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Counting Crows celebran su décimo aniversario con el lanzamiento de su tercer disco. Noviembre del 99 La obsesión por permanecer Su primer álbum fue todo un bombazo y España se mostró tan receptiva como el resto del mundo a la hora de recibirlo. Con su segundo álbum, la banda californiana no mantuvo las cifras, pero se hartó de tocar en directo. Ahora, tres años después de su último trabajo, aparece "This desert life", un álbum que les mueve aunque siguen estando en el mismo sitio. En España, cuando se quiere dormir a un niño en su cuna, aún queda alguien que canta aquello de "Duérmete niño, duérmete ya". En Estados Unidos tienen algo parecido. Se trata de una canción en la que se va contando de uno en uno: "One for sorrow, two for joy, three for the girls, four for the boys ". Esa canción se llama "Contando cuervos" o, lo que es lo mismo, "Counting crows". En 1990, en San Francisco, Counting Crows fue el nombre elegido por Adam Duritz y David Bryson para llamar a su grupo. El grupo lo formaban ellos y la guitarra de Bryson, tocaban en cafeterías y garitos y, entre sus canciones, hacían versiones acústicas de Talking Heads, Cure o ¡AC/DC! Esta no era la primera experiencia musical que ambos tenían, pero sí la más acertada. Dos años más tarde, los Counting Crows firmarían con DGC y en otros dos años se habían colocado en las listas norteamericanas con su álbum de debut. "August and everything after" permaneció en dichas listas noventa y tres semanas y la última vez que se fabricó llevaba vendidas más de nueve millones de copias, seis de ellas en Estados Unidos. El milagro tenía un nombre: "Mr. Jones". Esa canción fue compuesta por Adam acordándose de Marty Jones, el bajista de Himalayans, un grupo en el que militó antes de unirse a Bryson. "Mr. Jones" fue, sin duda, una de las mejores canciones del 94 y consiguió entrar en todas las radios del mundo con una facilidad pasmosa. En principio, la canción no estaba destinada ni siquiera a ser un single del álbum, pero algunas radios americanas la destacaron cuando hablaban del álbum y Counting Crows la cantó en directo en el "Saturday night live" cuando les invitaron a participar en dicho programa de la tele en enero de aquel año. Fue una canción mágica, una pieza que les persigue haya donde vayan. Hace poco se han cumplido los diez años de Counting Crows, diez años desde que Duritz y Bryson decidieran hacer algo juntos. Coincidiendo con ello, la banda ha publicado "This desert life", su tercer álbum. En él sigue notándose la seña de identidad que ha popularizado la música de los Crows, un regreso a la canción clásica que rompía con la tónica habitual americana empeñada, a lo largo de los años noventa, en un aspecto más conceptual y sónico de la música. Mientras las listas de éxitos de Estados Unidos se llenaban de álbumes de hip-hop y al tiempo que las bandas de grunge buscaban una filosofía, la banda de California conseguía hacerse un enorme hueco argumentando solamente canciones tarareables basadas en la tradición del rock americano más clásico. En "This desert life" aparecen, como en las dos anteriores entregas de Counting Crows, evidencias de Dylan, de Van Morrison o de The Band, el grupo con el que se le encuentran más parecidos. El sonido es muy similar al que ofrecieran estos artistas y su concepto musical prácticamente el mismo: instrumentaciones sencillas, letras que llegan y que cuentan cosas y unas formas estéticas que no transgreden ni pretenden inventar nada. El alma mater del grupo es Duritz, el cantante y vocalista de Counting Crows. El nació en Baltimore, pero aquella ciudad no fue más que el punto de partida en una vida ajetreada. Su padre era médico y viajaba allá donde viera dinero: El Paso, Houston, Denver, Boston No había hogar fijo y la vida familiar era bastante ajetreada. Con el tiempo, el doctor dejó colgada a la familia y el