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Hace treinta años de su debut discográfico, veinte de la aparición de "La leyenda del tiempo" y diez del triunfo de "Soy gitano". Octubre del 99 Camarón: flamenco y mucho más que flamenco La aparición de "Integral", la obra completa de Camarón de la Isla, ha aparecido en un momento espléndido. Pocos meses antes de cambiar de siglo era justo que un artista de esta talla estuviese disponible en su integridad. Sólo entonces se puede entender la importancia que este personaje ha tenido en el devenir de la música española. ¡Cuán difícil es ser Dios! Para los gitanos, Camarón es mucho más que un cantaor, bueno o malo. "He dicho que fue un guía para su pueblo. Seguro, para todos los gitanos de su generación. Entre santón y gurú, entre estrella y ejemplo Un día le acompañé a las Tres Mil Viviendas. Estuvimos poco tiempo, yo calculo que menos de una hora, en el piso de Raimundo Amador. Cuando fuimos a salir del bloque, nos encontramos rodeados por un ejército de gitanas con niños en el cuadril. Alguien había visto a Camarón y el matriarcado gitano se movilizó con la eficacia de los trashumantes. Sus niños, que todavía mamaban, tenían que conocer a Camarón. Tenían que tocarle, gritarle, pedirle, llorarle Te aseguro que no eran fans, que ni siquiera tenían tocadiscos. Camarón los visitaba en el barrio maldito de Sevilla. Allí estaba su príncipe, el crisol de sus alegrías y sus penas. Y ellas, madres gitanas, llevaban a sus churumbeles para que Camarón, el más asustado de todos los niños, los bendijese desde su sonrisa pícara y mellada". Esta anécdota aparece contada por Ricardo Pachón en el libreto que acompaña la edición de la "Integral" de Camarón que se ha puesto a la venta hace pocos días. Pachón fue el productor de un buen número de discos del cantaor y, como amigo suyo, testigo evidente de la pasión que le profesaban (y le profesan) los gitanos. Recientemente, y con motivo de esta edición discográfica, Diego A. Manrique escribía para "El País Semanal" sus vivencias en la tierra de Camarón, la antigua Isla de León, hoy ciudad de San Fernando (Cádiz). Contaba Diego cómo uno de los familiares del cantaor admitía que la iglesia evangélica, muy popular entre los gitanos, consideraba excesivo el culto que esta raza profesaba hacia el cantaor. No es extraño: la pasión "camaronera" ya ha trascendido fuera del ambiente gitano; ha trascendido, incluso, mucho más allá de nuestras fronteras. Tal es la cantidad de visitantes que recibe San Fernando interesándose por el pasado de Camarón que el Ayuntamiento de la localidad está pensando organizar una ruta turística que ponga cierto orden en el caminar y devenir de japoneses con cámaras de fotos, belgas apasionados por su figura o aficionados españoles que considerarían una irreverencia pasar por la ciudad sin visitar la tumba del mito. ¿Y qué es lo que dio Camarón a su público para que haya traspasado cualquier barrera de admiración? La respuesta es obvia: dieciocho discos que son considerados dieciocho joyas y multitud de conciertos en los que la gente levitaba. Lo primero puede disfrutarse en esa "Integral", pero lo segundo es imposible desde el 2 de julio de 1992. En aquella fecha, el que muchos consideran "genio de genios" moría en el hospital Cam Ruti de Badalona. Con ello, el genio, que ya se había convertido en mito, pasaba a convertirse en Dios. Le bastaron algo menos de cuarenta y dos años para transformar una de las artes más antiguas de la humanidad: el cante flamenco. Si Miguel Angel trastornó el concepto de la escultura y Frank Lloyd Wight el de la arquitectura, Camarón reinventó el flamenco y, con él, todo lo que ello supone. El flamenco es un modo de expresión popular que representa fielmente a quien lo vive; si cambia el flamenco, cambia la gente. Y la gente no cambia muy a menudo, por lo menos el pueblo gitano. Cuando Camarón apareció con patillas en la portada de "La leyenda del tiempo", los gitanos se pusieron patillas; y cuando en la de "Calle