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Yes vuelven a la escena con nuevo álbum y nueva gira. Octubre del 99 Un dinosaurio sinfónico Pusieron en la historia el género del rock sinfónico y lo han mantenido durante treinta años. Nunca volvieron porque nunca se fueron, aunque su carrera es la propia de un dinosaurio, con abundantes cambios de formación y una infinidad de trabajos en solitario por parte de cada uno de sus miembros. Recientemente han puesto en la calle "The ladder", pero lo más importante es que han regresado a la carretera. La voz inconfundible de Jon Anderson, los bajos de diseño exclusivo de Chris Squire, la capacidad de Steve Howe para tocar cualquier guitarra tanto acústica como eléctrica, la solidez de Alan White, considerado todavía uno de los mejores baterías del mundo todo esto, más la presencia de Billy Sherwood como apoyo de guitarras e Igor Khoroshev con el amplio set de teclados, es lo que se puede encontrar en "The ladder", un disco que hace honor al nombre de Yes después de unos lanzamientos que no parecían estar a la altura del mítico grupo. Difícil era pensar que un grupo que dio forma al rock sinfónico allá por los años setenta pudiera cerrar en activo el siglo XX. El estilo, que se acercó a las formas más pretenciosas y extravagantes del rock, ha vuelto a coger auge en los noventa y se ha encontrado con que, todavía, una banda como Yes puede servir de referente. "The ladder" deja de lado la sobreinstrumentación de la que adolecían los últimos trabajos del grupo, envuelto en un quiero-y-no-puedo que le ha mantenido en esta década lejos de los públicos mayoritarios. Su anterior álbum, por ejemplo, se grabó al terminar una gira mundial y sólo consiguió vender trescientos mil ejemplares, una cifra muy alejada de las que han acompañado al grupo durante toda su carrera. Se tituló "Open your eyes" y apenas tuvo repercusión en nuestro país. Lejos quedan ya los tiempos en los que Yes, junto a Genesis y Emerson, Lake & Palmer, sostenía en alto uno de los géneros fundamentales de los años setenta. El monstruo sinfónico acabó consigo mismo al desarrollarse como un espectáculo tan enorme que era imposible mantenerlo vivo. Los álbumes de estas bandas, así como sus puestas en directo, eran tan grandilocuentes que solamente podían realizarse asegurándose una enormidad de ventas que no se mantuvieron tras la aparición del punk. A finales de los años sesenta, ciertos personajes del rock tenían una espinita clavada en su cuerpo: podían ser músicos magníficos, pero no eran aceptados por el status más conservador del mundo del espectáculo; un músico de rock podía generar mucho más dinero que cualquier otro, pero, mientras las cosas no cambiaran, el rock seguiría considerándose una música menor. Fue entonces cuando una buena cantidad de rockeros con formación musical clásica decidieron abordar una fusión que se presentaba apasionante: el estilo del rock con las formas clásicas de sala de conciertos. El resultado derivó en dos ramas bien diferentes: por un lado surgió el heavy incipiente, con guitarristas y teclistas que se apoyaban en los músicos barrocos y que en directo se permitían amplísimas evoluciones instrumentales que siempre partían de riffs clásicos; por el otro apareció el rock sinfónico, apoyado en la evolución tecnológica de los teclados, la aparición de los sintetizadores y la visión conceptual de los discos. Los primeros mantuvieron una estética particular y temáticas marginales que les impidieron dar el salto hacia el público adulto; los segundos, sin embargo, capitalizaron la década yéndose cada año a un "más difícil todavía" que no tenía límite: impresionantes equipos de directo que llegaron hasta el sonido cuadrafónico, proyecciones elaboradas capaces de impresionar a un estadio, vestimentas que agrupaban el diseño de última moda con las formas medievales, utilización de orquestas para grabaciones de larguísima duración algo