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Tindersticks La Riviera. 26 de octubre de 1999 No es la primera vez ni la última en que se asiste a un concierto del que se sale con la impresión de que el asunto habría quedado mejor en una sala más pequeña. En el caso de Tindersticks hubo, incluso, ocasiones en las que llegué a pensar que el mejor resultado de este grupo sólo puede disfrutarse en el salón de casa. Y no es porque lo hagan mal o porque el escenario se les quede grande, sino, simple y llanamente, porque la tensión emocional que destilan Tindersticks, plena de lirismo e intimismo, tiene que tener su momento para ser disfrutada y ese momento le tienes que elegir tú de acuerdo a tu situación emocional. El grupo, que desde el principio marcó sus pautas estilísticas, fue dibujando en el aire melodías sin fin, sin estribillos, sin argumentos sólo consistentes en el terreno sonoro y en su capacidad para llegar, con un volumen discreto, hasta cada rincón de la sala gracias a su talante expresivo y a su voz oscura. Pero el asunto valió para poco. En cuanto empezaron a caer las canciones se pudo observar que la banda no tenía tras de sí ningún otro balance positivo. Desde el escenario salían escenas de depresión y ése, por lo menos, no era mi momento. Al salir del recinto, un compañero señalaba que Tindersticks hacía música para "no olvidar los malos rollos" y la definición se me hacía válida. Toda la tensión o la emocionalidad de los primeros temas se acabó en media hora porque poca, muy poca gente, puede estar tan tensa o emocionada más tiempo. Cuando el grupo reaccionó y subió ligeramente el pistón de su propuesta ya era tarde y en dos piezas más acabó el concierto. Para la propuesta colaboraban luces azules de tenebrosa estética, una moderación de movimientos propia de ascetas y unas bases rítmicas tan relajadas que podrían haberse visto sustituidas por cualquier caja de ritmos. Había que estar muy entregado al grupo para comulgar con su depresión. Mi chicha, incluso, terminó leyendo dejando que la música no fuera sino el apoyo ambiental de su diversión. E.P.
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