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Rolling Stones

Santiago de Compostela. 15 de junio de 1999

El comentario estaba en boca de todos: Santiago ha dispuesto de una actuación de los Stones gracias al Xacobeo de Fraga y a un precio de taquilla de 3.500 pesetas la entrada. El comentario se convertía en hiriente si comparamos el hecho con la situación madrileña ¿Es que será necesario que aquí gobierne otro Fraga para poder ver a los británicos? El hecho de que en las tres últimas visitas a España los Stones no hayan pasado por Madrid debido a la falta de recintos indica bien a las claras cómo está el panorama en esta ciudad. En la capital gallega, sin embargo, un enorme auditorio colocado a las afueras de la ciudad y con capacidad para treinta y cinco mil personas está disponible todo el año para actividades al aire libre, da lo mismo que se trate de la misa del Papa que de la actuación de las "satánicas majestades".

El caso es que Jagger y los suyos tocaron el pasado día quince en la única actuación española que realizaron con su actual show. Si bien el grupo pasó por España el año pasado con unas cuantas actuaciones, en aquella ocasión se trataba de promocionar el Bridges to Babylon, por lo que la mayoría del material ofrecido correspondía a aquel álbum, el último de los Stones en estudio. Tras la aparición de No security, el documento grabado en directo sobre aquella gira, el cuarteto británico cambió radicalmente su set y su repertorio, aunque manteniendo vigente el fabuloso escenario que ya utilizara en el Bridges to Babylon tour. El asunto se llama ahora No security tour y ofrece un abanico mucho más amplio a nivel de canciones, aunque el tiempo que los Stones se tiran tocando es, más o menos, de dos horas o, lo que es lo mismo, treinta minutos menos de lo que tocaban el año pasado. El asunto tampoco es demasiado importante, ya que, a diferencia del show que se pudo ver en el 98, en Santiago la banda pareció mucho más animada e ilusionada, algo que contrasta cuando hablamos de un grupo que llegó a esta ciudad dos horas antes de tocar y se largó del recinto cuando aún estaban estallando los fuegos artificiales que despedían el espectáculo. Unicamente Jagger, que llegó el día anterior a la capital compostelana, se dedicó a hacer un mínimo de turismo sufriendo el acoso habitual. En el Monte do Gozo (ése es el nombre del macrorrecinto en el que se celebró el concierto) abrieron Los Suaves, banda que tocó cuarenta minutos y que se dedicó a alegrar el ambiente tirando de sus éxitos y conectando enseguida con el público gallego. Con todo,, no se puede negar que la mayoría de la gente no estaba allí por Yosi y los suyos y el recinto les quedó bastante grande aun cuando cumplieron con creces. A las 22:33, y tras la proyección de un vídeo en el que se veía a los cuatro Stones salir de su camerino y dirigirse al escenario, aparecieron sobre las tablas los cuatro personajes más famosos de la historia del rock. Y no lo hicieron de cualquier manera, sino con un respaldo como el que puede suponer un Jumpin' Jack flash que hizo que el público se rindiera al grupo desde los primeros compases del show. Después de un cariñoso "Boas noites Galicia" la banda siguió mostrando en qué maravilloso momento se encuentra con un You got me rocking fabuloso y con un Bitch que mantuvo el nivel. En Respectable, momento en el que Jagger agarró una guitarra, se pudo comprobar que el abuelo está como un perfecto chaval y que, en esta ocasión, Ronnie salió al escenario mucho más motivado que en sus anteriores bolos españoles. La imagen del grupo es verdaderamente imponente, con detalles como los colgadores de las guitarras (el de Mick aderezado con lenguas stonianas y el de Ronnie con los leones de la portada del Bridge to Babylon) o la enorme colección de instrumentos que utilizó Keith, quien parece tener a su disposición todo el catálogo de una tienda para elegir la guitarra más adecuada en el momento más adecuado. La vocalista Liza Fisher dejó claro en Gimmie Shelter que, a estas alturas, y después de un montón de actuaciones de esta gira, se siente como pez en el agua cantando con los Stones. Luego llegó Honky tonk woman, momento elegido para descubrir el escenario por completo y dejar ver una preciosa escenografía donde destacan una odalisca hinchable y un par de columnas estilo sumerio colocadas a un lado de la pantalla de vídeo con un tinte dorado que las hace brillar con cualquier iluminación. Mientras cantaba el famoso estribillo "honky tonk blues", Jagger bajó a la plataforma inferior del escenario y se acercó al público haciendo chocar algunas manos de gente que, probablemente, ya no se lavará en lo que le quede de vida. Después de una ovación de bandera, el vocalista stoniano se enfundó en una casaca blanca y comenzó a interpretar Ruby tuesday mientras las luces se teñían de azul y rosa en un precioso cuadro. La banda, que en su repertorio alterna este tema con Angie, prefirió dejar esta pieza apartada para desolación de quienes opinan que el repertorio que los Stones