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La espiritualidad de Ben Harper vuelve a quedar patente en "Burn to shine", su nueva obra. Septiembre del 99

De la tabla de skate a la Weissenborn

Tiene fama de espiritual. Su música, sus textos y la forma en que se toma su trabajo permiten que se le vea como un personaje bastante diferente de lo que estamos acostumbrados a observar dentro del mundo de la música. Si le preguntas algo, se calla, mira a la nada mientras se supone que piensa y, un minuto después del silencio, contesta pausadamente como si hubiese salido de un trance.

A finales de junio recibí una copia de adelanto de "Burn to shine", que es el trabajo número cuatro de la discografía de Ben Harper. Junto a él venía una nota de promoción en la que se señalaba que Ben estaba promocionando el disco en estas fechas porque, aunque el álbum iba a ponerse a la venta en el mes de septiembre, su mujer estaba embarazada y tenía previsto dar a luz más o menos en esa fecha. Ben, padre diligente y con una moral que, en principio, parece a prueba de bombas, no deseaba estar lejos de su chica y de su nuevo crío (ya tiene otro) en el importante momento del parto. En la nota también aparecían algunas manifestaciones suyas, una de las cuales me llamó la atención: "Ya sabes. Hablando sobre música corres el riesgo de parecer un completo idiota. ¿Qué más se puede decir sobre algo de lo que ya se ha dicho todo? ¿Te sientes capacitado para añadir algo más?". Pienso en eso mientras escucho las doce canciones de "Burn to shine" y comienzo a buscar la documentación necesaria para preparar la entrevista que tengo concertada con él un día más tarde en un hotel madrileño. Entre las notas de que dispongo encuentro alguna cosa publicada referente a su última visita a España con la gira de presentación de "The will to live", aparecido en el 97 y que supuso su tercer disco, alguna biografía un tanto desfasada y un par de entrevistas en las que Ben se muestra ciertamente esquivo a la hora de hablar de otra cosa que no sea su música.

Mientras lo leo todo y tomo mis notas, van cayendo "Alone", "The woman in you", "Less"… piezas que vienen a demostrar que Ben no ha cambiado demasiado su universo musical con respecto a sus tres obras anteriores. Ahí sigue estando ese formato acústico y esa voz que en ocasiones aparece en la oscuridad y en otras luce luminosa como colmada de alegría. Están también los referentes obvios a sus grandes influencias, compositores negros que siempre han ido marcando pautas dentro de la historia musical norteamericana… Realmente, la música de Ben Harper admite muchas definiciones. Incluso ahora se puede escuchar su estilo en multitud de cantautoras que parecen poblar como setas el panorama estadounidense y canadiense. Ni hace música nueva ni revoluciona nada. Simple y llanamente, hace que te fijes en él por su calidad interpretativa y por su facilidad para dibujar en su voz una cantidad de sentimientos que poca gente es capaz de expresar tan directamente.

El disco, definitivamente, me gusta. Me gusta lo suficiente como para quitarme el mal sabor de boca que me dejó Ben la última vez que lo vi en directo, desganado y excesivamente frío, todo lo contrario de lo que muestra en sus grabaciones.

El día acordado me presento en el hotel a fin de verme con Ben. Siempre me llama la atención la manera como me miran los recepcionistas de los hoteles de lujo que las grandes discográficas eligen para alojar a sus artistas. Es algo que no termino de entender porque, habitualmente, mi pinta es siempre mucho más vulgar y habitual que la que tienen los propios artistas, pero…

Los diez primeros minutos de nuestra charla son ciertamente curiosos. Le felicito por lo de su próximo crío y le pregunto cómo le afecta lo de ser papá para llevar la vida que lleva, de un sitio a otro, con giras enormes y con mucho tiempo sin poder ver a su familia. Su respuesta es taxativa e inmediata: "No estoy aquí para hablar de mi vida privada ni de mi familia. Eso es algo sólo para mí". Debo de poner una cara de extrañeza propia de la respuesta, pero él relaja la cosa: "Gracias de todos modos".

Ben tiene ahora treinta años y es californiano de origen, concretamente de una zona desértica situada a cincuenta millas de Los Angeles. Como la mayoría de los artistas, nunca soñó en tener una carrera profesional dentro de la música, sino que fue la casualidad y el trabajo lo que le permitió entrar en un mundo del que no sabía nada mientras jugaba con su tabla de skate. "Trabajaba en esto, en lo otro… me buscaba la vida y mi mayor preocupación era la de conseguir pagar el alquiler a fin de mes. Cuando tocaba lo hacía por diversión, en cualquier lugar que pudiera: un bar, un coffee shop… Fui entrando en este mundillo, pero nunca pensé en dedicarme a esto hasta que una noche alguien vino y me puso dinero en la mano después de cantar. Era parte de lo que se había recaudado ese día y, por lo visto, a mí me correspondía aquello".

