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Los Pretenders reaparecen con un álbum titulado en castellano: "¡Viva el amor!". Julio del 99

Sin necesidad de ser bella

Un disco de Pretenders siempre es un acontecimiento. Para unos porque recupera un estilo personal que no ha conseguido tener imitadores en los tiempos que corren. Para otros porque vuelve a traer a la memoria una parte de la historia de la música que aportó cosas que se encuentran entre lo mejor que ha dado el siglo.

Es el eterno dilema: grupos como Pretenders, ¿son en realidad una banda o son la extensión lógica de personalidades como la de Chrissie Hynde? El asunto no es nuevo, ya que aún se conservan tópicos que siempre señalan a una u otra formación como "el grupo de Fulano" o "la banda de las hermanas Zutano". En este aspecto, es ciertamente ineludible atender algunas premisas que se terminan haciendo leyes con el paso del tiempo: nunca, en el caso de Pretenders, la composición del grupo fue tan importante como la presencia de Chrissie Hynde. De hecho, cuando murieron dos de los tres músicos de la primera encarnación de la banda (que dejó dos discos como herencia), "Learning to crawl" vino a poner de manifiesto que el sonido de Pretenders estaría vivo mientras Hynde hiciera canciones.

Cuando las cosas se ven con casi veinte años de distancia, nadie puede negar la enorme importancia de James Honeyman-Scott, el primer guitarrista del grupo, en lo que aún hoy es un sonido plenamente identificable. La misma Chrissie comentaba en su última visita a Madrid la evidente influencia que Jimi tuvo en todos los guitarristas posteriores del grupo y el hecho de que su figura fuera una de las guías que la mantuvo en el mundo de la música después de la desgracia que asoló a la banda tras la desaparición de sus primeros compañeros: "Creo que él habría pensado que sería injusto que todo el trabajo de su vida se perdiera. Eso me dio muchas fuerzas para continuar, para impulsar su espíritu musical. Es por eso por lo que me mantuve en la música y por lo que mantengo ese sonido".

Por otro lado está la evidencia: Chrissie Hynde es la compositora, vocalista, frontwoman e imagen de eso que aún mantiene el nombre de Pretenders. "Con los primeros discos del grupo yo no tenía ninguna intención de destacar en nada "--señala Chrissie--". Siempre que querían hacer una entrevista o una foto obligaba al periodista a que hablara con el grupo entero o que la foto fuera de la banda completa. Ahora ya no estamos en aquella época y debo reconocer que lamento que el grupo tenga que centrarse en mí para todo el asunto promocional. Son tiempos duros a nivel comercial". Con todo, la Hynde hace su papel con una dignidad enorme, consciente de su magnetismo y de su propia leyenda, sabedora de que el interés del público no está tanto en sus músicos (han cambiado muchas veces con el tiempo) como en ella misma. No tiene ya ningún problema a la hora de presentarse en solitario en la portada del último álbum del grupo ni de atender a la prensa sin compañeros con una simpatía y jovialidad que hace olvidar por completo a la tremebunda Chrissie Hynde que hacía temblar los cimientos de los edificios por los que pasaba.

"Eso de que el rock es un mundo machista es un mito. Yo siempre lo he visto más andrógino que masculino. Si te pones a pensarlo verás que los hombres que han destacado en el rock nunca han sido modelos de belleza. Ese es un hecho muy reciente. Creo que ha sido en los noventa cuando han aparecido esos chicos de gimnasio y esas mujeres imponentes. Antes no era así", comenta Chrissie. El hecho puede ser aceptado, pero también parece innegable que las mujeres aparecieron con cierta generalidad en el rock a partir de la explosión del punk. Antes de aquello podías encontrar alguna que otra chica inmersa en un grupo de rock, pero, para qué negarlo, eran minoría y casi todas las compañías orientaban a sus vocalistas femeninas hacia unos mercados más mainstream donde la imagen sensual era una baza a jugar. Puede que fuera por ello por lo que la figura de Chrissie Hynde acaparara enseguida tal cúmulo de simpatías. Con la llegada de la new wave, a finales de los setenta, aparecieron infinidad de chicas encima de los escenarios, pero las más representativas parecían enormes botes de maquillaje. Mientras que Alaska en España o Deborah Harris en Estados Unidos parecían un muestrario de cosméticos, la Hynde ponía por delante un aspecto que exhalaba personalidad.