bueno de Duritz se quedó sin papá. Señalar que las letras de Adam tienen que ver con aquella época sería bastante simple, ya que se quedarían olvidadas su salida de la Universidad, sus viajes a Europa y su vida desarraigada. Al mismo tiempo que Duritz estaba en Europa, tratando de ganarse la vida con algo dentro del mundo de la música, otros norteamericanos estaban a punto de tirar la toalla. David Bryson no había llegado a nada con sus intentos de formar un grupo y decidió probar suerte en las tareas de ingeniero y productor. Llegó a trabajar con Mat Wallace, quien tiene en su currículum las mezclas de algunos discos de gran calibre. Un tal Steve Bowman, que tocaba la batería, se estaba hartando de las baquetas y decidió hacérselo en solitario esperando que le tocara la lotería y que alguna figura le llevara como telonero. Mat Malley fue más allá: vendió todo su equipo y se largó a Vancouver, a Canadá, para trabajar de pintor de brocha gorda. Charlie Gillingham, por su parte, tenía suerte, ya que era un genio de la informática: abandonó sus teclados y se dedicó de nuevo a trabajar en la inteligencia artificial. "La noche anterior a marcharme a Europa el bajo de mi antiguo grupo me llevó a improvisar con unos tíos y uno de ellos resultó ser Bryson", comentaba Duritz cuando le preguntaron por los inicios de Counting Crows. Unos meses más tarde, cuando Adam estaba en Grecia, recibió por correo una cinta en la que aparecía grabada aquella sesión. Al poco tiempo decidió dejar a su novia en Grecia y volver a Estados Unidos para formar un grupo. Primero fueron los Himalayans, pero, tras coincidir con Bryson otra vez, prefirió dedicar más tiempo a la historia acústica que nació entre los dos. Poco a poco, y gracias a la coincidencia, fueron añadiéndose al dúo Malley, Bowman y Gillingham. Todos encontraban un enorme encanto en las canciones desgarradas de Duritz y en esas melodías que se quedaban enseguida. Montaron una maqueta de doce temas (un poco larga para lo que suele ser una demo) y la mandaron a todos los sitios que se les ocurrió dentro del área de San Francisco. Bonnie Simmons, un locutor de radio, se la entregó al productor T-Bone Burnett y, lo que son las cosas, éste se la pasó a Gary Gersh, el mismo personaje que había fichado a Nirvana para la subsidiaria de Geffen DGC. El premio gordo llegó cuando Counting Crows organizó una audición y recibió ofertas de nueve sellos diferentes para entrar en su nómina. De las nueve desestimaron seis y se pusieron a pensar entre elegir a Elektra, A&M o DGC. Tomaron su decisión y se pusieron en camino para convertirse en estrellas. No tardarían mucho. En junio del 92 abrían dos conciertos de Bob Dylan en Los Angeles. Seis meses más tarde les llamaba Robbie Robertson, de The Band, para que participaran en la gala en la que se celebraba la entrada de Van Morrison en el Rock'n'roll Hall of Fame. Pocos días más tarde el grupo se mete en una mansión de Hollywood Hills bajo las órdenes de T-Bone Burnett y, el 14 de septiembre, se pone a la venta el debut discográfico de Counting Crows. Allí estaba "Mr. Jones". Las cosas marcharían rápidas: abren conciertos, entre otros, para Midnight Oil, Suede, Cranberries o Cracker, aparecen en el ya citado "Saturday night live" y empiezan a escalar las listas. Llegan las giras internacionales, entra en la banda el guitarrista Dan Vickrey y consiguen que los Rolling Stones les cojan como artistas invitados en sus conciertos del verano del 94. ¿El punto negativo? La fama: "No es que nos cogiera muy jóvenes; todos teníamos ya veintitantos y llevábamos más de ocho meses girando cuando apareció el éxito de 'Mr. Jones'. Habíamos pasado muchas cosas, pero no puedo negarte que estábamos un tanto expectantes por saber lo que era un grupo de éxito. Es cierto que al principio te abruma: es algo que siempre ha sido un sueño pero a lo que no sabes cómo reaccionar en realidad. Lo mejor es que