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Echo & the Bunnymen estarán en España en el mes de julio. Julio del 99

Con Echo en el olvido

Habrá que acostumbrarse a hablar cada mes de una reaparición. En este caso se trata de la vuelta de Echo & the Bunnymen, grupo que apareció brillantemente a finales de los setenta y que dejó la escena diez años después con una carrera importante. El año pasado sorprendieron a todos con un regreso pintoresco que ahora parece consolidarse con "What are you going to do with your life?".

Es curioso. La mayoría de las bandas que vuelven de la nada suelen mantener un discurso nostálgico. Todos adoran su primera época y afirman regresar por añoranza. La excusa parece sustituir a la habitual "es que el público nos lo pide". Cabe pensar, aparte de todo esto, que ahora la industria ha cambiado lo suficiente para que los músicos puedan vivir mucho mejor que hace veinte años. Muchos de las bandas que reaparecen tuvieron abundantes éxitos, pero apenas ganaron dinero. Y quienes lo ganaron se lo gastaron pronto y sienten en sus carnes el ver cómo bandas de corto recorrido reúnen ahora en un par de años una verdadera fortuna mientras que ellos, que han escrito páginas enteras de la historia del rock, apenas tienen para mantener su ritmo de vida.

No es el dinero la primera razón para la vuelta (¿A que nunca lo es?), pero parece evidente que todos los grupos que reaparecen exigen su parte de gloria que la nueva generación ha olvidado que tuvieron. El caso de Echo & the Bunnymen se ajusta al guión: llegó en el momento adecuado haciendo una música diferente, se convirtió en un icono de cierta importancia y, diez años después, su música apenas tiene repercusión entre los grupos nuevos, nadie les reconoce como influencia y sus discos son reeditados únicamente en serie media.

En ellos se junta, además, el cierre del círculo. Echo & the Bunnymen son de Liverpool, la ciudad de los Beatles. En 1978, cuando ellos aparecieron, nadie quería parecerse a los Beatles, pero aún ahora, veinte años después, casi todas las bandas inglesas sufren el síndrome del brit-pop y siguen las mismas pautas aunque con otra etiqueta diferente. A nadie se les escapa que bandas como Oasis o Blur tienen en los escarabajos liverpoolianos una de sus fuentes de referencia, algo casi deplorable en la época en que nuestros protagonistas se decidieron a montar una banda de música.

En aquella época se respiraba la explosión del punk, la industria musical inglesa comenzaba a descentralizarse gracias a compañías independientes y se empezaban a notar ciertos signos nacionalistas que marcarían importantes diferencias entre las propuestas meramente inglesas respecto a las escocesas o irlandesas. Fue un momento ciertamente bonito, en el que surgieron muchas e interesantes propuestas que iban a marcar la música de los años ochenta. La mayoría estaban allí buscando aventuras, pero lo mejor de aquello es que dichas aventuras no venían sólo de los músicos, sino que surgió una clase empresarial primaria que puso en marcha infinidad de propuestas que obtuvieron un eco ciertamente importante.

En Liverpool apareció The Zoo, una compañía que podía equipararse a Good Vibrations en Belfast, Factory en Manchester, Postcard en Glasgow o Fast Product en Edimburgo. Entre ellas no había más diferencia que la que suponía apoyar el panorama local. "Era realmente apasionante. A finales del 76 abrieron un pub llamado Eric's y allí veíamos a los Sex Pistols y a los Clash. El jefe del club se llamaba Roger Eagle, un hombre que tenía gran conocimiento de la música y que consiguió que actuaran allí grupos como Talking Heads, Blondie, Iggy Pop o los Ramones. No se limitaba a grupos ingleses. La mayoría de los grupos americanos que pasaron por Inglaterra tocaban en Londres, Liverpool y, a veces, Manchester, por lo que tuvimos suerte de tener influencias distintas y más amplias que otras bandas inglesas de la época".

El que habla es Ian McCulloch, uno de los dos supervivientes de Echo & the Bunnymen y, lógicamente, uno de los impulsores de su reaparición. "Ni siquiera éramos un grupo post-punk. Más bien éramos un grupo post-Bowie o post-Roxy Music y post-Patti Smith. Liverpool era muy diversa y tenía hasta grupos como OMD. Aunque intentaron salir grupos punkis tampoco llegaron muy lejos", recuerda.

