Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Elliott Murphy

Suristán. 27 de enero

Las últimas veces que he visto a Elliott Murphy siempre he salido con la misma impresión: ¿Cuándo vendrá el condenado a España con banda? Porque, y hay que dejarlo muy claro, aunque este tipo sea uno de los mejores espectáculos que se puedan ver acompañado simplemente por una o dos guitarras, su repertorio queda tremendamente limitado cuando no puede disponer de un acompañamiento más sólido que el de doce cuerdas. Puede estarse tocando dos horas seguidas sin que el público pierda la atención, pero en el tintero siempre quedan joyas de su discografía que deja apartadas, probablemente por tocar en acústico, hasta otra ocasión.

Murphy solventa el tema con gusto y acierto remitiéndose con abundancia a sus clásicos de siempre y haciendo un buen puñado de versiones ("Walk on the wild side", "Hey Joe", "Sweet Jane", "Gloria", "Twist and shout", "Wild horses", "Route 66"...), pero eso no evita, como decía el gran Richard Harrison, "que no acabe los conciertos con un tema suyo, algo que siempre harían Reed, Springsteen o Dylan", personajes ineludibles cuando se habla del universo "murphiano". Bien es cierto que cualquiera de los tres resultarían más flojos en acústico que lo que se puede ver en un concierto de Elliott Murphy (aquí ya se ha podido ver a Bruce y a Lou con ese formato), pero, con todo, es inevitable salir de su concierto añorando una guitarra eléctrica o una batería. Olivier Durand, el guitarrista que acompaña a Elliott en sus últimas giras, toca y se despedaza como si tuviera en sus manos una Stratocaster, pero, se ponga como se ponga (y realmente se pone muy bien), el sonido no llena lo mismo.

Murphy es capaz, sin ningún trabajo, de ponerte el pelo de punta con "The last of the rock stars", con su preciosista "Drive all night" o con su ya clásico "Take your love away", pieza en la que se refiere a Hendrix poco antes de bromear presentando a su "banda fantasma", en la que el mítico guitarrista está alineado con John Boham y Johnny Thunders. Obviamente, ellos no están en el escenario, pero aparecen continuamente en piezas como "Diamonds by the yard", "Party girls", "Broken poets" o "On Elvis Presley's birthday", canciones que también sonaron en Madrid junto a "If poets were king", una de las más emblemáticas de Murphy.

Con ellas, un recuerdo constante al asfalto neoyorquino, al romanticismo poético del perdedor y al escritor bohemio que disfruta más con sus recuerdos que con sus amores, temáticas todas ellas que Elliott maneja como muy pocos y que resultan en un mar de vivencias tristonas arropadas con una guitarra y un montón de armónicas. La parte más viva la ponen las versiones, piezas clásicas capaces de reavivar al público y de descolgarle de ese paisaje lánguido en el que Murphy mete a todo el mundo con una facilidad que asombra.

En conjunto es, como cabe esperar, un concierto de "viejo rock americano", pero con el handicap de no contar con grupo de soporte. Mi chica señalaba que muy pocos artistas son capaces de estarse más de dos horas en una sala pequeña en formato acústico y conseguir tener a la audiencia cogida completamente en cada momento. Indudablemente eso es cierto, pero... ¿por qué no vendrá con banda el condenado?

E.P.

Arriba

Indice