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La nueva oferta de Rammstein, grabada en directo, llega en dos formatos: CD y vídeo. Septiembre del 99

El fuego alemán

Mujeres encarceladas, hombres sodomizados, más fuego que en el infierno y hasta una zodiac sobre las cabezas del público con un cantante loco montado en ella. Cosas como éstas son las que han convertido a Rammstein en una de las bandas más espectaculares a nivel de directo, aunque, como suele pasar siempre, no todo el mundo está de acuerdo con sus peculiares gustos.

Los seis van apareciendo en escena uno a uno. Richard Kruspe, Paul Landers (ambos guitarristas), Flake Lorenz (teclista), Oliver Riedel (bajo), Christoph Schneider (batería) y, por último, Till Lindemann (cantante). Todos van vestidos con un tono futurista, pero sin dejar de lado una estética militar. Sus pelos están envueltos en una gomina de color plateado e incluso alguno de ellos lleva lentillas simulando tener ojos de zombie. Su imagen, ya de por sí, provoca reacciones. Pero eso no es nada con lo que se avecina. El traje de cuero de Till comienza a saltar llamas por los costados, sus zapatos empiezan a despedir pirotecnia y los micrófonos arden. Nada está fuera de control: simplemente, estás asistiendo a un show de Rammstein, la última sensación alemana cuya música no puede encuadrarse ni en la música dance ni en el power metal épico.

Sus canciones presentan una marcialidad apreciable. Tienen el estilo de las bandas militares que, probablemente, se oirán en ejércitos interestelares. El público, cuyos movimientos de cabeza arriba y abajo son su única expresión, conoce todos los temas y los corea mientras por el escenario empiezan a suceder cosas… "anormales". En una de las canciones, Till comienza a fustigarse mientras sigue cantando (o, mejor, mientras sigue recitando en un regio alemán los textos de sus canciones). Doce minutos después se desabrocha su pantalón y deja emerger un falo de plástico que coloca en el culo de su teclista mientras éste permanece arrodillado. El falo comienza a eyacular y se tirará así todo el resto de la canción mojando a todo quien esté en su radio de acción.

Fuego por la derecha, por la izquierda, por el techo, por el suelo, en las baquetas de la batería, en las guitarras… La gente disfruta como si estuviera poseída mientras siguen sonando, inmisericordes, más temas de una banda que sólo cuenta con dos discos en el mercado.

Ahora acaba de aparecer su tercero, un directo que trata de reflejar las paranoias que estos alemanes son capaces de presentar en sus conciertos. El álbum, doble, se llama "Live aus Berlin" y ha sido lanzado como respuesta a la enorme cantidad de discos piratas recogidos en directo a lo largo de sus innumerables shows. Como era natural en este grupo, el álbum viene acompañado de un vídeo que refleja, mucho más fielmente, lo que Rammstein puede dar al público que se acerque a verlos de cerca. El vídeo aparecerá en España un poco más tarde mientras que el compacto acaba de ser puesto a la venta con unas grandes expectativas. Sin haberlo promocionado mínimamente, "Sehnsucht", el segundo álbum del grupo, alcanzó las quince mil copias vendidas en nuestro país. A raíz de aquello se comercializó "Herzefeld", su debut del 95, y también obtuvo cifras similares después de que los alemanes se dieran una vuelta por nuestro país y presentaran su "ardiente" show ante los sorprendidos españolitos.

Tengo concertada una cita con Till Lindemann en un hotel de Madrid y, ciertamente, asisto a ella con curiosidad. Si algo define a Till en el escenario es la palabra "hierático". No sonríe, ni juega ni habla con el público. Sólo se presenta ante ellos con la actitud de quien es el líder o el salvador del próximo milenio. Su rictus es siempre serio y amenazador y me pregunto si este personaje será así solamente en el escenario o prolongará su papel más allá de las tablas. Todavía puede ser peor: el personaje puede ser así en la vida real.

Para mi suerte o mi desgracia, al llegar al hotel me comunican que Till ha sufrido un accidente de circulación que le ha dañado las piernas. No parece nada serio, pero me confirma que hasta los grandes salvadores del planeta son débiles ante las armas del resto de los humanos, sobre todo ante los coches. En su lugar aparece Flake Lorenz, el teclista y, con mucho, el miembro más extrovertido de Rammstein. O eso pensaba yo después de verlos en directo y de ponerme su vídeo la noche anterior. Flake es el único que se mueve, que baila y cuya indumentaria parece salirse un poco de la norma de cueros negros y gomina brillante.