Una de las mejores cosas que trajo aquella escena fue la de sacudir a los cómodos ejecutivos de su silla. Todas las majors inglesas parecieron darse cuenta de que las cosas se les escapaban de las manos. La mayoría pretendían encontrar su particulares Pistols debajo de las piedras y se sintieron agobiados cuando comenzaron a darse cuenta de que el punk había muerto comercialmente antes de que ellos hubieran sacado tajada alguna. Cada semana cogían el "New Musical Express" tratando de entender el mundo y veían que éste se les caía encima cuando el "Record business", la revista corporativa de la industria discográfica británica, creaba una lista de éxitos dedicada específicamente a las compañías independientes y plagada de grupos que ellos no conocían.

La defensa de las grandes fue crear sus propias "indies": o bien sellos que funcionarían a su bola encuadrados dentro del organigrama de la compañía o bien acuerdos con pequeños sellos que empezaban a despuntar en el panorama económico. "Lo de las indies fue realmente importante "--comenta McCulloch--". Muchos grupos piensan en el gran contrato antes de escribir la canción, pero en aquellos días se podía formar un grupo muy fácilmente y, si tenía canciones, podía sacarlas con una compañía independiente en unas pocas semanas. Nosotros salimos en principio con Zoo y la tirada inicial de los discos era de cinco mil unidades". Después de lanzar tres singles con la compañía de Liverpool, Echo & the Bunnymen firmó con Korova, un sello "ad hoc" creado por la Warner para no despistarse mucho del ambiente independiente.

En 1978 Liverpool tenía bandas, pero ninguna de ellas parecía destinada a ir más allá del río Mersey. Primero fueron Deaf School, luego Big in Japan y luego The Crucial Three. Esta última aportó chicha al panorama cuando se disolvió, ya que cada uno de sus tres componentes dio a luz a un grupo diferente: Pete Wylie hizo Wah! Heat, Julian Cope formó The Nova Mob e Ian McCulloch empezó con lo que luego sería Echo & the Bunnymen. Junto a Ian aparecían Will Sergeant como guitarrista y Les Pattison en el bajo. El cuarto componente del grupo era Echo, una caja de ritmos que suplía al inexistente batería.

Con la incorporación del percusionista Pete de Freitas el grupo entró en una dinámica que le hizo destacar incluso en el panorama internacional. En 1980 debutaron en formato largo con "Crocodiles" y luego vendrían "Heaven up here" (81), "Porcupine" (83), "Ocean rain" (84), el recopilatorio "Songs to learn and sing" (85) y "Echo and the Bunnymen" (87). Si bien se les podría encuadrar dentro de un pop cuidado, el grupo mantenía habitualmente distancia con el resto de las bandas inglesas. Sus experimentos sonoros y sus canciones plagadas de arreglos poco tenían que ver con el ambiente de la new wave o con la posterior movida de los "nuevos románticos" o el incipiente "techno pop". Su peculiaridad hizo, incluso, que llegaran a ser encuadrados en 1982 en el cartel del WOMAD, el festival recién puesto en marcha por Peter Gabriel. "Nunca me consideré un músico étnico "--comenta Ian--", pero siempre nos han invitado a estas cosas clasificándonos como un grupo para la gente más 'pensativa'. Me acuerdo que invitamos a unos percusionistas de Burundi que habíamos visto tocar y que nos habían gustado. En esos días poca gente mezclaba estilos étnicos tan libremente. En nuestro caso fue un impulso de último momento y fue fantástico. Creo que luego lo sacamos en un álbum, pero, como suele pasar, la grabación perdió la riqueza del sonido que tenía en vivo".

En 1989 parecía que todo el pescado estaba vendido. Ian grabó "Candleland" en solitario y todo hacía pensar que el grupo estaba pasando por sus últimos coletazos. "Habían sido diez años juntos durante los cuales no sufrimos ningún bajón comercial y en 1988 éramos los que más éxito teníamos, sobre todo en América. Dejé el grupo porque me sentía desilusionado con todo, ya no veía nada especial y las relaciones entre nosotros habían perdido la magia. No nos peleamos, pero había tantas influencias exteriores que acabaron afectándonos. Mientras que las demás bandas iban directamente a por el dinero nosotros siempre intentábamos ser otra cosa. Queríamos ser el antídoto al síndrome de los estadios: U2, Simple Minds, Thompson Twins… Ese concepto nos daba un poco de asco e intentamos ir por el camino contrario, pero, eventualmente, nos hicimos más y más grandes. Al final yo no me sentía bien: no veía que fuéramos distintos. Además, salieron los Sugarcubes y me hicieron pensar que, a lo mejor, ya habíamos hecho nuestra parte y había que dejar pasar a nuevos grupos".

