido bien, se esperaban hasta veinte mil almas en el recinto.

A la vista de lo sucedido, más de uno y más de dos dirán: "en Inglaterra siempre llueve y nunca se suspenden los festivales". Quien diga tamaña tontería no estuvo en Jerez. Si hay alguien que pudiera poner en funcionamiento un recinto con cuatro escenarios y con un sonido digno tendría un reto que perdería para hacerlo con las condiciones que se dieron en Jerez el 15 y 16 de abril. Si me llegan a contar que esto sucedería en una tierra que presume (a su pesar) de sequías me partiría de risa, pero no opiné lo mismo cuando me encontré en el foso de fotógrafos, con fango hasta los tobillos, o en la carpa, viendo a Boss Hog y notando que se iba hundiendo por momentos.

Hay cosas contra las que no se puede luchar y que, quieras o no, joden. Ese fue el caso de Espárrago. En mi opinión, la organización estuvo a la altura de las circunstancias y el público tuvo un espíritu magnífico, pero nada de eso hubiera servido para que esto siguiera funcionando.

De vuelta a Madrid, pensaba sobre lo que dijo Francis acerca de cambiar la fecha del evento para una próxima edición. El pensamiento no es malo, por lo menos en el aspecto de la repercusión. El mismo día que empezaba el Espárrago, Canal Sur cerraba su primer Noticiario con una información musical de Habana Abierta, banda que había tocado en Jaén. Los diarios se preocupaban de las procesiones del Domingo de Ramos y las fuerzas de seguridad tenían que dividirse entre un montón de cosas.

"Si es que aquí la Semana Santa empieza muy pronto", me comentaba el tipo que nos atendió en el hotel. Puede que sea verdad, y más con este tiempo. El hecho es una verdadera lástima, ya que lo que se presumía como la mejor edición del Espárrago se convirtió en un campo de lodo y en una noticia sensacionalista para cualquier medio sin interés en la música.

No debe afectar al futuro. Ahora los organizadores del festival deben demostrar que negocian tan bien con el seguro como con los músicos a la hora de contratarlos. Si todo va bien, el año que viene habrá tiempo para desquitarse de la mala suerte de este año.

E.P.

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