Su figura se acrecentó enormemente cuando el primer disco de los Pretenders apareció en el mercado. Fue entonces cuando la prensa musical inglesa se dio cuenta de que, a diferencia del resto de sus compañeras, se podían escribir libros enteros de Chrissie. Sus manifestaciones no eran simples alegatos feministas ni sus actuaciones un desfile de minifaldas, nunca jugó al juego de la imagen y por eso ganó. En 1999 un disco de Pretenders sigue interesando a la gente mientras que cualquier aparición de otra histórica de la época siempre trae a la cabeza comentarios sobre el paso del tiempo en el cutis de las otrora "bellezas". "Creo que a todos nos gusta sentirnos bien y tener una buena imagen "--dice--", pero lo que no se puede olvidar es el orden de valores, las cosas que realmente son importantes. En Hollywood, por ejemplo, ves que actores y actrices que tienen un caché altísimo lo mantienen no porque sean buenos, sino porque son los más bonitos. No sé si estaremos perdiendo el norte en este aspecto. Claro que hay que cuidarse, pero sin llevar las cosas a extremos ridículos. Yo habría perdido un par de dientes si no me hiciera una revisión de vez en cuando, pero de ahí a estar solamente pendiente de tu aspecto…".

Chrissie tiene ahora cuarenta y siete años (cumplirá los cuarenta y ocho el próximo septiembre) y no duda en decirlo cuando se le pregunta qué puede hacer una persona de su edad danzando todavía en el mundo del rock'n'roll: "En los años cincuenta el rock lo hacían los teenagers, en los sesenta las bandas ya tenían una media de veintitantos años y poco después nadie se asustaba de ver a gente como Bowie, los Stones, Dylan o Van Morrison encima de un escenario. ¿Que por qué hago rock con más de cuarenta años? A mí me parece que lo que se hace ahora en ese campo es muy frío, con mucha máquina y mucha producción. ¿Por qué no voy a poder cantar si sé hacer buenas canciones de rock? Si a alguien no le gusta, que se joda. Es su problema", dice mientras levanta el dedo corazón de su mano derecha y sonríe.

El último trabajo de los Pretenders se llama "¡Viva el amor!". Básicamente, no es una renovación de lo que el grupo ha presentado a lo largo de diecinueve años, sino, más bien, una actualización de su sonido a tenor de las relaciones que han ido surgiendo en los últimos tiempos alrededor de Chrissie. Así, por ejemplo, la importancia de que la vocalista tenga una pareja colombiana es evidente: "lo del título en castellano me lo sugirió él y también fue él quien me dio a conocer la canción de Silvio Rodríguez que tocamos en este disco". "¡Viva el amor!" ha tenido un proceso de realización de tres años desde que empezara a gestarse. Trata de mantener, según Chrissie, una cierta libertad dentro del aspecto psicodélico del término, pero, musicalmente, no aporta ninguna revolución dentro de lo que uno puede esperar de un disco de Pretenders. Las canciones compuestas en principio para el álbum le resultaron a Chrissie "un poco light-rock, aunque yo quería hacer algo más pop", pero fueron cambiando su orientación final gracias a ciertas colaboraciones. Entre los participantes invitados destaca la presencia del ex-New York Dolls David Johansen ("teniéndole a él nada puede fallar"), de Jules Shear (de la Folk Comunity neoyorquina) o del guitarrista Jeff Beck, uno de los preferidos de Chrissie. También grabó gente como Alice Campbell o Bernard Butler, pero los temas en que participaron fueron excluidos finalmente del set list final. En éste se incluyen dos temas que no firma Chrissie: una versión de "Human", una canción de The Vinyls de hace doce años, y una recreación de "Rabo de nube", uno de los temas emblemáticos del cantautor cubano Silvio Rodríguez. "Mi marido me ha dicho que es una especie de Dylan en Sudamérica. El suele traducirme las letras de las canciones cubanas y de salsa que me pone. En la mayoría de los casos siempre me imagino que esas letras están escritas para mujeres negras con un culo enorme, pero en el caso de 'Rabo de nube' no fue así: me sonó a rebeldía".