Real" apreció retratado con sombrero, cualquier gitano, por joven que fuese, llevaba sombrero. En el libreto antes citado, Pachón señala que "según el doctor Marcelo Camús, que lo psicoanalizó a mediados de los ochenta, Camarón buscaba la evasión permanente porque no podía soportar la presión del colectivo que lo había deificado". Búsqueda inútil si tenemos en cuenta que el carisma de este hombre no hizo más que crecer desde que comenzó a cantar. Cuenta Pachón cómo el cantaor tenía que salir huyendo de la Feria de Sevilla porque le perseguían todas las gitanas que vendían flores y dejaban caer sus canastos al suelo para empezar a correr; y hasta narra una anécdota que recuerda cómo el de la Isla tuvo que salir de uno de sus conciertos celebrados en el sur de Francia metido en una maleta para huir de la gente. Realmente, el hecho impresiona. Ya estamos acostumbrados a ver o vivir lo que las fans pueden hacer por las figuras de la música, pero esto traspasa todo lo pensable. No se trata simplemente de una pasión juvenil, ni del respeto eterno hacia el gran músico. Estamos hablando de la creencia en un ser superior encarnado en un cantaor de flamenco. ¿Hay algo más antinatural en los albores del siglo XXI? Joaquín Albaicín cuenta que, en el verano del 96, un agricultor de Moguer, en Huelva, descubrió en el plástico que protegía sus cultivos lo que parecía ser un rostro humano. Muchos que se acercaron allí señalaron que era la cara de Cristo. Algunos menos decían que se trataba de Camarón. Camarón nació con el nombre de José Monge. "Yo, de chico era mu blanco y mu rubio. Un tío mío, que tenía mucha sombra, me dijo un día: Niño, eres tan blanquito que pareces un camaroncito, un camarón Y con el nombre me quedé", decía el artista en una entrevista que publicó el diario Ya en 1972. José nació en tierra de cantes y, como tenía que ser, cantó. Hay quien señala que la Isla de León, prolongación del Cádiz que se interna en la bahía, ya tuvo figuras como La Lola (la famosa Lola que inspiró la obra de 1929 "La Lola se va a los puertos") o los hermanos Piña (María Borrico y El Viejo de la Isla) en el siglo XIX y a José López Domingo (El Niño de la Isla), Alvaro Alvarez Añino (Alvaro de la Isla) o José Lahera (El Chato de la Isla) en éste que ya está pronto a terminar; pero, a decir verdad, estas cosas solamente interesan a los flamencólogos que, precisamente, entendieron poco la revolución camaronera cuando ésta se iniciaba. José quería ser torero, pero el cante le llegó antes. A los ocho y nueve años ya comenzó, sin saberlo, su carrera artística cantando en teatros y plazas de toros. En abril del 63 cantó en la Feria de Sevilla y de ahí pasó a la emblemática Venta de Vargas. Se cuenta que el mismísimo Antonio Mairena oyó hablar de él y le buscó hasta encontrarlo a fin de que le cantara. Quienes cuentan la historia afirman que Mairena se puso a bailar por bulerías cuando le escuchó cantar. A estas alturas es fácil deducir que la mayoría de las biografías que se han escrito sobre Camarón confunden el mito y la realidad, el recuerdo de los testigos y la mera leyenda, aunque hay cosas que, por evidentes, sí pueden considerarse trascendentales en su vida. A sus imaginarios dieciséis años, con un papel amañado por su madre para que pudiera darse de alta en el Sindicato del Espectáculo, José viajó a Madrid y volvió a ver a Francisco Sánchez, un guitarrista al que había conocido en Jerez y que le había prometido facilitarle la grabación de un disco. Francisco actuaba con el nombre de Paco de Lucía y su padre, Antonio Sánchez, se convirtió en el primer productor de Camarón. Desde entonces, las figuras del cantaor y el guitarrista se dedicaron a lo suyo, a cambiar la historia: "A Camarón sólo había que oírle una vez para saber que era un genio. Ahora es Dios para los flamencos, pero en esa época discutía y me peleaba con ellos porque, al reivindicarlo, los mismos que ahora lo adoran me decían que era una copia de Mairena o de no sé quién. Tardó tiempo en ser admitido, debido