Mientras que Ian seguía su carrera en solitario, formando el grupo Mysterio Show y grabando un nuevo álbum, la historia de los Echo se cerraba con "Reverberations", álbum aparecido en 1990. "Seis meses después de empezar con lo mío "--recuerda McCulloch--" me preguntaron si quería volver. Yo pensaba que iban a empezar con otra banda y con otro rollo y sólo al final me di cuenta de que lo que querían era continuar con Echo & the Bunnymen. No volvimos a hablar durante los siguientes cuatro años porque me sentí muy molesto cuando, después de diez temporadas juntos durante las cuales yo hacía todas las entrevistas, escribía todas las letras, las melodías y las canciones, me reemplazaron por otro hombre. Ni siquiera me gusta hablar de eso ahora".

El tiempo pasa y, con él, todo cambia. Las cosas importantes de ayer dejan de tener importancia a día de hoy y las equivocaciones de hace tiempo se entienden mejor cuando han pasado algunos años. En 1993 Ian y Will Sergeant se tropezaron y volvieron a hablar. Ya no se trataba de discusiones, sino de recuerdos. El mundo cambia demasiado deprisa, sobre todo si se habla de gente que ya está en los treinta y cinco y que ha visto cómo un amigo común, Pete de Freitas, ha muerto demasiado joven. No es extraño que las conversaciones entre Ian y Will se centraran en la música, en lo que se hacía nuevo y a ellos les parecía viejo, en las ideas que cada uno tenía y que, pensaban, podían agradar todavía al público. El caso es que… decidieron volver. "Había una mezcla de reacciones hacia nuestra vuelta. Algunos periodistas estaban escépticos y otros, sin embargo, pedían nuestro regreso. A los que sólo piensan que volvemos por dinero les diría que, si fuera así, nos iríamos a robar bancos porque la verdad es que nunca hemos sacado demasiado de eso. Lo hacemos porque nos encanta", señala McCulloch.

La vuelta se hizo con "Evergreen" de la mano de London Records. Fue, todo hay que decirlo, un regreso que llamó la atención en Inglaterra pero que apenas tuvo repercusión fuera de ese país. Para su compañía, Echo & the Bunnymen no eran un objetivo tan evidente como los grupos nuevos que parecían calar mejor entre la gente joven. "La muerte de Pete afectó, obviamente, a la estructura del grupo, pero lo de Echo & the Bunnymen siempre ha sido más una filosofía que un grupo. Eso no ha cambiado y seguimos siendo el grupo más especial del planeta".

Les Pattison, el encargado del bajo, decidió que la vuelta no le satisfacía y decidió dejarlo hace un año, cuando Ian y Will estaban ya embebidos en la grabación de "What are you going to do with your life?", su más reciente lanzamiento, con el que parece consolidarse su propuesta aun cuando ya sólo queden dos hombres de Echo & the Bunnymen. Con todo, el disco les ha quedado realmente bonito y recuerda algunos de los momentos más llamativos de su primera época. En el álbum cuentan con colaboraciones de Fun Lovin' Criminals y alguna aportación de Les, aunque absolutamente todo lo que hay en las nueve canciones de "What are you going to do with your life?" es la obra de un dúo que ya ha superado los cuarenta. McCulloch se siente contento por el resultado que el primer single del álbum ha despertado en las radios y por las valoraciones que la prensa especializada ha hecho del disco. "Esta reacción "--dice--" ha afectado nuestros planes para el próximo álbum. Ya tengo escritas varias ideas para canciones. A lo mejor grabamos este verano, aunque depende un poco del tiempo que tengamos libre a cuenta de las giras".

Una de esas giras les traerá a España para tocar en un festival, en Valencia, el 2 de julio. Ian cree que tocarán más días en nuestro país, pero, a la hora de escribir esto, aún está todo por confirmar. De momento, Echo & the Bunnymen se darán una vuelta por Estados Unidos, Australia y Japón y podrán comprobar la reacción que su vuelta tienen en públicos a los que sus primeros discos conquistaron. Ya no hablamos del mismo ambiente liverpooliano, ni de una explosión de sellos discográficos independientes ni de una reacción musical posterior al punk. Ahora se trata de ofrecer una propuesta madura para un público exigente que está esperando el próximo milenio.

Es otro regreso. ¿Cuál será el siguiente?

E.P.

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