Le había llegado ese momento en el que es necesario decidirse. Muchos músicos no prosperan porque no saben tomar esa decisión. Aunque sea difícil (o muy difícil), siempre hay un día, una hora… en que uno debe asumir que quiere vivir de la música. Es dificilísimo compaginar todo el trabajo que exige eso con cualquier otra actividad y muchos futuros artistas terminan hasta la gorra del tinglado prefiriendo quedarse con un trabajo seguro afirmando que no se puede entrar en el mundo de la música y que no hay oportunidades. En el caso de Ben, por ejemplo, la anécdota puede ilustrarse con su afición al skate. Muchos aseguran que era un experto: "No soy tan bueno. Hago algunas figuras y tengo buen equilibrio, pero no puedo decir que sea una estrella. En el skate hay muchas ocasiones en que tienes que controlarte y frenar con las manos y ahora tengo claro que mis manos son más valiosas para tocar que para hacer skate; son importantes para mí y eso supone que ya no me puedo subir a la tabla tanto como quisiera".

Cuando dice esto, Ben se fija en mis manos y ve que tengo dos uñas largas, muy largas. "¿Eres guitarrista, verdad? Entre nosotros nos conocemos. Hay un dicho en California: 'los pájaros son pájaros y los perros son perros'. Nosotros somos lo que somos y no podemos evitarlo. Tú debes saber que detrás de una guitarra siempre hay un sueño "--añade--". Cuando tocas lo haces por placer, pero siempre esperas tener una oportunidad que únicamente depende de la suerte. Yo la tuve, aunque siempre tendré como prioridad mi música. Quiero tenerla viva, suceda lo que suceda, tenga suerte o no".

Después de que llegara la suerte y tomara la decisión que, de momento, parece la adecuada, lanzó "Welcome to the cruel world", su primer álbum. El disco fue una enorme sorpresa. En 1994 no era muy normal que un tipo se presentara con un debut cargado de canciones acústicas y de letras profundas interpretando como si estuviera al borde de la vida. Lo mejor de todo es que no sólo fue una sorpresa, sino un éxito. "Cuando quieres expresarte no puedes pensar si va a funcionar o no a nivel de público, ya que, si estás en esa situación, lo mejor es que no hagas nada. Yo creía en lo que hacía y sabía que era bueno. Eso sí "--continúa Ben--", no deja de ser cierto que el éxito siempre te sorprende cuando llega".

Después llegarían "Fight for your mind" (en el 95) y "The will to live" (en el 97). "Esos tres álbumes han sido como una nueva inspiración para mí "--comenta Ben--". De ese modo, 'Burn to shine', el nuevo disco, lo veo como si fuera el segundo y todo lo anterior fuera parte de un primero. No me he sentido presionado a la hora de hacerlo por el resultado de los anteriores, ya que nadie me presiona más que yo mismo. Es como una parte natural de lo que soy: me sale de dentro. Siempre tengo en mente objetivos y hacer discos es uno de ellos que surge sin pretenderlo o sin marcarme esquemas determinados. De hecho, me encanta hacerlo, me encanta lo que hago".

Tomarse así su nuevo trabajo tiene su explicación: "Es como una colección de canciones, pero, cuando las oyes todas juntas, puede sonarte como si fuera una única canción. En 'Burn to shine' han cambiado muchas cosas: he utilizado vientos, guitarras de cuerpo sólido… He escrito los temas procurando ver las cosas desde fuera, como si yo fuera otro ser que mira al mundo. Hacer lo normal siempre es fácil mientras que esto me resultaba un reto: ponerme en otras situaciones, trasladarme a otros tiempos u otros parajes, a otras personas… Era como irme hasta situaciones límites y comprobar hasta dónde podía llegar sin asustarme. ¡Y hay otra cosa! Este es le primer disco en el que, realmente, me siento satisfecho del uso de mi voz. Creo que ya he aprendido realmente a cantar". ¿Y el trabajo en el estudio? "Tienes que crecer "--contesta después de, como siempre, tomarse un minuto en silencio para pensar--". La primera vez que grabé todo me asustaba: la enorme cantidad de botones, las luces que subían y bajaban… era como una pelea. Ahora, sin embargo, ya he aprendido y todas aquellas cosas de las que tenía miedo se han convertido en amigas que me ayudan. Ahora sé cómo y qué micrófonos usar, qué guitarras…" Hablar así de su obra anterior no supone, en ningún momento, un rechazo a aquélla, sino, al contrario, una manera de valorarla como parte de un aprendizaje. "Ninguno de los discos que he hecho "--añade--" me ha resultado malo. Son parte de un proceso".