podrían tocar en directo ocuparía, probablemente, un día entero si se centrara solamente en sus grandes éxitos. Tras ella se marcaron Saint of me ("¿Queréis cantar conmigo?", preguntó Jagger) y Out of control, los dos únicos temas de Bridges to Babylon que incorporaron al show. Durante el Saint of me la banda paró en seco y dejó que treinta y cinco mil gargantas corearan un "yeah, yeah" que convertía el espectáculo en una fiesta de proporciones gigantescas y, a los compases de Out of control, el montaje de vídeo y luces se mostró realmente espectacular, con un ritmo endemoniado que podía contagiar al público desde la primera hasta la ultimísima fila del recinto. Mick, con su armónica, alcanzó uno de los mejores momentos de la noche, algo que se vio agrandado en cuanto Keith hizo los primeros compases de Paint it black al tiempo que las imágenes de vídeo se teñían de blanco y negro. Aquello era ya un escándalo de unas proporciones sobrelimitadas, así que resultaba bueno parar un poco el ritmo, presentar al grupo y dejar que Keith hiciera su parte vocal. En esta ocasión se marcó un You got the silver que le quedó realmente bonito. Lo interpretó con guitarra acústica y cuerdas de tripa utilizando el slide y consiguió mostrar, mucho más que otras veces, su esencia bluesy con un nivel excelente. Keith también cantó en Before they make me run, pieza tras la cual el grupo cruzó por entre el público para hacerse tres temitas en el escenario pequeño colocado en medio del recinto. En esta ocasión no utilizaron el puente que llevaban en la gira de Bridges, pero eso les permitió estar más cerca de la gente para satisfacción de muchos que pudieron estrechar las manos de los Stones mientras éstos hacían el camino. En el miniescenario tocaron un rítmico Route 66, el inevitable Like a rolling stone dylaniano, en el que Mick volvió a coger la armónica, y un Midnight rambler que volvió a poner el toque de blues en el concierto. Hasta entonces uno podía pensar que el blues es una música íntima, plena de feeling que se disfruta mejor en salita pequeña con buen sonido. Sin embargo, esta gente tiene tablas para presentar el blues (o lo que sea) con un montaje mastodóntico trasladando la misma sensación a treinta y cinco mil personas. Fue otro de los momentos álgidos en que la banda sigue demostrando que, con todos los años que tengan encima, hay que comer mucho para parecerse en algo a ellos. Mientras comenzaba a sonar Symphaty for the devil, el grupo volvía a cruzar la pasarela para instalarse de nuevo en el escenario grande. A partir de aquí el concierto se convirtió en una apoteosis que se cubrió con Tumblin' dice, It's only rock'n'roll, Start me up y Brown sugar. Durante la interpretación de estos temas aparecieron esos gags que diferencian esta gira de cualquier otra: la cámara de vídeo colocada en el mástil de la guitarra de Ronnie que permitía ver sus uñas azules, el público coreando un "but I like it" generalizado, las explosiones luminotécnicas y de fuegos artificiales o el confeti que cubrió todo el recinto mientras la banda daba los últimos compases a Brown sugar. Todo había sido excelente, con un sonido fantástico y con los dos guitarristas en mucha mejor forma que lo exhibido el año pasado. El bis de Satisfaction se vio acompañado de nuevos fuegos artificiales y de dos explosiones en lo alto del escenario que pusieron la guinda a un show espectacular que, no por verlo repetido, dejaría de gustar a nadie. Mick volvió a demostrar, por si hiciera falta, que sigue siendo "la" estrella del panorama musical actual y que cualquier frontman que se ponga delante de un público tan numeroso no le llega ni a la suela de los zapatos. Después de dos horas a pleno rendimiento, él seguía recorriéndose las enormes pasarelas del escenario sin parar de bailar e incitando a la gente a pasárselo de miedo. Lo volvieron a hacer, con la misma facilidad con la que el artesano hace botijos o con la misma con que Picasso pintaba sus cuadros. Lo que para otros es casi imposible para los Stones es tan normal como la vida misma. Música, espectáculo, circo… todo ello en un paquete envuelto en celofán que aumenta la ilusión de quien lo recibe. Son únicos y, después de lo visto en los noventa, lo serán mientras ellos quieran, ya que, por muy ancianos que estén o por muy pasados que se muestren, entre un concierto de los Stones y uno de cualquier otra banda que esté en activo hay un mundo de proporciones considerables. Ello puede deberse a que no han salido bandas de este calibre en los últimos años o que, simplemente, ellos están muy por encima de la media. Sea como sea, ellos mismos, sus músicos de acompañamiento, sus ingenieros de vídeo, sonido y luces, y todos quienes ponen un tinglado como éste en funcionamiento demuestran una profesionalidad que hace rentable siempre el dinero que cueste la entrada. Verlos de nuevo hace pensar que, en el 2002 o el 2003, les volveremos a tener y que, probablemente, todavía serán algo digno de verse. Al tiempo.

E.P.

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