desaparecen los problemas de dinero, que viajas mucho pero al cabo de un tiempo te terminas asentando", comenta el propio Vickrey. El éxito tuvo también sus secuelas y Steve Bowman, el batería del grupo, fue el que más las sufrió: "Hubo diferencias personales entre Steve y el resto del grupo, probablemente por cómo tomarse esto de la fama. Adam también lo sufrió porque, al ser el cantante, era el foco al que miraba todo el mundo. Adam, sin embargo, perseveró y lo superó, pero Steve no" continúa el guitarrista. Steve dejó paso a Ben Mize y con eso se consolidó la formación que actualmente mantienen Counting Crows. Instalados en el éxito, en octubre de 1996 publican "Recovering satellites", un segundo trabajo que es editado en formato doble en vinilo y simple en compacto. En este caso la producción pertenece a Gil Norton y el planteamiento es diferente: "El primer álbum se grabó a partir de una maqueta que grabó David. Al entrar en el estudio se quería reproducir ese sonido básico e íntimo que primara las canciones. Tras él, hicimos una gira muy larga en la que ya incorporamos la segunda guitarra. Así, todos los temas sonaban más potentes que en el disco y nuestro sonido se fue desplazando. 'Recovering the satellites' quería mostrar eso y creo que lo logró". Dan Vickrey contesta a las preguntas con un bombín en la cabeza y no duda en reclinarse en el sofá y poner los pies encima de la mesa. A las pocas fechas de publicar "August and everything after" ya era miembro del grupo y, con el tiempo, ha adquirido una enorme trascendencia en las composiciones de la banda. Eso se ve más acentuado aún en el reciente "This desert life": "Ahora queríamos algo nuevo. Sobre todo, aprovechar los recursos que nos proporciona el estudio, experimentar en algún modo. Muchos productores deseaban que volviéramos a hacer un disco como el primero, pero eso es algo que no nos interesa. Queremos progresar". "Recovering satellites" salió como #1 en la primera semana después de su lanzamiento. ¿Todavía quieren progresar? Counting Crows se han tomado tres años entre la aparición de su segundo y su tercer disco. "Tras la aparición de 'Recovering satellites' hicimos una gira de dieciséis meses y luego nos tomamos cuatro más para descansar. Cuando decidimos volver al estudio no teníamos nada preparado, por lo que todo tuvo que surgir allí. Nos tiramos ocho meses para hacer las canciones porque nosotros nos tomamos esto muy en serio; cada cosa que hacemos la dejamos reposar, la escuchamos al cabo de unas semanas y vemos si nos emociona como cuando la grabamos. Tenemos que estar muy satisfechos con ella y, si eso no se produce, la cambiamos o arreglamos hasta quedar contentos. Deseamos firmemente que nuestra música soporte el paso del tiempo. Luego, claro, está lo que la compañía tarde en sacar el disco desde que está completo", añade Dan. Al aparecer "The desert life" se cumplen, como ya se ha dicho, los diez años de Counting Crows. En este tiempo han pasado muchas cosas dentro del panorama musical estadounidense, pero, a tenor de las palabras de Dan, eso no parece influirles demasiado: "Escuchamos muchas cosas, pero no nos influyen en nada. Hacemos las canciones que nos surgen y creemos que nuestra música durará más que mucho de lo que se hace ahora. No podemos estar pendientes de las modas o las tendencias", señala. Valora el nuevo álbum como un progreso natural en el sonido del grupo y le pregunto si, en esta ocasión, el disco ha sido grabado como los dos anteriores, con un proceso de aislamiento que llevaba a todo el grupo a fundirse como una familia en una mansión alquilada. "E este caso no fue así "--contesta--". Al principio ninguno teníamos casa en Los Angeles, por lo que prácticamente vivíamos en el mismo sitio en el que grabamos. En el segundo ya varió un poco porque algunos se habían afincado en la ciudad. Con este último, el único que vivía allí fue el productor porque todos