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Pretenders + La Oreja de Van Gogh + Texas Palacio de los Deportes. 12 de noviembre de 1999 Si en el anterior Concierto Movistar se puso en el cartel a dos bandas noveles y prometedoras (Sunflowers y Los Cucas) este año Telefonica decidió sponsorizar un concierto en el que no hubiera ni el más mínimo riesgo. La cuestión de mecenazgo que se respiraba en su anterior edición desapareció aquí por completo llenando el cartel con las tres bandas de pop masivo que más ventas pueden tener ahora mismo. Parece que las stock options de las que han disfrutado los ejecutivos agresivos de la firma que perdió el acento dan suficiente no ya para pagar este cartel, sino para ponerse a regalar al público varitas fosforescentes y un CD ROM en el que puedes observar en tu ordenador todos los anuncios que Telefonica va a hacer estas Navidades. Por si esto fuera poco, el precio de la entrada (que en taquilla superaba las 4.000 pesetas) hacía preguntarse seriamente qué es lo que ponía la empresa de Villalonga al margen de la multitud de pancartas publicitarias que llenaban el Palacio y una ristra de anuncios repetidos hasta la saciedad expuestos en las dos pantallas de vídeo que flanqueaban en el escenario. No. No se puede decir que éste fuera un buen cartel para cerrar la temporada, pero al menos tuvo la delicadeza de volver a presentar a Pretenders ante el público madrileño, el cual parece tenerse que acostumbrar a ver al grupo de Chrissy Hynde siempre en conciertos en los que pega bien poco. En esta ocasión, y para fastidiar un poco más la espera, los "telefonicos" se sacaron de la chistera lo que para ellos era una "sorpresa": la actuación no programada de Mikel Erentxun. Si bien la gente, que llenaba el recinto con una entrada más que respetable, ya había silbado el vídeo de Melon Diesel dada la larga espera que había que soportar para ver a Pretenders, fue un poco más tolerante con Mikel gracias a que éste resolvió la papeleta acordándose de uno de los primeros éxitos de Duncan Dhu. Con sus cuatro primeras canciones se notó al público muy frío y sin demasiadas ganas de hacerle caso. No fue ésa la única intromisión que tuvo la espera. También sin venir a cuento empezaron a bajar el techo unos globos enormes que (ideas de bombero telefonico) caían casi directamente sobre la mesa de sonido, lo que provocó que los técnicos tuvieran que estarse peleando con los mastodónticos globitos tratando de evitar que cayeran sobre las teclas de las mesas y movieran lo que no se debía mover. No lo consiguieron del todo porque cuando, por fin, aparecieron Pretenders (después de la presentación por parte de un individuo que alargaba las cosas sin sentido ni criterio), sus dos primeros temas sonaron verdaderamente infernales. Eso cuando sonaron, ya que la presentación que Chrissy hizo de su banda hubo que seguirla por las pantallas de vídeo tratando de ser sordo para poder leerla los labios. Bueno. El caso es que, al fin y al cabo, volvían los Pretenders a Madrid para presentarse ante el público. Su último paso por aquí, para presentar Viva el amor, también tuvo un concierto (extraordinario), aunque, lamentablemente, sólo fue para prensa e invitados. No habría estado nada mal que Chrissy y su banda hubieran hecho el mismo show en el Palacio, pero en esta ocasión no había ni tiempo ni ganas (por lo que pareció) para atender a peticiones o para recordar todos los éxitos que la legendaria banda ha aportado en su larga trayectoria. Hubo mucho de Viva el amor, incluida la versión de Rabo de nube que Silvio Rodríguez escribió hace ya mucho tiempo y que Chrissy ha incluido en este álbum atreviéndose, además, a cantarla aunque nunca le salga bien y siempre se le olvide algo de la letra. Junto a ello hubo un mínimo repaso a algunos de sus éxitos más conocidos, pero siempre con un sonido que desdibujaba por completo la belleza de aquellas obras. Cuando sonaban las guitarras la voz de la frontwoman se iba de paseo y cuando ésta estaba presente parecía que tras de sí solamente tenía batería y bajo. Eso no desalentó a quienes querían disfrutar dichas canciones y habían esperado como agua de mayo la vuelta de la banda británica a los madriles. Tanto se enrollaron que el concierto les pareció corto y pidieron el preceptivo bis que el grupo concedió en forma de cuatro temas más. Tras ello, otra ristra de anuncios (siempre los mismos, como si la gente fuera tonta y tuviera que verlos mil veces para saber de qué se trata) y el mismo presentador diciendo algo sobre el sorteo de un recuerdo del concierto. En el CD que te daban a la entrada tenías un numerito que te daba derecho al premio si coincidía con no se qué. El caso es que, con tanta ceremonia, y dado que aún quedaba una banda por actuar, el concierto se prolongó mucho más allá de las doce de la noche, hora mágica que el Ayuntamiento madrileño suele elegir para que este tipo de eventos finalicen. En este caso daba exactamente lo mismo y la última banda salió al escenario al filo de la media noche esperando (supongo) que Telefonica pague la multa pertinente, una minucia en comparación con lo que ganan con su monopolio de llamadas urbanas. El concierto fue abierto por La Oreja de Van Gogh y cerrado por Texas. E.P.
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