La rebeldía y lo revolucionario son cosas que, cuanto menos, tratan de reflejarse en el disco. Por ello la portada tiene un diseño evidente: fondo rojo y un plano medio de Chrissie levantando el puño. "Viene bien para la publicidad porque tiene cierto toque punkie y cierto tic comunista. Es algo superficial, pero resulta positivo a nivel de imagen impactante. La idea del título sí que no es superficial: es algo importante y profundo para mí". A estas alturas, no obstante, Chrissie no ve el concepto de rebeldía como hace veinte años: "Eso se ha perdido ya. Las bandas se han acomodado y están más pendientes de su aspecto que de su actitud. Cuando yo monté una banda de rock no pensaba en tener una carrera, sino en meterme con las cosas de la sociedad que me parecían mal. Hoy, la idea de ser rebelde apenas tiene justificación y lo único que podemos hacer es declararnos contra el establishment. Si ahora abogáramos por aquello de 'sexo, drogas y rock'n'roll' no identificaríamos ninguna rebeldía, sino que nos situaríamos en el mismo sitio que todo el mundo. Lo rebelde, teóricamente, es hacer justo lo contrario que la mayoría y lo cierto es que es agotador".

El disco no tiene demasiados inventos a nivel de sonido: "Nos gusta cambiar, pero lo cierto es que yo soy bastante purista. Me gustan los cuatro instrumentos típicos y ese sonido orgánico que identifica al rock. Aunque no hemos cambiado tanto a lo largo de los años sí es cierto que nos dejamos influenciar por grupos que nos impactan. Garbage es uno de ellos: tienen cierto parecido con nosotros y en algo nos han hecho cambiar", comenta Chrissie. Con todo, "¡Viva el amor!" no olvida la parte de comercialidad que hoy se considera imprescindible para mantenerte en el candelero. En este terreno, es significativo el trabajo que Tin Tin Out ha realizado en las mezclas de "Human": "Es un intento de sacar el single en la radio "--admite la Hynde--". Yo no cambio el sonido de Pretenders en cada disco para que vaya con la moda, pero la radio sí cambia. Siempre intentamos proporcionar algo que pueda introducirse en las listas de éxitos porque, desde que era una cría, la radio ha sido esencial para mí. Mucha de mi educación ha venido por ese medio y quiero mantener ese nexo con él. Siempre he admirado a gente como Dylan o Van Morrison porque no hacen discos sino para sí mismos, pero a mí me gusta entrar en un parque de atracciones o en una sala de espera y sentir que nuestras canciones se escuchan".

Otra parte interesante para mantener un sonido actual es la participación del productor Stephen Street, quien ha popularizado su trabajo gracias a álbumes de Blur o The Cranberries. "Me gusta él, pero no le elegí por sus trabajos anteriores "--comenta Chrissie--". Nunca escucho la carrera de los productores. Hablo con ellos y, si veo que hay conexión entre nosotros, continúo la colaboración. Puede que no sea lo adecuado y que fuera mucho mejor conocer toda su obra, pero yo lo hago así. Si nos relacionamos bien… pienso que podemos llegar a algo bueno".

Mucha gente cree que Chrissie Hynde es inglesa. Y es lógico. A los doce años le encargaron en la escuela una poesía sobre la palabra que más le gustaba y ella eligió "Inglaterra". El tema no sería extraño sino fuera porque eso sucedió en Akron, Ohio, hace ya treinta y seis años. Con esa palabra en la cabeza Chrissie se relacionó con la música aprendiendo a tocar el ukelele y debutó como guitarrista en una matinal de grupos noveles en 1967. Su gusto por el arte se fue acrecentando tras estudiar tres años en la universidad de Kent State. Cuando salió de allí ya había tomado la decisión de coger un avión e irse a Londres. "Solamente quería conocer mundo", dice. Pero su manera de conocerlo ha resultado peculiar: desde que se instaló en Londres no ha vuelto a viajar más que como turista o embarcada en una gira con los Pretenders.