posiblemente a actitudes puristas Nosotros vivíamos al margen de la ley de esos flamencos", comentaba Paco de Lucía en unas manifestaciones recogidas en el libro "Historia-Guía del nuevo flamenco" de Pedro Calvo y José Manuel Gamboa. El primer disco de Camarón y Paco de Lucía se grabó en 1969. La trayectoria del cantaor se puede apreciar en mojones puntuales de su trayectoria que, curiosamente, siempre daban pie a una nueva década. Diez años después de aquel debut aparecía el imprescindible "La leyenda del tiempo" y diez más adelante "Soy gitano", el disco de flamenco más caro de la historia y aquél que catapultó a Camarón como una figura indiscutible dentro del mundo de la música, de todas las músicas. Otros diez veranos más tarde aparece su "Integral", obra completa que se edita complementada con un álbum de rarezas en el que se recuperan piezas que grabó solamente en singles: el "Sere serenito" que se incluyó en la banda sonora de "Casa Flora" en 1972 (una película de Ramón Fernández Alvarez protagonizada por Lola Flores y en la que el cantaor hacía el cameo de un ratero) y cuatro villancicos que aparecieron en las Navidades de los años 73 y 74. Junto a ellos, también se incluyen las tres remezclas que se incluyeron en el recopilatorio "Autorretrato", editado en 1990. Obviamente, el coste de la "Integral" puede resultar muy alto para un aficionado que quiera completar su discografía o para quien empiece a pensar en cambiar sus viejos vinilos por el actual soporte del CD. No importa: ellos también tendrán un nuevo caramelo. Se trata de "París 1987", un álbum grabado en directo que recoge nueve de los cantes que Camarón, junto al guitarrista Tomatito, interpretó en sus conciertos realizados en el Cirque d'Hiver parisino. Junto a ellos aparece una pista de CD ROM que solamente puede ser corrida en ordenadores compatibles con el standar de IBM y que aporta algunas fotografías del concierto. Curiosamente, este disco se vende por separado y no se incluye dentro de la "Integral", con lo que ésta resulta incompleta aun antes de salir a la venta. Los directos de Camarón no solían responder demasiado fielmente a lo que el artista grababa en sus discos. De éstos cogía solamente fragmentos mientras que el grueso de sus actuaciones se completaba con cantes tradicionales y obras que nunca grabaría en estudio. Muchas de las letras y músicas de tangos y bulerías que José utilizaba en sus conciertos eran de Joaquín el Canastero, un personaje poco conocido pero que a Camarón le gustaba mucho. Joaquín tenía un modo de vida particular en la zona del estrecho y José tenía que perseguirlo y localizarlo para poder oírle cantar. Además del reconocimiento que tenía hacia Joaquín, Camarón siempre admitió que le gustaban artistas como Mick Jagger o Pata Negra, además de la música griega. En la obra completa de Camarón hay otros dos álbumes grabados en vivo que sí están incluidos, por lo que, aun prescindiendo (en caso de que algún disco de este hombre fuera prescindible) de "París 1987", el comprador de la "Integral" podrá apreciar la capacidad comunicadora y pasional que el cantaor desplegaba en sus directos. El primero es "Flamenco vivo", editado en 1987 con el acompañamiento de Tomatito. Este álbum tiene la curiosidad de que en la portada aparece cortada la cabeza de Camarón, algo que no agradó en absoluto a Dolores Montoja, apodada La Chispa, la mujer con la que el cantaor se casó en 1976. Hay ciertas cosas que la superstición aún no es capaz de asumir. El segundo es "Camarón nuestro", el álbum que su compañía puso a la venta en 1994 y primero que aparecía tras su fallecimiento. En éste, el material está extraído de una serie de actuaciones realizadas con Tomatito en 1978, en los primeros pasos de la colaboración que Camarón mantendría con el guitarrista y que permanecería presente hasta la última actuación que realizara el de la Isla, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, el 25 de enero de 1992. Siempre se dijo que Camarón en directo era una