que iba evolucionando rápidamente hacia unas magnitudes que terminaron dejando la música en segundo plano. Tras la aparición del punk, surgido precisamente como antídoto ante las dimensiones grandilocuentes que estaba tomando el rock, el heavy aguantó con una segunda explosión gracias a la NWOBHM (new wave of british heavy metal) en los años ochenta, pero el rock sinfónico se vino abajo con una rapidez asombrosa. La reaparición de la música sencilla y divertida terminó con el mercado establecido. Fue la época en que las compañías discográficas independientes marcaban la pauta estilística, una pauta en la que los dinosaurios y los virtuosos eran el enemigo a batir. Poco a poco, todos los nombres de oro del rock sinfónico fueron cerrando su tenderete dejando paso a muchachos que brincaban en los escenarios con canciones de cuatro acordes y unas puestas en directo que reivindicaban la sala pequeña ante el gran estadio y la inmediatez sudorosa ante la frialdad de las ejecuciones medidas y programadas hasta el último detalle. Yes también sufrió el golpe. Después de unos primeros años que trajeron el fantástico "Fragile", el referencial "Close to the edge" (ambos de 1972), el ampuloso doble "Tales from topographic oceans" (73) o el triple en directo "Yessongs" (también en el 73) llegó un leve bajón para resurgir con fuerza con "Going for the one" (77) y "Tormato" (78), álbumes que supusieron la cima comercial de Yes al reunir a su más valorada formación, la que realizó también los discos antes citados. Tras ello llegó un anuncio de separación que sólo fue superado con una formación de urgencia y un cambio de dinámica. Fue el tiempo en el que Trevor Horn comenzó a producir a una formación de Yes que incluía entre sus filas a los miembros de Buggles (quienes habían triunfado en medio mundo con "Video kills the radio star"). Si bien el intento ("90125" en el 83) tuvo un buen resultado comercial y sacó al grupo de nuevo a la carretera, quedaba claro que Yes estaba herido de muerte. Al mismo tiempo, todos los músicos que habían pasado por el grupo (Bill Brufford, Rick Wakeman, Patrick Moraz, Jon Anderson ) mantenían carreras en solitario amparándose en su innegable calidad. Periódicamente surgía un intento de reanimar el dinosaurio, pero resultaba difícil, muy difícil. El ego de los mejores instrumentistas de Yes no permitía unir siempre a la formación más cotizada por el público, la abundancia de proyectos en solitario convertía en una locura un mínimo acuerdo de fechas y los cambios estilísticos que había dado la música hacían que cada uno de los creadores de Yes tuviera una visión diferente de lo que podía hacerse de cara al futuro. Después de idas y venidas, dimes y diretes, el grupo ha seguido contando con producciones en los años ochenta y noventa, si bien, excepto el directo "Keys to ascension" (en el que se recogían los mejores temas de la banda), el resto de los álbumes no aportaba suficiente nivel como para volver a poner al grupo entre los grandes. Seguían viviendo de un nombre mítico con unos buenos resultados comerciales, pero nadie veía a Yes como una aportación a la música de la última década. Ahora el asunto ha cambiado. En los últimos años han surgido de debajo de las piedras sellos especializados en grupos que recuperan el estilo del primer rock sinfónico, los músicos heavies han modificado su visión sobre las temáticas y han vuelto a aparecer populares corrientes de contenido épico donde no faltan las orquestas o el trabajo de teclados. Todo ello coincide con una adecuación de Yes a los tiempos actuales. Tal y como se propusieron en la época Horn, han rebajado considerablemente sus formas rockeras y se han acercado más al concepto de canción, han aceptado una producción relativamente sencilla y su última gira no tiene nada de espectacular encima del escenario. "The ladder" es un disco realmente interesante que podría poner otra vez a Yes en el