En persona, sin embargo, se muestra mucho más… alemán. Rígido, ataviado con un traje marrón y sin moverse un centímetro de la silla en la que está sentado en la azotea del hotel. El grupo ha terminado recientemente su gira norteamericana y Flake quiere, ante todo, ver el sol español. Desde la azotea se contempla medio Madrid y la Casa de Campo entera, pero, realmente, dudo que este hombre se entere de ello. Ni siquiera mueve la cabeza si no es para pedir aclaraciones a la persona que nos sirve de intérprete. Por lo que me cuentan, el tipo es así de continuo. El acompañante de su compañía discográfica en Madrid que se encarga de su plan de promoción me comenta que sólo cambia cuando se enfrenta en la cena a la segunda botella de Marqués de Cáceres. Con todo, me señala, su expresividad no va mucho más allá de lo que yo estoy observando.

Dos días después de hablar con Flake asisto con mi chica al cine de verano que nos instalan en el barrio cada año. Se proyecta "AntZ" y uno de los personajes principales de la película es una hormiga soldado capaz de enardecer a las masas mientras gesta una especie de golpe de estado en el hormiguero en base a defender la teoría de que cualquier hormiga es prescindible para el bien de una colonia fuerte y poderosa. Realmente, me quedo alucinado: la similitud entre los personajes de Rammstein y aquella hormiga son sorprendentes. No me parece nada extraño que en Alemania se haya tildado numerosas veces a este grupo de neonazi.

"No lo somos, no". Esa es toda la respuesta de Flake ante mi pregunta sobre el tema. Llevo ya diez minutos hablando con él y casi todas sus respuestas me son presentadas por la intérprete con dos o tres palabras. No es que la chica resuma en demasía, sino que las contestaciones del teclista tampoco van más allá. Le insisto sobre el particular y se explaya un poco más: "Eso fue un malentendido que ocurrió hace un par de años. No se nos puede encasillar, ya que ser alemán no supone necesariamente ser pronazi. La gente debe vernos como una compañía de circo porque, de lo otro, no hay nada".

Un poco más tarde, Flake me comentará que, en realidad, la ideología de los miembros del grupo puede calificarse como izquierdista y que él, incluso, es europeísta y cree que la Unión Europea puede ser muy positiva para todo el mundo. Los miembros de Rammstein provienen del Berlín que antes se denominaba "oriental", la parte de la ciudad que, tras el reparto surgido tras el fin de la segunda guerra mundial, quedó bajo administración soviética separada del resto de la ciudad por el famoso muro. Allí pasaron su niñez mientras que su adolescencia se vio sacudida por el fenómeno unionista que ha llevado consigo que, a final de siglo, Berlín vuelva a ser la capital de una Alemania unida. Puede que sea, porque los alemanes son, según dice Flake, "prácticos, cuadrados y buenos, como el chocolate", por lo que ciertas imágenes se asocian aún con recuerdos demasiado penosos. Eso es lo que hizo posible que, tras el lanzamiento de "Herzefeld", en 1995, la crítica musical y la prensa en general viera en Rammstein más defectos que virtudes y montara una enorme polémica sobre sus espectáculos. Sin embargo, esta polémica generó ventas y aquellas ventas llevaron al grupo a incorporarse a la banda sonora de "Lost highways", la película de David Lynch que puso la música de Rammstein en todo el mundo. Ahora los alemanes pueden presumir de tener en su currículum más de quinientos conciertos, nominaciones para todos los premios internacionales y discos de oro en países como Estados Unidos.

"No tenemos nada que ver con la tradición musical alemana ni con la música alemana que se hace ahora. De hecho, en estos momentos no se puede decir que haya música alemana: todo consiste en imitar a los grupos americanos", comenta Flake sin mover un músculo más de lo necesario. Evita una definición al hablar de su música y cuando le comento que me parecen un grupo de música marcial me señala que "no tengo ni idea. Nosotros hacemos música, no la ponemos adjetivos".