Su vida dio muchas vueltas hasta que pudo considerarse una ciudadana londinense. Llegó al aeropuerto de Heathrow con dos discos de los Stooges y uno de la Velvet Underground como equipaje y su primer trabajo fue como dependienta en una tienda de bolsos en Oxford Street. Como aquello no daba para mucho se apuntó como modelo para posar frente a los estudiantes de la escuela de arte de Saint Martin, pero tuvo que vivir en casas ocupadas hasta que se colocó como periodista en el New Musical Express gracias a Nick Kent. Cuando se la recuerda esta faceta de su vida siempre evita señalar que el primer disco que criticó fue uno de Neil Diamond: "El periodismo musical en Inglaterra es malvado y a veces sádico. Por otro lado, tengo que admitir que también es divertido y que yo lo sigo porque me permite tener una cierta visión sobre los discos que no te puedes perder. Ese tipo de información me sigue interesando, no tanto el periodismo musical como el periodismo de rock", señala.

Era lógico que, con esos antecedentes, tarde o temprano Chrissie se decidiera a montar un grupo. En esa época Inglaterra es un mundo en ebullición, el punk está comenzando a tener repercusión y se hace popular el lema de que no es necesario saber tocar un instrumento para poder expresar tu mala leche contra el sistema. Ella trabajó en la tienda de ropa de Malcolm McLaren, el que fuera a la postre inventor de los Sex Pistols, y su relación con él hizo que un día se encontrara dando clases de guitarra a un tipo que se hacía llamar Johnny Rotten.

Su primera experiencia como miembro de una banda en Europa fue junto a Chris Spedding, guitarrista que la llevó para hacer coros en una pequeña gira por Francia. Así, una adolescente Chrissie se encontró en el Olympia parisino haciendo sus pinitos mientras teloneaba, junto a Spedding, a los Flamin' Groovies.

Antes de que se crearan los Pretenders, Chrissie volvió a los Estados Unidos y, en Cleveland, lo intentó con Jack Rabbit, una banda que se movía dentro del r&b. Tras regresar a Inglaterra aceptó la oferta de McLaren para incorporarse a Berk Brothers, pero no tardó mucho en abandonar dado que tenía que fingir continuamente que era un chico. Debutó en el estudio con su ya conocido Spedding en "Hurt" y poco tiempo después comenzó el primer capitulo de la historia de su propia banda: Pretenders.

"Cuando me dicen que los Pretenders son una banda clásica yo prefiero no pensar en ello. Hay ocasiones en que mis hijas, al venir de clase, ponen la radio y me encuentro escuchando canciones de los primeros discos del grupo. Es algo que llevo un poco mal. Debe ser que ya me pesan los años". Puede ser, pero lo cierto es que la presentación en Madrid de "¡Viva el amor!" fue un completo recuerdo al mejor material antiguo de Pretenders. Una vez que la banda había tocado su set de cuarenta y cinco minutos ofreciendo las canciones nuevas, Chrissie no pudo resistirse a los aplausos del público y tomó la decisión de empezar a conceder peticiones. El concierto se alargó una hora más mientras iban sonando las piezas más clásicas del grupo. Al fin y al cabo, "mi intento "--señalaba la compositora--" es mantener a nuestros fans y conseguir alguno nuevo. Si tengo que elegir entre las dos cosas prefiero los fans antiguos. A la gente de mi edad nos gusta escuchar a músicos de nuestra época, como en el caso de Dylan, lleno de sabiduría y experiencia. Su último disco es mejor que el de cualquier jovencita de veinticinco años que se acaba de poner tetas artificiales".

El concepto del tiempo pasado parece ser una constante cuando los periodistas se enfrentan a una mujer como Chrissie. La circunstancia es curiosa, ya que, cuando empezó su carrera musical, dentro de la new wave inglesa, uno de los términos habituales entre la juventud era que el rock estaba en estado comatoso. El punk había sido el revulsivo, pero se agotó en sí mismo cuando se puso de manifiesto que no era sino el invento comercial de un ávido negociante y que, musicalmente, sus representantes tenían muy poco que ofrecer. Ante aquella circunstancia surgieron bandas que renovaban el panorama reconduciendo sus influencias del ska (Madness), reggae (Police), soul (Dexys Midnight Runners) o la estética mod (Jam). Hoy, veinte años después, no han cambiado tanto las cosas: "Cuando los Beatles pusieron por primera vez una cinta al revés dijeron '¡Uauh, qué cosa!'. Si haces eso hoy siempre habrá alguien que diga que no es nuevo, que ya se hizo. Particularmente, quiero hacer cosas interesantes, aunque ya se hayan hecho en cierto modo. Es como una canción de amor: existe un montón de ellas con la misma temática, pero siempre hay alguna que te toca la fibra. O como las puestas de sol o el canto de los pájaros: se repiten todos los días, pero algunas son maravillosas y no pierden nada de su valor", comenta Chrissie.

