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Roy Haynes, Danilo Pérez & John Patitucci

San Juan Evangelista. 8 de mayo de 1999

Es obvio que, cuando hay carteles interesantes, el aficionado a la música no hace ningún distingo entre jazz, pop, blues o lo que sea. El concierto de Roy Haynes en trío llenó las instalaciones del emblemático Johnny hasta los topes, pero podía haberse celebrado, sin duda alguna, en un recinto como La Riviera si la promoción previa se lo hubiera propuesto. Ocupadas todas las butacas, el recinto tuvo que acoger al público en las escaleras, pasillos o allá donde pudiera colocarse si su falta de previsión les hizo llegar con la hora justa.

Y es que el espectáculo lo valía. Valía el precio de la entrada y la incomodidad de la situación. Pocas veces habrá podido verse tal derroche de estilo y de nivel en uno de nuestros escenarios en lo que va de año. Haynes ofreció una lección de lo que es un batería, esto es: un músico que puede crear, dirigir y entretener sin necesidad de acumular a su alrededor un set mastodóntico ni de hacer un derroche físico más propio de un maratoniano que de un artista. Venían continuamente a mi mente todas estas "estrellas" rockeras que, cargadas de parafernalia, no necesitan más que tambores y platos para hacer la mitad de música y terminar sin camiseta envueltos en sudor. Haynes, además, no tuvo reparo en abandonar su instrumento cuando lo consideró conveniente, para dejar espacio sonoro a Pérez o Patitucci, e incorporarse al trío cuando su estética lo hacía conveniente. En ese caso, no dudaba en utilizar sus baquetas sobre cualquier cosa: su sillín, el piano de Danilo o su misma pierna si llegaba el caso. En un momento dado del show agarró el chaston y lo colocó en medio del escenario para prescindir del resto de su equipo. El consideró que no era necesario y nadie del público lo echó en falta. Golpeó cuando fue necesario, pisó cuando creía conveniente y no hacía nada cuando su oído se lo aconsejaba. Haynes se mostró como un showman completo aun cuando evidenció sus setenta y siete años: paseó entre el público haciendo que todo el mundo acompañara con palmas, bromeó con la gente introduciéndola en el show y se mostró como el primer admirador de sus músicos marcándose pasos de baile y zapateados cuando la música le arrastraba. Fundamental para un músico como Haynes es acompañarse de músicos solventes, artistas que llenen el espacio y que, por sí solos, sepan atraer la atención del público gracias a sus solos. En esta ocasión no pudo acertar más sólidamente. Patitucci estuvo brillante en todo lo que hizo, demostró ser mucho más bueno todavía de lo que su currículum y sus discos atestiguan y se involucró en la música de Haynes enriqueciéndola y acompañándola como muy pocos músicos pueden hacerlo. Sus solos fueron sencillamente fantásticos, extraordinarios y no hay ninguna duda de que él solo habría sido capaz de liderar cualquier otra formación. Lo de Danilo Pérez no es para menos. Su piano planeó con elegancia, con un estilazo impresionante y con una exhibiciones de virtuosismo propias de un maestro. Fue de un estilo a otro con una naturalidad asombrosa, perfectamente encajado con Patitucci y con una aportación latina que agradeció el público y sacó la esencia de Haynes. En resumen, el concierto fue una verdadera maravilla, uno de ésos que demuestran que el jazz no tiene por qué encuadrarse en la música moña que tiene que escucharse con actitud de música clásica. Este género está convirtiéndose, gracias al pijismo de cierto público y al elitismo de algunos medios, en un estilo de lucirse y en un símbolo de caché social. Afortunadamente, artistas como Haynes y recintos como el Johnny mantienen otra idea: el jazz es una música tan popular y asequible como cualquier otra y no hay por qué mostrarla con parafernalia de clase social. Así, los conciertos son divertidos sin rebajar el nivel musical y el público disfruta y tiende a repetir. Lo de este trío fue toda una lección para los pedantes y un verdadero festival para la gente. Poco faltó para que mi chica y yo nos pusiéramos a bailar… y no fuimos los únicos. Sólo la enorme aglomeración de público pudo evitarlo.

E.P.

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