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Ska-P + Boikot + Canallas Palacio de los Deportes. 12 de diciembre del 98 En la semana del 7 al 13 de diciembre se celebraron tres conciertos con cierto aire solidario. Uno lo montó la cadena 40 Principales y tuvo como protagonista al Príncipe; otro se retransmitió por la tele, lo presentó Bosé y contó con la presencia de una Infanta, y el tercero lo realizaron tres grupos de rock y terminó llamando "holgazán" al rey y pidiendo la legalización del cannabis.El concierto que ofrecieron Ska-P, Boikot y Canallas en el Palacio fue una de las fiestas a la vieja usanza: se bailó hasta la saciedad, se celebró cualquier tipo de hermandad y no se contó ni con la tele ni con ningún tipo de ayuda oficial. La entrada valía 1.500 pesetas y todo el mundo salió la mar de contento después de haber soltado adrenalina por los cuatro costados. Desde que los Canallas se acordaran del alcalde de Madrid recordándole que en las fiestas de San Isidro ya no hay conciertos de rock hasta que Ska-P hizo notar las diferencias que tendrán el nieto de los reyes y un niño nacido en Somalia a la hora de crecer y educarse, el concierto fue una retahíla de demandas acompañadas de música con ritmo capaz de poner a danzar a cualquiera. Canallas calentaron al público en una corta (tal vez demasiado corta) actuación, Boikot puso el Palacio boca abajo y, por fin, Ska-P le dio la vuelta. El resultado fue magnífico, con gente jovencísima entre el público y con varias generaciones de rockeros coincidiendo en la misma idea: divertirse reivindicando aunque lo que se reivindique llegue al tono de la utopía. Mejor será siempre moverse y quejarse que quedarse en casa viendo la televisión. Yendo a lo estrictamente musical, el concierto también ofrecía una buena variedad complementaria. El rock más clasicote y guitarrero de Canallas prendió enseguida entre el público y dejó claro que allí la gente, más que convocada por un grupo, iba convocada por la fiesta. Con una versión de Rosendo y una arenga al alcalde, Canallas consiguieron que la gente recibiera muy bien el material de su segundo álbum. El sonido, uno de los puntos flacos del Palacio, respondió perfectamente después de necesitar un ratito para adaptarse a los condicionantes e hizo lucir una actuación que presentaba al grupo ante un público amplio. Boikot llegaba tras su gira por Argentina para grabar la última entrega de La ruta del Che y, si bien hubo algún tema nuevo, éstos se quedaron inéditos en su mayoría a la espera de que salga el disco. El grupo dio una lección de actitud y sus componentes demostraron que llevan a sus espaldas muchos años de actuaciones. Se echaron encima el espectáculo desde el primer tema y lo sobrellevaron con una entereza asombrosa, poniendo a bailar a todo el público del Palacio e introduciéndoles en un mensaje panamericano que venía apoyado en canciones y no en discursos. Un Pueblos 1 fabuloso, con colaboraciones incluidas, y un Hasta siempre bordado fueron puntos álgidos en un concierto en el que Pinochet fue el invitado de piedra (le habrían caído piedras) y en el que igual se podía ver al guitarrista Kosta tirándose al público que escuchar un recuerdo para Dylan y Kabezabolo. Mentiras, la versión de Kortatu que ellos llaman Nos quieren detener todas las piezas sonaron con enjundia, fueron acompañadas por la gente y colaboraron a elevar el tono del espectáculo. Centraron su repertorio en sus dos últimos álbumes y se llevaron al público de calle. Todo quedaba preparado para la actuación de Ska-P. La banda se ha mostrado en sus últimos espectáculos como una de las ofertas más válidas de lo que ofrece el directo en este país. Su música, su puesta en escena, sus disfraces y su tono mitinero-festivo coinciden en una propuesta superdivertida que no puede dejar indiferente a nadie. Por eso, cuando un director de pista presentó Circo ibérico todo el público comenzó a poner en marcha sus energías para una comunión gente-grupo que no paró hasta que terminó el concierto. En todo momento brilló el sonido de feria y verbena que Ska-P sabe poner en todas sus composiciones. Bien sea con melodías de pasodoble, polka, rap, pop, reggae o formas latinas, el grupo lo aúna todo con ese ritmillo de ska que no deja indiferente a ningún par de piernas. Junto a ello, un show en el que aparecen curas que fornican con muñecas de plástico, policías que agreden a los músicos sin ton ni son, jugadores del Rayo cantando su himno alternativo, obreros marchosos o cristos con la cruz a cuestas. Todo está planteado para divertir, pero también para transmitir un mensaje de solidaridad con todas aquellas causas que el sentido común no entiende. Revistas del corazón, Abolición, Paramilitar, Sectas, Sexo y religión son títulos ya de por sí explícitos en el lenguaje que estos vallekanos manejan. Hasta veinticuatro temas se marcó la banda, con las consiguientes paradas para los mensajes hablados y para las rociadas de agua que pedían las primeras filas. Ninguna causa justa quedó sin ser recordada: desde la lucha de los zapatistas con la bandera del EZLN hasta los pueblos indígenas con la colaboración de Boikot. Incluso la CNT y la FAI encontraron acomodo en un lenguaje que no deja títere con cabeza y que sirve de excusa continua para seguir con la fiesta. Simpático holgazán, con una parodia burlesca en la que el rey pide a sus súbditos más impuestos para que su nieto tenga todos los lujos del mundo sin tener que dar palo, y Cannabis, con una colaboración total por parte de los asistentes, cerraron una noche magnífica en la que era difícil salir defraudado. El Palacio obtuvo un llenazo como los históricos. Se aprovechó para grabar en vídeo la actuación de Ska-P y el concierto sirvió para comprender por qué estas tres bandas convocaron casi a más gente que CCOO y UGT en su última manifestación. El marketing de los músicos es mucho mejor, están más cerca de la gente y siempre juegan a ganar cantando contra algo o contra todo. Eso, con gracia y con actitud, es mucho más agradable que mensajes vacíos en una carrera por el poder. Canallas, Ska-P y Boikot tuvieron el poder una noche y lo aprovecharon. Todos nos divertimos con ello. E.P.
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