candelero, aunque, como siempre, es el público el que tiene la última palabra. "Fue después de hacer unas fechas en Japón. Lo hablamos y decidimos hacer un nuevo disco. Ahora no trabajamos como lo hacíamos antes; nadie tiene la responsabilidad de la composición en exclusiva. Uno puede aportar una idea a la que se van añadiendo los arreglos de otro. Todo es más sencillo". El que habla es Chris Squire, el bajista "de siempre" de Yes. Nacido en el 48, él fue, junto al vocalista Jon Anderson, el germen del que surgió toda la historia allá por 1968; desde entonces, Squire ha estado en todas las formaciones de Yes. En 1989, Jon Anderson, Bill Brufford, Rick Wakeman y Steve Howe grabaron y giraron juntos sin que Chris fuera su bajista. El grupo tuvo que llamarse A.B.W.H. dado que, en aquel momento, Squire tenía los derechos sobre el nombre de Yes. Ni siquiera estando fuera del grupo consiguieron echarle de Yes. "Claro que se puede hacer un disco con ilusión después de tanto tiempo "--dice--". Lo importante es que disfrutamos haciendo música y que el nuevo proyecto nos ilusionaba y nos inspiraba. Es como hacer algo nuevo, no repetir algo ya hecho". Yes ha vendido más de treinta millones de discos en todo el mundo y más de veinticinco millones de entradas para sus conciertos. Eso sin contar los exitazos que algunos de sus miembros han tenido en solitario, tales como la colaboración de Jon Anderson con Vangelis o las primeras producciones del teclista Rick Wakeman. "Creo que me acuerdo de todos los discos de Yes. Igual en un par de ellos no se decirte el título o el año exacto en que salieron, pero sí, me acuerdo de ellos", señala Squire cuando le pregunto sobre la obra del grupo. El bajista prefiere llamar a la música de Yes "rock progresivo" en lugar de utilizar la etiqueta de sinfónico y, coherentemente con ello, defiende las novedades que "The ladder" aporta sobre los anteriores álbumes de la banda: "Hemos evolucionado siempre y aquí hay una nueva evolución. En este disco puedes encontrarte desde influencias orientales a cosas afrocaribeñas. Es diferente". Squire también trabajó fuera de Yes, aunque, a decir verdad, fue el miembro del grupo que menos éxito tuvo en ese tipo de aventuras. "Fish out the water", grabado en el 75, coincidió en el tiempo con trabajos de Rick Wakeman (el teclista más emblemático del grupo), Steve Howe y Alan White. "Yo no lo considero tan importante en mi caso "--señala--". Lo haces, pero luego vuelves a tus raíces. Hay muchas veces en la que los discos en solitario de músicos que tienen una banda vienen dados por situaciones comerciales. Acuérdate, por ejemplo, de los discos que hizo Mick Jagger cuando estaban parados los Stones. Lo cierto es que, para mí, olvidarme de aquel disco y volver al grupo fue como volver a casa. Jon es el que mejores resultados tuvo en solitario. El es muy completo y prolífico, muy inquieto. No puede dejar de hacer cosas". Los trabajos al margen del grupo han originado, en muchas ocasiones, separaciones o abandonos por parte de algunos miembros de Yes. "Todos los cambios afectan y, quieras que no, siempre influyen en el devenir de la banda y de su música", señala Chris. Ese hecho es el que ha impedido que, durante mucho tiempo, la formación más emblemática de Yes (Anderson, Howe, Squire, Wakeman y White) haya podido reunirse. Hace relativamente pocas fechas se unió para una gira en vivo que dio pie a la grabación del directo "Keys to ascension". Dicha reunión, sin embargo, no prosperó más allá y Wakeman no se integró en los siguientes trabajos de Yes en estudio. "Cuando íbamos a grabar 'Open your eyes' todos procuramos que Rick estuviera presente, pero él tenía otros planes y decidió no continuar con nosotros", recuerda el bajista. La baja de Wakeman ha sido suplida en "The ladder" por Igor Khoroshev, un nombre poco conocido dentro del mundo de la música. "Es un amigo de Jon muy, pero que muy, bueno tocando. Además, es de quienes