teníamos nuestra propia casa y nos íbamos a dormir a ella". La mayor crítica que se ha hecho siempre a los Counting Crows es, precisamente, lo que ellos consideran su mayor virtud.: el gusto por la canción en estado puro ha hecho que se les tache de conservadores e inmovilistas a nivel musical. "Yo no estoy de acuerdo con eso "--comenta Dan en una postura lógica--". Nos importan las canciones, pero nuestro sonido no puede ser tachado de tradicional. El primer álbum era tranquilo pero estábamos aprendiendo. El segundo ya resultó más potente como resultado de nuestra experiencia en la carretera. Sobre 'This desert life' algunos dicen que es más acústico, pero yo, particularmente, no entiendo por qué dicen eso.A mí no me lo parece en absoluto". Lo que es innegable es que Counting Crows no ha venido a este mundo a experimentar por mucho que hayan descubierto cosas nuevas en el estudio. "Nos halaga que se diga de nosotros que recuperamos el gusto por las canciones. Yo adoró ese tipo de música. Es, por ejemplo, como cuando escucho a Tom Waits solo con una guitarra. Yo soy guitarrista, pero lo primero que oigo siempre es la canción, la melodía, la letra Sea el estilo que sea, es lo primero en lo que me fijo. Luego atiendo a la guitarra, pero lo primordial es la canción", afirma Dan. Le señalo que pueden ser los precedentes los que hayan llevado a la crítica a opinar así de Counting Crows. El hecho de abrir para Dylan, su relación con The Band, el reconocimiento que hicieron a Van Morrison "Fueron cosas tan fugaces Cuando tocamos con Dylan ni siquiera hablamos con él y lo de Van Morrison fue algo que nos pidió Robbie Robertson, que es gran amigo nuestro". Le comento también que Adam grabó con Nanci Griffith en su aclamado "Flyer". Nanci es una de las musas del folk actual americano y su trayectoria transcurrió durante mucho tiempo dentro del country. "Cosas fugaces", insiste. Las letras de Adam son tan importantes en este álbum de Counting Crows como en sus dos trabajos anteriores. En tiempos señaló que se consideraba una persona desplazada y que por eso sus canciones hablaban sobre el desarraigo que existía en América: "El hecho de ser un artista "--aclara Dan--" siempre supone un cierto aislamiento. Los artistas no suelen ser gente totalmente adaptada a la sociedad, sino un poco parias con una visión muy personal de las cosas. Supongo que, cuando dijo eso, lo de sentirse desplazado, Adam se refería a su niñez, a su falta de raíces. Con el tiempo ha cambiado y ahora está mucho más asentado. De ahí precisamente el título del álbum. Ahora ha encontrado realmente su sitio". Su sitio, entre otras cosas, está ubicado como dueño del sello E Pluribus Unum, una etiqueta propia en la que da entrada a músicos que le satisfacen. El último lanzamiento de E Pluribus Unum es el nuevo álbum de Gigolo Aunts. "Bueno. Todos tenemos algo aparte de la banda. Adam nunca puede estarse quieto y es el que más cosas hace. Charlie, por ejemplo, tiene su propio proyecto: un niño nuevo que acaba de tener. Yo también hago lo que me gusta cuando no estoy con el grupo. Lo que pasa es que lo que a mí me gusta es no hacer nada". Pronto se le ha terminado su diversión a Dan. El grupo comenzó su nueva gira en octubre por Estados Unidos y en ella han presentado a un nuevo miembro de apoyo que comparte escenario con ellos. No es uno más en la banda, sino el hombre que se encarga de toda la instrumentación suplementaria que Counting Crows requiere para llevar al escenario sus nuevas composiciones. En Europa estarán a partir de febrero y, según nos dice Dan, dejarán España para los últimos días de la gira: "Nos gustaría hacer más fechas que otras veces, no tocar sólo en Madrid y Barcelona. A mí me encanta todo de España, especialmente lo de encontrar los bares abiertos a las dos de la madrugada". E.P. Counting Crows. "The desert life". Polydor
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