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Dover + Superskunk + Sperm

Plaza de Toros de Móstoles. 10 de septiembre

Hay gente que se dedica a hablar de lo mal que están las cosas en el mundo de la música y hay gente que se mueve para cambiarlas. Los primeros son quienes siempre se están quejando de que no se da oportunidad a grupos nuevos y los segundos hacen algo parecido a lo que ha hecho Dover. Una de las cláusulas de su contrato con Chrysalis le permitió crear su propio sello discográfico, Loli Jackson, y lanzar desde ahí a las bandas que ellos consideraban interesantes. Pero eso, en muchos casos, no es suficiente. A los grupos, sobre todo si son de rock, hay que verlos en el escenario y de nada sirve sacar un disco si luego la gente no puede comprobar tu solvencia. Es por ello por lo que Dover, siempre que puede, cede el escenario a los grupos de Loli Jackson para que se vayan curtiendo como teloneros y para que el público pueda verlos en todo su esplendor.

En Móstoles, el concierto que cerró sus fiestas patronales fue, precisamente, de la familia Loli Jackson. El público no fue tan abundante como en otras ocasiones, pero en esta ocasión la circunstancia parece entendible dado que Dover ha actuado hasta la saciedad en toda la periferia madrileña aprovechando las fiestas de todas estas localidades durante el verano.

Sperm fueron los encargados de abrir el espectáculo y se ofrecieron a los mostoleños con el material de su primer álbum. "Maryland lone star", "The speaker" o "Holkum's the place" fueron algunas de las diez canciones que los andaluces desgranaron en forma de presentación y como aperitivo para lo que traería Superskunk. Estos, más curtidos en lides escénicas, sacaron partido a un sonido limpio y contundente que agrupa tras de sí tanto de rap como de rock. Unas rítmicas sólidas y unas letras comprometidas son los dos mástiles fundamentales en una idea que mejora cada día y que solamente puede ya ir hacia delante. Piezas como "Planeta azul" o "El grito de la tierra" son válido ejemplo de las virtudes de esta banda, certera y eficaz cuando se sube a un escenario.

Para finalizar, los papás de la historia salieron a escena dispuestos a ofrecer un concierto más dentro de su gigantesca gira "Late at night". Dover estuvieron tan brillantes como de ellos cabe esperar, si bien en sus últimos conciertos se les nota un giro de dureza considerable. Las guitarras arañan cada canción y tanto bajo como batería hacen caer sobre el público un telón de sonido de una intensidad demoledora. Piezas como "Seawitch", "La monja mellada" o "Me and my mulon" abren el set para, tras dejar a la gente planchada, entregarle toda esa colección de himnos que ya contiene el repertorio "doveriano". Así, "Devil came to me", "Spectrum", "Flashback", "The hitter" y tantas otras fueron cayendo una tras otra haciendo que el nivel de comunicación con el público creciera sin bajar por ello la potencia sonora que el grupo despliega en directo.

"Serenade", "Straight to jail", "Judas", "Cherry Lee" y un "DJ" que cerró el concierto no hicieron sino aumentar la temperatura mientras Amparo y Alvaro ejercían de aguadores permanentes para las primeras filas de fans. Los bises, como viene siendo habitual, se decantaron por alguna versión y otros temas bandera de "Devil came to me" ("Rain of the times", "Winter song", "Loli Jackson"). Al final, y antes de decir un definitivo adiós, Jesús, con su batería destrozada, no pareció querer marcharse a la cama y, junto con Alvaro, animó al cuarteto a terminar la fiesta con una nueva versión.

E.P.

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