aportan ideas y no se limita a interpretar. Todos le conocíamos porque Jon nos lo había presentado y, cuando nos encontramos sin teclista, no pensamos en empezar a buscar ni hacer ninguna audición. Si teníamos al hombre, ¿para qué perder el tiempo buscando y poniendo anuncios?". Chris habla del nuevo álbum como de una obra "típicamente Yes", sin ningún tipo de influencia por las corrientes contemporáneas: "Escucho un poco de todo y también lo que oye ahora la gente joven. Comparándola con ella, no creo que la música de Yes sea nada elitista ni complicada, sino que es como las demás. Te puede gustar o no, pero es la nuestra. No tengo ni idea de cómo puede resultar ahora un disco nuevo nuestro a nivel comercial. Espero que bien, aunque yo no sé evaluar esas cosas justo después de haber terminado de grabar. Por otro lado, nosotros nunca hemos hecho una música que sea pegadiza, que te entre a la primera. Nuestros discos se van apreciando mucho mejor con el tiempo, cuando lo escuchas más de una vez". Le pregunto por sus tres hijos (el cuarto está en camino) y me intereso de la respuesta que tienen ellos hacia la música de Yes. "Mi hija también es artista y, además, trabaja en una compañía discográfica, pero, si te digo la verdad, no suelo hablar de eso con ella ni con los demás. No creo ni siquiera que mis hijos hayan escuchado aún este nuevo disco", apunta. Chris es de quienes también piensa que el momento dorado de Yes fueron los años setenta y, a la hora de decidirse por alguna de sus obras, no duda en señalar "Close to the edge" y "Fragile". "Eran momentos muy bonitos, con macroconciertos y estadios llenos en Estados Unidos. Luego hubo un segundo momento, por el 83 o el 84, cuando sacamos el single "Owner of a lonely heart", en que también fuimos #1 en Estados Unidos". La mente musical de Chris sigue estando en el pasado. "En la actualidad no hay nadie que me impresione o me llame la atención. Para mí, los mejores siguen siendo los Beatles, los Stones y los Who. Los Who fueron los más grandes. Recuerdo que, cuando era un crío, siempre encontraba la manera de reunir dinero para ir a sus conciertos. Su 'Tommy' es un perfecto ejemplo de lo que fue el rock progresivo. Pete Thownshed era realmente un monstruo". Actualmente Yes está inmerso en una gira que les ocupará un año entero. Si bien los directos de este grupo se caracterizaban en otras épocas por sus efectos escénicos y por la magnificencia de sus espectáculos, en la gira actual todo es más sencillo: "Tal vez nos pasáramos en ese aspecto "--recuerda Chris--". Ahora no hay nada tan espectacular, ya que llegamos a la conclusión de que, en muchas ocasiones, un espectáculo demasiado visual termina oscureciendo la propia música". Aún no hay fechas para un posible paso por España, aunque todavía es pronto para concretar algo al respecto: "sólo sé con exactitud dónde vamos a tocar con tres meses de antelación. Del resto me preocupo cuando va pasando el tiempo". Si bien discográficamente el eco actual de Yes no es el de antaño, sus conciertos en directo sí que siguen llevando a gente a los recintos. Quiérase o no, Yes es uno de los nombres escritos con letras de oro en la historia de la música y ver a músicos míticos o escuchar canciones clásicas es algo que le gusta a todo el mundo. "Es sorprendente "--dice Chris--" poder ir por el mundo de esta forma y a estas alturas. Hasta en el sitio más recóndito del mundo siempre encuentras a alguien que tiene algún disco nuestro. En Sudamérica, por ejemplo, la gente se pone casi en éxtasis cuando tocamos allí". Pues que dure. Siempre es bueno que haya ofertas diferentes y que los músicos puedan vivir de su trabajo sin recurrir a actuaciones patéticas. Afortunadamente, no parece que ése sea el caso de Yes, ya que, a tenor de lo ofrecido por "The ladder", el grupo está en buena forma. Richard Harrison Yes. "The ladder". Eagle
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