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Wilco Johnson Moby Dick. 15 de septiembre de 1999 Una verdadera lástima. Puede que fuera el asunto del fútbol (el Madrid acabó empatando con los griegos) o puede que la promoción del concierto no funcionara como debía. El caso es que un personaje como Wilco Johnson se encontró con muy poco público, si bien, y dado que el concierto retrasó su inicio una barbaridad, el ambiente acabó lo suficientemente caliente como para disfrutar con intensidad. Y digo disfrutar porque eso es lo único que se puede hacer con Wilco. Ya no es el jovencito que se recorre el escenario como una ametralladora, ya no tiene ese flequillo que lucía en los conciertos de Dr. Feelgood ni cuenta con el respaldo de una compañía que le haga un mínimo caso (venía a presentar un disco y aún no sabemos ni qué disco es ni con quién sale). Pero, eso sí, sigue siendo todo un personaje que se transforma en cuanto se sube a un escenario. Se presentó en formato de trío, encargándose él, como era preceptivo, de la voz y la guitarra. La voz sigue siendo tan particular como siempre, sin matices y seca, pero su guitarra conserva aún ese sonido añejo, tan puro, que Wilco sabe extraerle sin necesidad de usar púa. Su técnica es de lo más peculiar y él es capaz de tocarla poniéndola de frente, de espaldas, sobre la nuca y hasta haciéndoselo con ella. De vez en cuando hace esas arrancadas espasmódicas en las que se pasea el escenario al ritmo de marchador olímpico y todavía no puede evitar el pegar algún que otro salto con las piernas abiertas y extendidas. Conserva intacta esa cara de loco apasionado a la que le ha caído alguna arruga. Wilco gana al público por su inmediatez. No le da a éste ni un adorno ni una filigrana, no aporta nada fuera de sitio y no se caracteriza por hacer exhibiciones. Simplemente, enchufa la guitarra y convierte el local donde toca en una fiesta de rock'n'roll y rhythm'n'blues que no decepciona si sabes lo que vas a ver. En el repertorio abordó temas antiguos, conocidos por el público, y algunos que, supongo, pertenecerán a su nuevo álbum, ése que de momento permanece fantasma. Everybody's carrying a gun, Take it easy, She's good like that, Some kind of hero todos interpretados con intensidad, con ese sonido particularísimo y con un soporte rítmico surgido de dos músicos que saben perfectamente lo que Wilco necesita para arrancarse. Aunque el concierto avanzaba ya a unas horas de lo más respetables debido al retraso, el guitarrista no se cortó en la duración de su set y acabó con un She does it right larguísimo en el que, esta vez sí, se permitió jugar con su guitarra aportando algo más de lo que le caracteriza. Como bises regaló a la parroquia dos clásicos rockanroleros (Route 66 y Bye bye Johnny) que pusieron la guinda del pastel. No era ni menos ni más de lo que se podía esperar, por lo que la gente salió satisfecha y con la sonrisa en la boca. Lástima que no hubiera más. E.P.
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