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La Venganza de la Abuela El Sol. 25 de marzo de 1999 Muchos de nosotros, jóvenes y menos jóvenes, hemos seguido, de una u otra forma, la trayectoria de los navarros Barricada. Siempre han sabido ganarse nuestro respeto con su buen hacer a pesar de que parezca que, en sus últimos discos, hayan perdido popularidad, tal vez debido al riesgo que suponen sus nuevas tendencias musicales. Siempre han manifestado públicamente su aprecio por los nuevos sonidos aplicados al metal de los 90,del tipo de bandas como Fear Factory, Ministry o Nine Inch Nails. Esta es la base con la que Enrique Villarreal El Drogas, su bajista y cantante, se despega del grupo para expresar sus nuevas composiciones en el incipiente proyecto La Venganza de la Abuela, nombre que sirve también de título al álbum publicado recientemente. El mismo Enrique expone que el disco está separado en dos partes: Abuela, con la banda tocando al natural y a tope, y Venganza, con el uso de máquinas, samplers, programaciones y sonidos que demuestran que el electric body music en su vertiente metal es el plato fuerte en los gustos de El Drogas. Reconozco que cuando llegué al concierto de La Venganza de la Abuela no vi lo que cabía esperar. Pensaba que, ya que se avanzaba tanto musicalmente en el disco, el directo podía ser una fiesta de imaginería rocker industrial. Pero no fue así. El show del grupo de El Drogas se planteó como el concierto de una banda de rock convencional, eso sí, echando muchas ganas y valentía, sobre todo por parte de su capitán, siempre confiado en lo que hace y honesto en su expresión. Aun así, sonaron más o menos bien temas como De esa jodida manera, Golpea, Cerocomasiete, la pegadiza J.L.M.P. y otros de la parte más maquinera del disco, como Soy quien te controla o Con frío en los pies, tocados todos por miembros del grupo y con poca, o ninguna, pregrabación en off. La sorpresa vino con la versión del El mundo no es de la gente humilde de los madrileños Latino Diablo. Aunque la Venganza de la Abuela no se mostró como una formación industrial, sí significa una apertura a nuevos conceptos de expresión de vanguardia que unen la habilidad y los recursos imaginativos que ofrecen las máquinas con los riffs más metálicos del rock. Pedro Moreno
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