Los miembros de Rammstein se conocieron hace quince años y, en principio, lo único que pretendían era "tocar en los sótanos". En Berlín existe, como en casi todo el mundo, la tradición de tirar cohetes en nochevieja y, después de pasar una juntos, Richard, Paul, Till, Oliver, Christoph y Flake decidieron que no sería mal asunto incorporar movidas pirotécnicas a sus presentaciones en directo. Se movían en el círculo del sello independiente ß, pero un avispado A&R pensó enseguida que aquello podía llamar la atención en un mercado dominado por el dance, el pop y el power metal épico. "No puedo decir que esos grupos estén mal, pero no son de mi interés", comenta Flake.

Así se llegó a "Herzefeld", una peculiar revelación que se vio avalada por el crecimiento de sus espectaculares shows. "Las cosas se van desarrollando de concierto en concierto mejorándolas según se nos van ocurriendo. Cuando empezamos las giras todo es más suave y no llevamos tantos efectos preparados", dice Flake sobre sus puestas en escena. "Absolutamente todo es de nuestra invención y lo controlamos nosotros. No podemos fiarnos de otros cuando danzamos con fuego en un escenario".

Hablando sobre sus dos primeros discos, el teclista comenta que "Herzefeld" fue la recopilación del trabajo de los tres primeros años del grupo, mientras que en "Sehnsucht" ya pudieron trabajar con más medios y con ideas nuevas. Si en los temas de Rammstein está presente alguna vez el inglés, la mayoría de sus temas son interpretados en alemán, su lengua nativa. "No nos importa demasiado si la gente entiende las letras o no: por eso cantamos en alemán. Puede que tuviéramos más éxito si hiciéramos más textos en inglés, pero no es algo que nos preocupe". Le señalo que, sin saber de qué van las letras, es difícil entender su espectáculo, ya que, en mi ingenuidad, supongo que las parodias que interpretan tendrán algo que ver con lo que dicen las canciones. "No. Excepto en casos puntuales, no tiene ningún sentido. Hacemos esas cosas porque son divertidas y nos parecen bien", responde. Debe ser porque mi concepto de la diversión no es el mismo que el suyo, pero no puedo evitar preguntarle dónde está lo divertido en las sodomizaciones, el masoquismo o el encerrar a un mujer en una jaula. La respuesta es aclaratoria: "Representamos todas las formas de amor que existen. Todas nuestras canciones hablan de amor".

Lo que veo me hace pensar que la peculiaridad de Flake también existe en la vida real, la que realizan los miembros de Rammstein cuando terminan sus actuaciones, pero él me dice que "somos normales. En nuestra vida diaria no hacemos nada de lo que hacemos en el escenario". Con todo, hay que admitir que no deja de ser curioso que alguien te diga que el fuego es "una buena manera para entrar en contacto con el público. Es emocionante y se empieza a sentir el calor"; o que reconozca que "nuestra música es muy directa, sin florituras. No está hecha para que la gente baile. No es funky. Eso no quiere decir que no queramos que el público no se divierta".

Sea como sea, la banda se va consolidando rápidamente como una de las propuestas con mejor resultado comercial dentro del nuevo panorama alemán. Con todo, puede caber la duda de si Rammstein terminará convirtiéndose en un espectáculo de circo que termine atrayendo a la gente sin que su música importe algo. Flake piensa, a este respecto, que no hay ningún temor y que su público les sigue principalmente por sus canciones, no por su show.

En septiembre entrarán en el estudio para dar forma a lo que será su cuarto álbum y, aunque ya tienen bastantes ideas sobre el tema, no quieren adelantar nada en concreto. "Unicamente que, en cualquier caso, será un buen disco", dice el teclista. Este hecho retrasará su próxima gira europea y no se podrá a ver a Rammstein en España hasta bien entrado el año 2000. Mientras, los aficionados, fans y curiosos que quieran descubrir cómo se las gasta este sexteto podrán quedar satisfechos con el vídeo de "Live aus Berlin". El disco presenta menos aliciente, ya que incluye las piezas de sus dos álbumes anteriores, un repertorio, por tanto, no demasiado escogido. En él se ha incluido una pista en CD ROM para aportar algo novedoso, aunque, según Flake, bastante novedoso es de por sí que las canciones estén grabadas en vivo.

E.P.

Rammstein. "Live aus Berlin". Motor

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