incógnita antes de empezar y una proeza cuando acababa. En muchas ocasiones, sus actuaciones eran cortísimas, lo que hizo correr el rumor (¿qué mito no cuenta con una leyenda, también negra?) de que sus devaneos con ciertas sustancias químicas le impedían en ocasiones dar de sí todo lo que de él se podía esperar. En el citado artículo de Diego A. Manrique, La Chispa negaba tal aspecto y señalaba que José se sentía incómodo cuando sus actuaciones se convertían en una fiesta exagerada en la que "sonaba a feria". Manrique señalaba el dato de que, debido a esta actitud, Camarón tuvo que terminar aceptando que en sus contratos se estipulara una duración mínima para sus conciertos. La duración estipulada era de quince minutos. Muchos discos de Camarón no tenían título, por lo que son tradicionalmente conocidos con el del cante que abre el álbum. En todos, eso sí, aparece su rostro en la portada, bien en formato fotográfico o bien como dibujo. La excepción que confirma la regla es, precisamente, "Potro de rabia y miel", su última grabación, editada el mismo año en que el cantaor nos decía adiós. Su primer disco apareció en 1969 y fue grabado en una única sesión vespertina en los antiguos estudios de Fonogram de la Avenida de América de Madrid. Desde el momento en que se publicó, los flamencos más puristas comenzaron a discutir el modo en que Camarón, acompañado por Paco de Lucía, abordaba los cantes tradicionales. "Veo que la gente no comprende cómo canto. La gente no ha entendido todavía mi manera de sentir. Entonces, yo no les echo cuenta. Yo voy a mi aire", comentaba el cantaor en una entrevista grabada para el programa televisivo "Rito y geografía del cante". En 1970 Camarón incluyó en su segundo álbum la segunda guitarra de Ramón de Algeciras, el hermano de Paco, y dejó la autoría de los textos en mano de Fosforito. A lo largo del disco se puede escuchar cómo los acompañantes jalean a José como Pijote, el apodo por el que todavía era conocido entre sus allegados. En el 71 apareció su tercera grabación y ese mismo año se hizo con el primer premio en el Concurso de Cante Jondo Antonio Mairena, algo que acentuó aún más la actitud negativa de los más puristas. No sólo traicionaba la tradición, sino que además era premiado por ello. Camarón no sólo no escucharía las críticas, sino que, por contra, las provocaba más al incluir en su álbum del 72 un proyecto de cante nuevo. "La chicha del número es resultado de alear el fandango onubense con el ritmo singular con que Paco concluye sus creaciones por rondeña. Ni que decir tiene que tanta audacia fue respondida por los poderes fácticos del género", señala José Miguel Gamboa en el amplio libreto que acompaña "Integral" y que repasa todas las grabaciones de Camarón. "Canastera", que es el título de este álbum, fue la última ocasión en la que Paco de Lucía aparece en las portadas de los discos del cantaor. Hasta este momento, sus discos eran presentados como si se trataran de un dúo, con la imagen de ambos y con sus nombres al mismo tamaño en las cubiertas y los créditos. En el disco del 73, Camarón incluyó por primera vez las palmas y jaleos de una mujer, su tía La Perla de Cádiz, y en "Soy caminante", el disco del año siguiente, el cantaor admitió sin reparos ciertas influencias del dúo Las Grecas, muy popular en la época después de haber convertido el "gipsy rock" en un género mayoritario gracias a la canción "Te estoy amando locamente". Del mismo modo, en "Arte y majestad", publicado en el 75, aparecen numerosos guiños a Enrique Morente, lo que deja claro que para Camarón la actualidad del flamenco era mucho más interesante que los cánones del pasado. En su álbum del 76 aparecía una copla a la que la prensa recurrió mucho en los momentos más difíciles de Camarón, aquéllos en los que un carcinoma de pulmón, confirmado en una clínica privada de Rochester, en Estados Unidos, comenzaría a estropearle el cuerpo hasta que éste no pudo más: "Pa qué quiero los dineros/ si no me sirven pa na/ salud es lo que yo quiero/ y