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Suede

Caracol. 5 de mayo de 1999

Se desmarcaron los ingleses con un concierto en sala pequeña para presentar su nuevo trabajo discográfico. Pasaron por Madrid casi en silencio en un concierto de apenas una hora que sólo pudieron contemplar algunos miembros de su club de fans y algo de prensa. Eso provocó que, a la hora de entrar en la sala, la mayoría del público esperara excitada a "su" grupo. Pero no dentro, como sería lo natural, sino en los aledaños del autocar que Suede aparcó justo delante de Caracol. Todos estaban atentos con su cámara para retratar a alguien cuyas fotos pueden encontrarse en cualquier revista, pero la sala permanecía casi vacía programando en pantalla de vídeo las imágenes de la Cadena 40 y la MTV ofreciendo a los adelantados clases de conversación en inglés.

Cuando por fin el grupo decidió ubicarse en los camerinos, los cazaautógrafos empezaron a desfilar para adentro, lo que permitía la situación natural del concierto: un público que a todo diría que sí y los consiguientes periodistas para reseñarlo. Suede se ofreció como a ellos les gustan, arropados por calor y en familia. Su paso por España ha sido tan fugaz que apenas recalaron en Madrid más que para este concierto y para poner el palmito en algunas televisiones. El material que ofrecieron se basó, lógicamente, en lo que da de sí su nuevo Head music, álbum que a estas horas ya debe estar a la venta en las tiendas. Las nuevas canciones se vieron adornadas con recuerdos a su Coming up, el último álbum "real" de la banda, ya que lo que vino después, el doble Sci-fi lullabies, solamente ofrecía el material de las caras B de sus singles editados. Así, piezas nuevas como Flow o Indian strings se iban alternando con los celebrados Trash, She o Beautiful ones, temas que el público coreó dando saltos y ejerciendo su condición de fans, lo que estuvo a punto de generar la desaparición de mi chica debajo de tres o cuatro acelerados. Lazy, otro de los temas de Coming up, fue, probablemente, el mejor acogido por la gente mientras que ésta escuchaba atentamente Savoire faire, otro de los temas del nuevo álbum. Un bis con Saturday night cerró un concierto escaso que permitió ver ciertas cosas interesantes en la evolución de la banda. Una de ellas es que, por lo menos en este set, Suede demostró un sonido más sucio que en sus anteriores visitas y una actitud más acertada. Sus temas antiguos se han ido enriqueciendo con aportaciones instrumentales y con interpretaciones más salvajes en el terreno guitarrero, mientras que las piezas nuevas tienen aún el corsé de las formas melódicas que dominan el disco y que son una de las señas de identidad del grupo. Muy acertadas éstas, permitían a Bret Anderson ofrecer su nueva faceta de directo, mucho más movidito y carismático que en sus anteriores pasos por esta ciudad. Ahora se muestra con una imagen más juvenil, nuevo corte de pelo y unos ademanes ambiguos que hacen gracia y divierten. Como adelanto de lo que será su próxima visita no está mal, pero todavía no se ha anunciado un concierto de Suede en Madrid para los próximos meses. A estas alturas sólo está confirmada su inclusión en el cartel de Benicàssim.

E.P.

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