Con todo, sí hay cosas que han cambiado dentro del panorama musical. Hablando sobre sus colaboraciones en diferentes bandas sonoras, la líder de los Pretenders reconoce que ahora ni siquiera ve las películas para las que cede canciones: "Hace veinte años colaboraba en una y, en cuanto se estrenaba, iba a ver la peli para contemplar mi aportación. Ahora todo es diferente. Por un lado se hace la película y por otro la banda sonora: no hay nada que aportar o con lo que emocionarte. Es como la publicidad. Muchas canciones se recuperan y se reinyectan en la cultura actual gracias a ser incluidas en anuncios".

Puede que ése sea el motivo para que Pretenders sea un grupo con una producción tan baja. En diecinueve años solamente ha firmado siete discos, un recopilatorio ("The singles") y un directo ("Isle of view"). Alguien cuenta también entre la producción de la banda el EP "Extended play", un disco de cinco temas con tomas en directo que se publicó mientras el grupo resolvía problemas contractuales entre la aparición de sus dos primeros álbumes. "La música no es más que un hobby para mí "--afirma Chrissie--" y me dedico a ella cuando no obstaculiza mi vida privada. No pretendo hacer más famosos a los Pretenders o a mí misma, por lo que creo que un disco cada cuatro o cinco años es suficiente".

El hecho es también extensible a las actuaciones en directo. Con "¡Viva el amor!" no habrá gira europea o, por lo menos, eso es lo que hay previsto en principio: "Tocaremos cuatro semanas en Estados Unidos y luego algún que otro show en Londres. Tengo que cuidar a mis hijas y no quiero que mi actividad entorpezca su vida".

Los inicios de Pretenders podrían ubicarse en 1977, cuando Chrissie conoció a Tony Secunda. Este había sido manager de bandas como Steeleye Span o The Move y fue el primero en indicar a Chrissie que podría conseguirla un contrato discográfico. El asunto prometía. Incluso se grabó la primera maqueta del grupo ("The phone call") en formato de trío con ex miembros de Johnny Moped y Steeleye Span. En marzo del 78 Chrissie firmó con Real Records, el recién estrenado sello de Dave Hill, pero a esas alturas Secunda ya no era ni manager ni nada.

Chrissie necesitaba una banda para grabar su primer disco formal. Hill le presentó al batería Gas Wild y éste llamó a un bajista amigo suyo que acababa de regresar de una gira australiana junto a Bushwackers, un grupo de folk. El tipo era Pete Farndon y su primera impresión sobre Chrissie no pudo ser más impactante: quedó con la vocalista en un pub, ella le miró y se dio la vuelta sin hacerle caso durante una hora. Luego le llevó a su local de ensayo y Pete creyó haber entrado en el lugar más cutre que había conocido en su existencia.

La relación de Pete y Chrissie no fue tan mala como este principio podía hacer pensar. En cuanto escuchó las canciones de la chica, el amor musical surgió entre ellos. De hecho, el no musical también. En poco tiempo decidieron que Gas no era el batería que necesitaban y trataron de involucrar en su proyecto a Phil Taylor, quien por aquel entonces ocupaba el sillín de Motorhead. Para liarle le pidieron el favor de que se encargara de la batería mientras Chrissie y Pete realizaban la audición de un guitarrista. Para llevar a cabo la trampa necesitaban un guitarrista lo suficientemente bueno como para que el batería tomara interés por el asunto, por lo que Pete recurrió a su amigo James Honeyman-Scott, el mejor que conocía. La audición se realizó, pero fue un fracaso: Phil Taylor siguió con Motorhead y, aunque Chrissie y Pete quedaron impresionadísimos con el nuevo guitarrista, éste no sintió lo mismo y les dijo que la próxima vez que quisieran tocar con él le abonaran su tarifa habitual de músico de estudio.

