Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

David Broza

Galileo. 4 de mayo

No es que sea fácil; es que él lo hace fácil. Hay gente que tiene un talento especial para coger una letra y darle las vueltas hasta colocarla en una música ágil, directa, ideal para que la gente reciba el mensaje y, además, se lo aprenda tarareando una melodía. Broza es de ésos. Da lo mismo que lo haga en hebreo, en inglés o, como lo hace ahora, en español. Su fórmula es similar y lo único que necesita para mostrar su capacidad es contar con letristas que estén a su altura.

En Galileo mostraba al público el material de su recién editado "Isla mujeres". Puede que no eligiera la mejor fórmula instrumental, ya que únicamente se sirvió del acompañamiento de un guitarra acústica, una bajista y un pequeño set de percusión además de su propia guitarra de cuerdas de nylon; pero, en ciertos momentos de su actuación, eso quedaba en un segundo plano. "Isla mujeres" tiene canciones que enganchan, que llegan y se quedan, que dibujan y pintan, canciones que, en cuanto sean conocidas por el público, van a calar hasta la médula.

Los temas de "Isla mujeres" pertenecen a letristas de la talla de Jorge Drexler, Javier Ruibal o Sabina y eso no hace sino acrecentar la capacidad del israelí. Si se compara cómo suenan estas canciones y cómo quedan los últimos álbumes de los susodichos uno tiende a preguntarse si no está comparando a "Dios con un gitano", tal y como reza el dicho y sin ningún ánimo de ofender.

Broza, además, maneja bien el escenario, toca la guitarra con un carisma inmenso y logra comunicarse con gestos y miradas. Es de quienes se ha curtido con audiencias difíciles, teniendo que demostrar que siempre está a la altura de las circunstancias. Eso se evidencia en su elección de repertorio, en el uso de sus silencios, en sus pasajes instrumentales o en la humildad de su puesta en escena ante un público que todavía no le conoce. Comenzó en solitario, con su guitarra, captando la atención de la gente, y comenzó a desgranar lo que es, hasta ahora, su canción más conocida, la que sirve de cabecera a la serie televisiva "Raquel busca su sitio". Después, poquito a poquito, fue colocando las piezas de "Isla mujeres" con delicadeza, dando entrada a sus acompañantes y alternando las baladas más tiernas con ritmos más acerados y rumberos. En dos ocasiones recurrió a algunos de sus incontestables temas en inglés desarrollándolos con fuerza e intensidad para volver en breve a su repertorio en castellano. En el bis se permitió recordar la que fue su primera canción, un "Y etov" que casi se perdió dado la falta de acompañamiento musical y la inteligibilidad de su letra (en hebreo), pero con una segunda interpretación de "Raquel" dejó a la gente más que satisfecha.

El concierto sólo tuvo una cosa mala. El hecho de que sirviera como presentación a los medios y que contara con numerosos invitados permitió que los menos interesados llegaran a suponer un ruido molesto. Galileo no es una sala amplia donde los murmullos se puedan perder o donde el volumen de la música roce el desafuero. Eso (mala suerte) hace que cuando diez o doce personas se ponen a hablar a la vez desde ciertos puntos de la sala su presencia sea más perceptible que la del artista presente en el escenario.

E.P.

Arriba

Indice