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Reef

Caracol. 27 de mayo de 1999

Parece que, en el caso de Reef, alguien se está equivocando. Su compañía discográfica se ha empeñado en venderlo como un grupo de fans, con todos los recursos típicos del manejo del público infantil y con acciones que, a todas luces, hacen inviable el despegue de la banda entre su afición natural. Lo sepan o no sus responsables, aquí Reef es una banda de rock y, a fuer de hacerla parecer como una más de las entelequias temporales propias de radiofórmulas y revistas masivas, están terminando por conseguir lo que se pudo apreciar en su último paso por España: mientras que su tercer álbum habla a las claras de una consolidación trabajada y de una mejora evidente, el público se mostró remiso y se presentó en Caracol en mucho menor número del que Reef congregó en su anterior visita hace un par de años. ¿El motivo? Reef se vendió a las niñas con picores y, dos años después, esas niñas han encontrado a tipos más guapos. La promoción de la banda no se realizó entre el público rockero y éste, ahora, demuestra demasiado escepticismo a quien proviene, a sus ojos, de una radiofórmula que se caracteriza por un evidente desprecio al rock.

Y es una auténtica pena, de verdad. Los ingleses dejaron constancia de que son una de las pocas bandas en las islas que todavía tienen interés por el rock clásico de su tierra, esa evolución del r&b que está tan cerca del blues como del hard. Su propuesta es la mar de sólida y se va asentando en directo con naturalidad y alegría. Es, en todo caso, una proposición demasiado elaborada y rica para el público que solamente disfruta con estribillos y torsos desnudos. Reef tomó el escenario y fue de menos a más arrancando con dos de sus temas antiguos (Higher vibrations y Place your hands) para tomar contacto. Después centraron su concierto en el material de su reciente Rides, un disco que les muestra en un momento excelente y que se vio respondido por una actuación viva y constante, que mantuvo tensión y que fue cogiendo ritmo con cada uno de los temas. Junto a seis piezas nuevas, la banda seleccionó adecuadamente el material de sus dos discos anteriores: Come back brighter, Mellow, un excelente I would have left you o un Year old en el que Gary Stringer bajó del escenario para mezclarse con el público fueron algunos de los momentos más dulces del show. El público se entregó desde la primera pieza, pero, para desgracia de todos, apenas se consolidó en algo más de un centenar de personas. El resto del personal se dividía entre invitados, periodistas y gentes del sector que, en la mayoría de los casos, observaban sin mostrar ninguna emoción. Eso no pareció afectar demasiado al grupo, que se concentró en la gente más emotiva y a la que sirvió como buenos profesionales. Un nuevo paseo de Stringer para subirse a la barra del local y una buena ración de bises (Back in my place, Naked…) fueron dando retoques a un concierto que terminó con muy buena cara y que ofreció músicas de altos quilates. No sé si eso podrá ser entendido por la gente de su compañía española, pero parece absurdo pretender vender esta banda a quien no disfruta los conciertos sudando. Reef hacen rock, y no necesariamente éxitos de color rojo.

E.P.

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