Aquella tarifa, cien libras, se pagó solamente una vez. Fue para grabar una maqueta en la que se incluían cuatro temas, uno de los cuales era "Stop your sobbing". La siguiente ocasión en la que llamaron a James fue para decirle que Nick Lowe estaba dispuesto a producirles un single con esa canción. James adoraba a Lowe y aceptó integrarse en el grupo. Mientras, Lowe, Chrissie y Pete se reían: era otra de sus trampas, ya que Nick y Chrissie se conocían y la vocalista sabía de la pasión de James por la obra de Lowe.

Después de grabar el single con "Stop your sobbing" y "The wait" se decidió que iban a necesitar un batería estable, por lo que prescindieron de Gerry Mackleduff, quien estaba echándoles una mano a diez libras la sesión, y decidieron buscar a alguien para completar el grupo. No necesitaron buscar mucho porque la historia parecía escrita: Gas Wild, el primer batería que tuvo Chrissie, era de Hereford, Pete era de Hereford y James era de Hereford. De ese modo, los Pretenders fueron a Hereford y ficharon a Martin Chambers. El tuvo el honor de ser el primer batería reconocido del grupo, pero, para su desgracia, "Stop your sobbing" ya había sido editado y él no aparecía en la foto de la cubierta. Cuanto más se vendía el disco más difícil era convencer a sus amigos de que él era el verdadero batería de los Pretenders.

La historia funcionó bien durante un tiempo. Los cuatro se hicieron famosos, tuvieron varios #1 y realizaron giras mundiales. Lo malo es que con la fama llegó la mala vida: Pete se enganchó a la heroína y, al romper con Chrissie, hizo que ésta buscara compañía en la bebida. Cuando el grupo decidió que había que echar a Pete porque era imposible trabajar con él resultó que, dos días después, Jim Honeyman-Scott murió por un fallo al corazón provocado por intolerancia hacia la cocaína. Todo parecía salir mal y se empeoró cuando, en trámites de grabación de "Learning to crawl", Pete también murió. Ya no estaba en la banda, pero el golpe no dejó de ser duro para Chrissie.

Desde el 82 hasta el 93, el grupo no tuvo formación fija y Martin, el otro miembro original que quedaba de la banda aparte de Chrissie, entró y salió de la formación hasta que ésta pareció volver a establecerse y él aceptó ser parte del nuevo proyecto. Eso sucedió para la grabación de "Last of the independents" y fue entonces cuando entraron en el grupo Andy Hobson como bajista y Adam Seymour en la guitarra. Parecía que, después de muchos años, Pretenders volvía a tener una composición estable, pero ahora eso vuelve a ponerse en entredicho cuando la parte de bajo del nuevo álbum se reparte entre el propio Hobson y Tom Kelly.

Entre "Learnig to crawl" (1984) y "¡Viva el amor!" aparecieron "Get close" (1986), el recopilatorio "The singles" (1987), "Packed!" (1990), "The last of the independents" (1993) y el directo "Isle of view" (1995). En ese mismo período de tiempo Chrissie tuvo una hija de Ray Davies (ex-Kinks) y otra de Jim Kerr (ex-Simple Minds). Tiempo aprovechado, sin duda.

Hoy, la vida de Chrissie Hynde tiene poco que ver con la que llevaba en los primeros años de Pretenders. Es vegetariana y no se muestra a favor de las drogas: "Lo triste es que haya demanda para ellas. Si el mundo fuera perfecto probablemente no existirían los laboratorios que realizan drogas legales que hacen más mal que bien. Yo estoy a favor de legalizar la marihuana y no me importaría que los jonkies pudieran consumir de manera controlada si con ello se disminuye la criminalidad. Pero, con todo, las drogas es un tema que no me va y en el que no entro. Es como la carne: es legal, pero a mí comerla me parece negativo". Su militancia por el cumplimiento de los derechos de los animales llega hasta tal punto que se muestra orgullosa de tocar en plazas de toros ("me gusta que se utilicen para conciertos en lugar de para otra cosa") y es capaz de montar un escándalo como el que tuvo lugar tras la celebración del homenaje a Linda McCartney que ella misma organizó. "La fiesta posterior al concierto "--recuerda--" se hizo en un club clásico inglés, con reminiscencias del imperio. Todas las paredes estaban llenas de cabezas de animales disecados y unas patas de elefante servían como soporte a unas sombrillas. Dan Mathews y yo nos sentimos tan ofendidos que cogimos una de esas patas y nos dirigimos a un parque que había enfrente para darle un entierro digno y simbólico. La policía nos detuvo en la puerta y no pudimos proseguir".

