Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Beck

La Riviera. 6 de marzo

A tenor de lo visto en el Festimad del 97, éste podía ser uno de esos conciertos inolvidables. Beck parece enteramente un crío, desvalido, un mindundi que puede volarse en cuanto se levante un poco de viento. Sin embargo, es de las personas que se transforma en cuanto sube a un escenario. Allí se vuelve un hombre de peso, un maestro de ceremonias espectacular: se vuelve negro por momentos.

Y, en base a eso, Beck respondió en su visita a Madrid. Demostró por qué se le considera uno de los genios de los noventa y por qué hay fundados motivos para tenerle como uno de los referentes de la música que tiene que venir. El rock'n'roll nació en los años cincuenta cuando a un individuo se le ocurrió juntar la música blanca (el country'n'western) con la música negra (el rhythm'n'blues). A finales de siglo Beck hace exactamente lo mismo: junta lo blanco con lo negro, pero no lo de hace cincuenta años, sino lo de ahora.

En tres temas demuestra que puede ser Prince y en otros tres también deja claro que puede ser Dylan. Afortunadamente no es ni Prince ni Dylan, aunque sea capaz de despatarrarse en el suelo y levantarse de un salto o cantar en acústico acompañado únicamente de una armónica. Beck es Beck. Y, en escena, mucho más Beck.

La mayor crítica que ha recibido este hombre es que en su reciente "Midnite vultures" se parece demasiado a Prince. Es cierto, pero ni el mismo Prince se parecía a sí mismo en su cuarto disco. A estas alturas, el crío rubito ya aparece en escena con sección de vientos, con dos chicas en los coros, con un piano blanco, con un bajista con pinta de punky que toca jazz y con un espectáculo que se basa principalmente en sí mismo. Cualquiera de las consideradas estrellas necesitó mucho más tiempo y bastante más carretera para llegar a esto. Beck lo ha conseguido ya, y con una solvencia inusual. Arranca en clave de funk, pone a la gente boca abajo y después se dedica a hacer exactamente lo que quiere.

Hace mejor música negra que la mayoría de los músicos negros que trastean actualmente en la escena, es más salvaje que cualquier grupo de lycra y melenas y controla al público con la sabiduría que aporta la experiencia de lustros.

Es realmente fabuloso y sabe rodearse del espectáculo necesario para resultar aún más brillante. El solo que hace su DJ para comenzar los bises, por ejemplo, es realmente incontestable. Deja en penurias la mayoría de las sesiones donde los pinchadiscos de culto cobran una millonada. Y solamente ocupa seis minutos del show. El resto es una explosión de soul mezclado con rock que cala hasta la médula.

El repertorio fue una compilación de sus cuatro discos "mayores". Apenas si dejó hueco en el espectáculo para sus aventuras acústicas, las que graba en pequeños sellos independientes, y sólo tocó un par de temas con su guitarra en medio del set-list. Recordó el "Mellow gold" con "Beerdan" (que abrió el concierto) y con el irresistible "Loser". Dio cancha al nuevo "Midnite vultures" con "Sex laws", "Milk & honey", "Hollywood freaks", "Debra", "Nicotine and gravy" y un fantástico "Mixed bizzness". También hubo hueco para "Mutations" ("Tropicalia") y para "Odelay", disco representado con "Novacane", "The new polution", "Jack-Ass" y "Where it's at". En total, una buena ración de música "beckiana" que resultó fascinante, lo suficiente para pensar que, aunque muchos vean que la música de esta década va por terrenos más electrónicos y sonidos menos orgánicos, lo más probable es que el hip hop vaya ganando terreno en la música blanca según pase el tiempo con las premisas propuestas por Beck.

Al tiempo.

E.P.

Arriba

Indice