Ya han pasado cinco años y cuatro discos desde que comenzara a grabar. "Cuando miro para atrás no puedo evitar sentir como un flash. Intento cambiar, crecer, enriquecerme y tirar para adelante, pero todo va muy deprisa. Esos cinco años parecen realmente seis meses", comenta Ben. Una de las cosas que han cambiado en su vida durante este tiempo ha sido la posibilidad de viajar, conocer gentes y culturas, aquello que, dentro de una gira, no siempre puede hacerse en profundidad pero que permite hacerte una visión y una idea de lo diferente que es el mundo. "Cuando lo miras "--comenta--", muchas cosas dependen de tu propia perspectiva. No es lo mismo viajar viviendo en una cueva durante un año con unos gitanos que estando en Madrid en un hotel de lujo. Yo tengo poca perspectiva porque, cuando viajo, dispongo de poco tiempo. Procuro pasear y ver a la gente, pero no puedo impregnarme de mucho aunque siempre haya algo que me sorprende, como la tienda de guitarras de José Romero aquí, en Madrid. Hay sitios que me han gustado mucho, como Estambul o San Francisco, pero no podría destacar ningún país ni ninguna ciudad en concreto".

La manera de ver las cosas de este hombre siempre tiene un referente de lo más espiritual. En su vida da una gran importancia a la figura de Dios, pero, curiosamente, no profesa ninguna religión específica: "Es más una figura mía, que viene de dentro y que la vivo de una manera particular "--aclara mientras se preocupa de que sus palabras sean bien traducidas--". No soy ningún seguidor fanático de ninguna iglesia y para mí Dios es la esperanza, el significado por el que puede haber amor entre las gentes. Soy un creyente, no un militante". Ahondando en el tema, cuando le pregunto si se considera una persona humanística, Ben, después de pensárselo una vez más, afirma que "la persona es importante por lo que hace, pero también por lo que significa para los demás". Me explica que el universo particular de cada uno es una meta en sí misma, pero que nadie puede evitar el referente que suponen las demás personas con las que compartimos el mundo.

Siempre que Ben ha reconocido influencias musicales ha citado a músicos negros: Bob Marley, Jimi Hendrix, Otis Redding y ciertas figuras del blues. Cree realmente que los negros tienen un sentido especial para la música y que estas figuras, en concreto, "fueron líderes que crearon estilos diferentes a los que había antes de ellos". En sus discos hay siempre guiños o giros en los que dichas influencias son bastante patentes. Uno de los ejemplos son sus letras, las cuales se pueden encuadrar dentro de la tradición musical norteamericana más comprometida. Con todo, Ben las presenta de una manera singular afirmando que "no trato de expresar ideas. Son canciones y, simplemente, las toco. Dejo a la gente que entienda lo que desee y que sean ellos quienes extraigan ideas de ellas". Admite que el blues, el rock, el country o el folk son "músicas con las que he crecido y que, lógicamente, son importantes para mí. Me es muy difícil separarme de ellas cuando compongo". Cuando le pregunto por formas más contemporáneas, caso de la música electrónica, por ejemplo, se muestra receptivo y señala que "es como todo: hay tanto que siempre se puede encontrar algo interesante".

A estas alturas Ben habrá terminado su gira de presentación de "Burn to shine", la cual le ha traído a Europa para participar en una serie de festivales tales como el "Super Bock Super Rock Festival" lisboeta, el "Quart Festival" noruego o el "National Bowl" en Inglaterra. En este último ha tocado junto a Metallica, Marilyn Manson y Placebo, lo que muestra el eclecticismo del público de Ben, gente que va desde skaters amantes del thrash hasta adultos que, tradicionalmente, han seguido la música acústica norteamericana. "Me gusta participar en este tipo de festivales y tocar con estos grupos. Impresionan mucho, por lo que tenemos que mostrarnos más enérgicos de lo normal en el escenario". En directo, Ben y su grupo sufren una metamorfosis apreciable. Comienzan presentándose con su lirismo e intimidad habitual para ir subiendo su nivel de concentración de minuto en minuto. Cuando Ben agarra su Weissenborn llega el desmelene, con solos ajustadísimos en los que el sonido empieza a cubrir su propia parte de la escena. Desde muy crío, Ben se sintió fascinado por este tipo de guitarra, una especie de steel de la que apenas quedan ejemplares. "La mía la diseñé yo mismo. Tiene una parte de la Les Paul clásica y una parte de Weissenborn. Le llevé el diseño a Bill Asher, un luthier de Santa Monica, que la mejoró y la construyó".

Su banda, formada por Dean Chamberlain, David Leach y Juan Nelson, es ahora como una familia ciertamente cerrada al mundo exterior. Entre todos mantienen una estupenda relación que se ve acrecentada cada vez que se embarcan en una gira compartiendo experiencias y conciertos. Su llegada a España está prevista para el año que viene, concretamente para el mes de marzo, y será entonces el momento de evaluar la evolución que Ben ha tenido en su directo en los últimos años. Mientras, es probable que la recepción de "Burn to shine" en el mercado español continúe mejorando la apreciación que nuestro público siente ya por este singular personaje.

E.P.

Ben Harper. "Burn to shine". Virgin

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