Otra de sus actividades a favor de los animales también ha tenido relación con el homenaje que montó en honor de Linda McCartney, fallecida a finales del año pasado. La líder de los Pretenders organizó un concierto y, tras grabarlo en vídeo, se lo vendió a la televisión británica cediendo todos los beneficios a organizaciones que luchan en favor de los animales. "A Linda le habría gustado y pienso que ella habría hecho lo mismo. Ella era abierta y divertida, así que el homenaje no fue nada triste o patético, sino una especie de fiesta en la que sus amigos la recordamos". Linda es la autora de la foto de portada de "¡Viva el amor!". Antes de que Chrissie pudiera ver las fotos, Linda había muerto en su último viaje a Estados Unidos. "Recibí el paquete con las fotos después de conocer la noticia de su muerte. Pienso que ella sabía la importancia de la enfermedad que tenía y, por ello, puso mucho cariño en este trabajo. Le dije a su hija Mary, que también es fotógrafa, si quería terminar lo empezado por Linda. Aceptó y es la autora de las fotos del interior del libreto".

Chrissie también ha participado en otros homenajes, como los celebrados en torno a Burt Bacharach o Graham Parsons, pero no ha sido lo mismo: "Eso es mucho más fácil. Te dan una canción, te la aprendes y la cantas. Es algo similar como ir de picnic o acercarte a la playa. Ves a gente a la que te apetece conocer y no cuesta nada hacerlo".

Como madre, piensa que "soy como las demás. Me gustaría que mis hijas no fumaran, bebieran o robaran en las tiendas, pero… ya sabes… se trata de educarles en libertad, ¿no? Afortunadamente, no vivimos la misma diferencia generacional que teníamos con nuestros padres. En aquella época nosotros estábamos pendientes del Vietnam y ellos se acordaban aún de la segunda guerra mundial. Todo lo veíamos desde un prisma diferente. Ahora hay mucha más fluidez respecto a la comunicación con los hijos, aunque… no creas que por ello mis hijas me dan permiso para entrar en su cuarto". Afirma que su familia es su ocupación más importante y que ello le impide hacer cosas divertidas como producir a grupos jóvenes. No pone reparos a la actual música electrónica ("la única música que no me gusta son las marchas militares") y ensalza el trabajo de bandas como Oasis, The Verve o Garbage. Se niega a valorar su obra y solamente admite que sus discos "son sencillos: música pop, algo profundos y con cierto significado".

Después de estar una hora hablando con ella sólo me asalta una duda: esa mujer que nunca marcaba diferencias entre los sexos participará este año en el "Lilith fair", el festival norteamericano itinerante organizado por Sarah McLaghlan que solamente invita a bandas lideradas por mujeres. Ella no lo valora como una acción sexista o reivindicativa y parece estar de vuelta de todos esos conceptos: "Será divertidísimo. Es el mundo del espectáculo, ya sabes, de las grandes audiencias. Tengo una oportunidad de pasarlo bien y quiero aprovecharla. Además, creo que probaré mi teoría de que las mujeres no somos capaces de tocar bien la guitarra", ríe.

Aún cree que cualquier cosa sirve como inspiración para escribir una canción, pero sigue evidenciando unos principios irrenunciables. "A mí me motiva la búsqueda. Las religiones, por ejemplo. La cultura, lo que comporta el ser humano… La búsqueda de ese camino que te trazas en la vida y que la da continuidad y sentido".

E.P.

Pretenders. "¡Viva el amor!". Wea

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