no la puedo comprar". "Castillo de arena", el disco publicado en el 77, fue el último producido por Antonio Sánchez y el primero en el que Camarón aparece como autor de alguno de los temas incluidos. Este disco remata una etapa que dará pie al ya mítico "La leyenda del tiempo", el álbum que supone el cambio de imagen de José y la desaparición en su nombre artístico del "apellido" de la Isla. Este es el primer álbum en el que aparece Tomatito, en el que empieza la colaboración con el productor Ricardo Pachón, en el que Camarón recurre a la literatura como soporte para los textos y en el que, por primera vez, se utiliza una dinámica de grabación similar a la usada en los discos de pop o rock: primero las bases, luego las diferentes pistas y finalmente la mezcla. En "La leyenda del tiempo", Camarón recurrió a músicos del grupo Alameda y a los baterías Antonio "Smash y José Antonio Galicia. "Hay que tenerle cariño y respeto al flamenco y por eso hay que estar muy centraíto, porque es muy arriesgado meter una batería en una bulería. Yo me arriesgo mucho, pero es una responsabilidad. ¡Ahora! ¡Que nunca me he salido del flamenco!", comentaba José a Paco Espínola en una entrevista de la época. Lógicamente, este disco fue, como casi todas las obras maestras, incomprendido en su momento. Apenas superó la venta de las cinco mil copias y muchos gitanos devolvían el disco a las tiendas después de escucharlo afirmando que "ése no es Camarón". Sí que lo era, pero acompañado por gente como Jorge Pardo, Raimundo Amador, Tito Duarte e, incluso, con el sitar de Gualberto. Hoy "La leyenda del tiempo" es un álbum referencial, imprescindible dentro de la música española, pero en 1979 suponía toda una revolución. El tiempo le daría la razón a Camarón por cuanto, aunque los gitanos tardaron en entenderle, todo lo contrario ocurrió con aquellos músicos y público que en su vida se habían acercado al flamenco. Habían descubierto a alguien que se lo había acercado. En el fantástico "Como el agua", de 1981, Camarón recuperó la colaboración de Paco de Lucía después de que el guitarrista no hubiera podido participar en "La leyenda del tiempo"; de hecho, su hermano, Pepe de Lucía, era el autor del tema que da título al disco. Luego llegaría "Calle Real", un disco en el que Paco y Tomatito tocan juntos y en el que también colaboran Carles Benavent y Rubem Dantas. En "Viviré" (84) empieza a notarse un cambio de timbre en la voz del cantaor, algo debido a problemas de ortodoncia que continuarían tras la aparición de "Te lo dice Camarón", el disco del 86. Las letras de este álbum están, básicamente, referidas al entorno del cantaor, a su ambiente, su familia Fue la primera vez en la que él mismo asumió la dirección musical del disco, si bien dejó la producción en manos de Antonio Humanes, coautor de todos los temas del álbum junto con el propio José. Después del directo del 87 aparecería otra de las obras capitales de Camarón: "Soy gitano". El álbum fue tratado por todos los medios de comunicación habida cuenta que, en aquel momento, el cantaor era ya un fenómeno de masas y supuso, al mismo tiempo, la primera aparición en formato de CD para una obra del artista. Aquí vuelve a aparecer el nombre completo de Camarón de la Isla y, aunque se le pidió a Paco de Lucía una nueva colaboración, el guitarrista tuvo que desestimarla porque no quería entrometerse en un proyecto que ya estaba en marcha. El proyecto no era otro que el de acompañar los cantes de Camarón con la Royal Philarmonic Orchestra londinense. En el álbum, con todo, aparecen todos los emblemas del estilo camaronero, con Tomatito y Vicente Amigo en las guitarras y con la colaboración de Ana Belén en uno de los temas. El álbum, terminado de grabar en los estudios de Abbey Road después de una preproducción sevillana, fue el primer disco de flamenco que se aupó a las listas de ventas con unos números impensables para un álbum de este género. Con "Soy gitano", Camarón quedó consolidado ante los más escépticos y gente que en su