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Celtas Cortos

Caracol. 2 de marzo

Volvían a Madrid y, como están haciendo en esta última gira, lo hacían en una sala pequeña, con el deseo de ver las caras de su público. Eso supuso que tuvieran que hacer dos bolos en lugar de uno y que la gente estuviera bastante más apretada de lo que hubiera sido deseable, entre otras cosas porque el público de los vallisoletanos es de los que baila, salta y colabora. Cuanto más espacio tienen para ello, tanto mejor.

Hasta al grupo le habría venido bien un poco más de espacio para sus evoluciones, ya que, por momentos, parecían un poco encogidos y se jugaban la cara cada vez que una guitarra se movía para adelante y para atrás con un poco de descontrol. En una formación tan amplia como ésta lo mejor de su espectáculo es que siempre hay algún sitio al que mirar, algún músico que está haciendo una gansada o alguna curiosidad que llama la atención. Cuando tocan en salas grandes los Celtas suelen llevar un acompañamiento escenográfico en el que no faltan artistas teatrales invitados, pero en el plan que se presentan ahora son ellos los que tienen que ponerlo todo para entretener a la gente.

Los castellanos aprovecharon para tocar por primera vez en Madrid material de su último álbum, "Tienes la puerta abierta", y agradó comprobar que, bien colocado dentro del repertorio, los temas nuevos no desdicen de los más antiguos, aun cuando presenten otra oferta sonora con samplers y ritmos programados. "A saber", "Hacha de guerra", "El túnel de las delicias" o "La vaca naranja" se interpretaron con esa dinámica y, aunque tres de los temas son únicamente instrumentales, consiguieron llegar al público en buenas condiciones y con una respuesta más que digna.

Como es habitual en las actuaciones de los Celtas no faltaron los comentarios sarcásticos y embarullados ("bueno, que eso, que ahora, que...") de Jesús Cifuentes a la hora de presentar piezas reivindicativas o explicar a la gente el motivo de haberles citado en un sitio tan canijo para sus audiencias. Celtas Cortos son de los que saben reivindicar con cierta gracia, lanzando el mitin sin abusar y sin perder nunca de vista el discurso musical. Este es de los grupos capaz de vender canciones sobre la insumisión o el antimilitarismo a cualquier militante del PP o a un sargento de artillería. Para ello utilizan la música festiva, una presentación enérgica y disfrutable y unos estribillos incontestables capaces de poner a botar a toda la sala. El comienzo de "No nos podrán parar" tuvo una buena continuación en piezas como "Haz turismo", "Gente distinta" y, sobre todo, el fantástico "20 de abril", uno de los temas capitales de esta banda, precioso se mire por donde se mire y loable desde cualquier tipo de crítica.

El grupo aprovechó para recordar la situación de atolondramiento por la que vivimos con la colaboración de Lichis, de La Cabra Mecánica (en "Skaparate Nazional"), y comentar que ellos (como casi nadie) tampoco están de acuerdo con lo sucedido en la localidad de El Ejido. Esto último lo apoyaron con "El emigrante", tema que interpretaron con el canario Arístides Moreno y que sirvió para dar entrada a "Cuéntame un cuento", pieza que tuvo que esperar a que se acabara el "Cumpleaños feliz" que el público dedicó a Alberto habida cuenta de que el día en cuestión era su onomástica.

Para los bises se guardaron un activo "Madera de colleja", el himno "La senda del tiempo" y el popularísimo "Tranquilo majete". Salieron sudorosos y triunfantes, con un Cifu que es todo un animal en escena y con un repertorio tan cargado ya de éxitos que aun tuvieron que dejar fuera su "Gente impresentable".

E.P.

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