vida pensó que el flamenco podría gustarle terminó adorando las piezas incluidas en este álbum, piezas que hoy se han incorporado a la música popular con una facilidad asombrosa. "Potro de rabia y miel", el disco editado pocas fechas antes de su muerte, obtuvo la misma respuesta que "Soy gitano", quizás incluso más debido al habitual morbo de un público que, una vez fallecido el artista, quería tener su último disco en casa. Tras él aparecería, en el 94, el ya citado "Camarón nuestro" y un par de recopilatorios bastante bien estructurados. Excepto éstos últimos, todos los discos citados aparecen en la "Integral" que ahora se publica. Como se puede ver, la voluminosa caja contiene dentro lo que podría considerarse la historia del flamenco de los últimos treinta años, ya que, a estas alturas, es innegable el hecho de que Camarón era un faro que marcaba tendencias y que servía de referencia a todo lo que llegaría después. Antes de él, el flamenco era básicamente un cantaor, una guitarra de palo y el taconeo del baile. Tras "La leyenda del tiempo", el flamenco dio un giro que le ha permitido ser tan popular como cualquier otro estilo, con vertientes que han sido aceptadas por un público mayoritario y que han permitido a este arte fusionarse con otros estilos de música de los que antes estaba distante. La "Integral" cuenta también con un fabuloso libro de cuarenta y ocho páginas en el que se narra la vida del cantaor, anécdotas de uno de sus productores, un explícito repaso de su obra y abundante material gráfico. Del mismo modo, en la caja se incluye un poster que reproduce el retrato que realizó Angel Baltasar al cantaor. Después de escuchar la "Integral", sigue siendo difícil de asimilar la devoción que tienen los gitanos a este particular Dios, pero, sin duda, es más fácil entenderlo. E.P. Camarón de la Isla. "Integral". Mercury @discos:Camarón con Tomatito. "París 1987". Mercury 731454663328 Camarón en tres viñetas Un momento: Aquel día, más bien por la tarde, cuando Camarón, siendo portada del diario francés "Liberation", cantaba en la capital francesa ese concierto que ahora rescata con el título "París 1987", mantuve una conversación telefónica con José Monge Cruz. para mi sorpresa, en un artista ya entonces mítico para el pueblo gitano, con estigma de revolucionario y cuyos conciertos eran flamenco puro, la voz llorosa del genio de la Isla me confesó que él quería hacer lo de Pata Negra: el flamenco-rock gitano. Otro momento: Un tumulto de seguidores gitanos de Camarón se apelotonó en las primeras filas de una actuación suya en el Palacio de Deportes. Gente de todas las edades, familias enteras con sus niños. Una gitana de más de sesenta años, subida encima de la silla que yo tenía delante de mí, se echó las manos entre las piernas y se sentó. Muerta de felicidad, la abuela gitana exclamó: "Yo no sé qué tiene mi Camarón que me he 'meao' en toda la faja". Aventura londinense: Con motivo de que Camarón fuera a Londres, a los estudios Abbey Road, para supervisar los arreglos orquestales del disco "Soy gitano", un par de periodistas fuimos a seguir la aventura. El objetivo era hacerle una entrevista. El rostro de Camarón en el estudio de grabación reflejaba preocupación porque aquella orquesta sinfónica tan prestigiosa (que cobraba un millón de pesetas por hora de trabajo) se perdía con el compás de las palmas. Hubo que quitar ese compás para que los maestros no se despistaran. Camarón, en Londres como en cualquier parte, tenía un aura especial. La gente se paraba por la calle a mirar a ese gitano vestido con una camisa de flores y un pantalón de peto en cuyo bolsillo de atrás llevaba guardada una navaja espectacular. No pude entrevistarlo. Siempre le dolía algo y nunca era momento de hablar. Tan sólo una noche, en casa del productor teatral Celestino Coronado, dijo algunas palabras. Creo que no se fiaba de los periodistas. Nos debía sentir como a unos bichos raros, siempre merodeando. Pedro Calvo
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